sábado, 1 de enero de 2011

FELIZ 2011

Dejé el peluche que ella me regaló junto al árbol. Los foquitos hicieron lo suyo. No quedó nada del apartamento.
Me pegué malaria en un festejo ribereño donde prometían buenos tragos.

Ahora estoy con 40 grados de fiebre tumbado en una cama bajo una malla protectora y la enfermera, una rubia esbelta de unos 23 años, me dice alegremente al pasar pero con un tono que traslucía malevolencia:
¡¡¡FELIZ 2011!!!

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