01:40 de la mañana, 02 grados, 4 centígrados ...
alcohol de caña,
sumo de mandarina
y té de yerba mate...
A la diestra
de mi mecedora,
en este suelo
de mosaicos
reposa el vaso...
El invierno
aún no se rinde,
las madrugadas
siguen dando pelea...
Dos relojes
taladrando
a cada segundo...
¿Quién necesita
dos relojes?
Mi inestable
cerebro se expande...
¡Sí!... Estoy lejos
de todo... Es cierto.
Mi elástica vida
colisiona contra
las roídas paredes
de mi ser...
Una pizca
de adrenalina
propicia el retorno
del animal...
Su rostro sangra
por los poros.
El aliento agrio
y fétido corroe
el ambiente...
Me pongo en pie
y el mundo...
“EL MUNDO”...
¡Sí!... tú, él,
nosotros, vosotros...
Todos ustedes
no existen...
La intriga
se reduce a
una fruta deshidratada
oculta en el cajón
de un escritorio
de una casa alquilada...
¡¿Poético?!...
Sin cabeza
y miembros
el excluido
se retuerce...
El sueño rasga
Sus arterias
y se desangra
con el son del
tráfico de la
mañana...
MIL HORAS DE INSOMNIO EN LETRAS...
lunes, 13 de septiembre de 2010
AUTOENGAÑO.
Volví a repasar el plan por última vez y me pareció tenerlo todo a punto. Estaba listo para dar lo que consideraba uno de los más grandes golpes de la historia del engaño...
En realidad no estaba planeando nada, solo era otro delirio, producto de la revista de historietas que acababa de leer. Miré mi reloj, eran las 00:50. Observé a mi alrededor, intenté fijar la mente, pero no pude... Apagué el velador y me dormí.
Desperté a las 06:30, el perro estaba parado al lado de la cama, llevaba la lengua afuera y movía alegremente la cola... -Ok, amiguito... es hora del desayuno, ¿no?
Me sentía bien... A tal punto que estuve a poco de sonreír a las paredes...
Alimenté al perro, luego me di una buena ducha, desayuné y salí a la calle. Era un trayecto de ocho cuadras hasta la parada del autobús... Llegué y vi a un niño como de unos ocho años, con el uniforme de colegial y el cuello de la camisa doblado para dentro, también se encontraba una mujer de unos cuarenta años, obesa y con cara de haber parido al mundo... –Ha!, gente horrible –susurré... Llegó el camión, lleno a tope como a diario... –¡A ver, hagan espacio ahí en el medio! –gritó el conductor... Ha!, gente más horrible aun –volví a susurrar y creo que un hombre alcanzó a oírme, tenía la cara deforme como si se la hubieran rajado con un ladrillo.
El viaje en autobús se hace interminable y es ahí cuando comienzan los pequeños juegos de distracción... Ya que vas parado y rodeado de extraños te pones a hurgar entre atuendos, peinados, aromas, muecas; aires de grandeza, de frustración, indiferencia e incluso rostros de indescriptible dolor... Gente que se odia a sí misma y a los que la rodean... Que buscan meter el codo con cada movimiento brusco, con el solo ánimo de estorbar... Y abren las ventanillas cuando está lloviendo o la cierran cuando el calor es insoportable. Y se sientan y abren las piernas como en posición de parto, simplemente para incomodar al de al lado.
Y tú, claro, actor del monótono cortometraje de cada día titulado: “Uno más del montón”... ¡Pero no! Eres protagonista, tienes la exclusiva. El poder de manipular la realidad... De reír de los demás, sin olvidar que alguien puede estar haciéndolo de ti... Podrás introducir episodios de la vida de cada individuo con tan solo mirarlo a la cara... ¡Mira a ese hombre!... De unos cuarenta años, maduro, con tres hijos y una esposa que ha engordado más de lo que él se imaginaba... Hoy se levantó maldiciendo todo y pensando en una nueva excusa para encontrarse con su bella amante... ¡Mira a esa joven, muy linda por cierto!... Tendrá veinte años. Lleva un guardapolvo blanco... Claro, estudia medicina. Pero en realidad es asistente de una cosmetóloga y sólo se dedica a limar uñas y a secar cabellos... ¡Y aquel gordo de bigotes y traje!... Un gerente con el auto descompuesto o un simple segundón de oficina... ¡Y la mujer de bebé en brazos!... Consiguió asiento gracias a las dulces palabras de una anciana... –¡Ya no hay caballeros en estos días, no les da vergüenza, se hacen los desentendidos, de los dormidos con tal de permanecer sentadotes ahí!.
Y bien, absurdo, hasta infantil si lo quieren, pero que mejor manera de olvidarse de ser uno de los usuarios más del deforme, deficiente y enfermizo servicio de transporte público... Usuarios de la vida, quizás.
En realidad no estaba planeando nada, solo era otro delirio, producto de la revista de historietas que acababa de leer. Miré mi reloj, eran las 00:50. Observé a mi alrededor, intenté fijar la mente, pero no pude... Apagué el velador y me dormí.
Desperté a las 06:30, el perro estaba parado al lado de la cama, llevaba la lengua afuera y movía alegremente la cola... -Ok, amiguito... es hora del desayuno, ¿no?
Me sentía bien... A tal punto que estuve a poco de sonreír a las paredes...
Alimenté al perro, luego me di una buena ducha, desayuné y salí a la calle. Era un trayecto de ocho cuadras hasta la parada del autobús... Llegué y vi a un niño como de unos ocho años, con el uniforme de colegial y el cuello de la camisa doblado para dentro, también se encontraba una mujer de unos cuarenta años, obesa y con cara de haber parido al mundo... –Ha!, gente horrible –susurré... Llegó el camión, lleno a tope como a diario... –¡A ver, hagan espacio ahí en el medio! –gritó el conductor... Ha!, gente más horrible aun –volví a susurrar y creo que un hombre alcanzó a oírme, tenía la cara deforme como si se la hubieran rajado con un ladrillo.
El viaje en autobús se hace interminable y es ahí cuando comienzan los pequeños juegos de distracción... Ya que vas parado y rodeado de extraños te pones a hurgar entre atuendos, peinados, aromas, muecas; aires de grandeza, de frustración, indiferencia e incluso rostros de indescriptible dolor... Gente que se odia a sí misma y a los que la rodean... Que buscan meter el codo con cada movimiento brusco, con el solo ánimo de estorbar... Y abren las ventanillas cuando está lloviendo o la cierran cuando el calor es insoportable. Y se sientan y abren las piernas como en posición de parto, simplemente para incomodar al de al lado.
Y tú, claro, actor del monótono cortometraje de cada día titulado: “Uno más del montón”... ¡Pero no! Eres protagonista, tienes la exclusiva. El poder de manipular la realidad... De reír de los demás, sin olvidar que alguien puede estar haciéndolo de ti... Podrás introducir episodios de la vida de cada individuo con tan solo mirarlo a la cara... ¡Mira a ese hombre!... De unos cuarenta años, maduro, con tres hijos y una esposa que ha engordado más de lo que él se imaginaba... Hoy se levantó maldiciendo todo y pensando en una nueva excusa para encontrarse con su bella amante... ¡Mira a esa joven, muy linda por cierto!... Tendrá veinte años. Lleva un guardapolvo blanco... Claro, estudia medicina. Pero en realidad es asistente de una cosmetóloga y sólo se dedica a limar uñas y a secar cabellos... ¡Y aquel gordo de bigotes y traje!... Un gerente con el auto descompuesto o un simple segundón de oficina... ¡Y la mujer de bebé en brazos!... Consiguió asiento gracias a las dulces palabras de una anciana... –¡Ya no hay caballeros en estos días, no les da vergüenza, se hacen los desentendidos, de los dormidos con tal de permanecer sentadotes ahí!.
Y bien, absurdo, hasta infantil si lo quieren, pero que mejor manera de olvidarse de ser uno de los usuarios más del deforme, deficiente y enfermizo servicio de transporte público... Usuarios de la vida, quizás.
DISLOQUE.
-Oye... ¿Qué hora tienes?
-No sé, pero si bebo un trago más terminaré hablando de Lucifer o de la madre Teresa, o tal vez me largue a llorar.
-¡Deja esa maldita mierda para un psiquiatra!
-¡Jamás!... Prefiero convertirme en un marsupial antes que reprimir mis ideas.
-Y vamos con lo mismo.
-¿No te has dado cuenta de que la vida es una maldita reacción en cadena.
-Como sea, amigo... ¿Cómo es eso de que intentaste rasurarte las muñecas?
-¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja!... ¿Quién fue el del chisme?
-Hablo en serio, creo que necesitas ayuda profesional.
-¿Quién está capacitado para esto?... Lo siento, tienes razón... Es que si no bebo me parezco a la gelatina de piña... Me pongo amarillo y comienzo a temblar.
-Bien, amigo... Por hoy fue suficiente.
-Sabes una cosa... Si estoy furioso me trago el rencor y dejo que los jugos gástricos hagan el resto.
-¡¿Qué?!
-Nada... Jamás lo entenderías.
-No sé, pero si bebo un trago más terminaré hablando de Lucifer o de la madre Teresa, o tal vez me largue a llorar.
-¡Deja esa maldita mierda para un psiquiatra!
-¡Jamás!... Prefiero convertirme en un marsupial antes que reprimir mis ideas.
-Y vamos con lo mismo.
-¿No te has dado cuenta de que la vida es una maldita reacción en cadena.
-Como sea, amigo... ¿Cómo es eso de que intentaste rasurarte las muñecas?
-¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja!... ¿Quién fue el del chisme?
-Hablo en serio, creo que necesitas ayuda profesional.
-¿Quién está capacitado para esto?... Lo siento, tienes razón... Es que si no bebo me parezco a la gelatina de piña... Me pongo amarillo y comienzo a temblar.
-Bien, amigo... Por hoy fue suficiente.
-Sabes una cosa... Si estoy furioso me trago el rencor y dejo que los jugos gástricos hagan el resto.
-¡¿Qué?!
-Nada... Jamás lo entenderías.
POLICÍA.
No estoy para juegos. Dame el arma y la placa. Conoces el procedimiento mejor que nadie. ¿Tú crees que esta situación no ha logrado incomodarme? Aún no puedo entender que te ha llevado a cometer esta locura.
¿No has pensado en tu familia? ¿En los años de servicio?... ¡Tu carrera fue a parar al tacho!
No me cabe que un oficial ejemplar como tú haya optado por manchar el uniforme... ¿Qué será de tu vida, amigo? ¿Te detuviste a pensar?... Son quince años de perfeccionamiento los que dejas atrás.
Pero, eres mi mejor amigo. Si te parece que esto es lo tuyo te apoyaré. Sólo te pido un favor. No regreses por aquí con ese maquillaje, con las lentejuelas y los tacones puestos.
Ya sabes, a los demás policías les inquieta ver tan insinuante a su comisario.
¿No has pensado en tu familia? ¿En los años de servicio?... ¡Tu carrera fue a parar al tacho!
No me cabe que un oficial ejemplar como tú haya optado por manchar el uniforme... ¿Qué será de tu vida, amigo? ¿Te detuviste a pensar?... Son quince años de perfeccionamiento los que dejas atrás.
Pero, eres mi mejor amigo. Si te parece que esto es lo tuyo te apoyaré. Sólo te pido un favor. No regreses por aquí con ese maquillaje, con las lentejuelas y los tacones puestos.
Ya sabes, a los demás policías les inquieta ver tan insinuante a su comisario.
ETERNO
El alma huye,
se sumerge
en las tinieblas de las 03:00
El poeta construye
y destruye mundos,
el obrero ronca boquiabierto,
lo ignora todo.
Las enamoradas disfrutan
el eterno sueño,
oprimen pañuelos.
Un gato de ojos encendidos
estira el pescuezo, bosteza y
maquina su gran engaño.
El bohemio esta listo,
dará su gran salto.
El descenso presuroso
de un inquilino
quebranta las escaleras,
rompe las 06:00,
entierra puñales en el pecho.
Un grito áspero
anuncia que las tropas
están prestas,
decididas a continuar.
se sumerge
en las tinieblas de las 03:00
El poeta construye
y destruye mundos,
el obrero ronca boquiabierto,
lo ignora todo.
Las enamoradas disfrutan
el eterno sueño,
oprimen pañuelos.
Un gato de ojos encendidos
estira el pescuezo, bosteza y
maquina su gran engaño.
El bohemio esta listo,
dará su gran salto.
El descenso presuroso
de un inquilino
quebranta las escaleras,
rompe las 06:00,
entierra puñales en el pecho.
Un grito áspero
anuncia que las tropas
están prestas,
decididas a continuar.
COMPAÑÍA DE CUENTOS.
Este breve texto bastará para dar a conocer al lector como se elaboran los cuentos absurdos.
Lista de materiales a utilizar:
Un autor: ese soy yo.
Un narrador: algún personaje o el propio autor.
Un tiempo y espacio: el que se nos antoje.
Personajes: personas o animales fáciles de manipular. Si son ingenuos mejor.
Un lector: Tú... No pongas cara de intelectual, sólo es un cuento absurdo.
Ejemplo:
Llamaremos a nuestro personaje maleable: “X”. Seguidamente procederemos a situarlo en una parada de autobús.
X, yo te ordeno que hagas un cumplido a esa señora que se encuentra a tu lado.
-Buenas tardes, señora. Que linda niña trae usted en brazos. Se parece a la madre –así habla nuestro personaje. Se diferencia del narrador por el tipo de letra que utilizamos.
-¡Se cree muy simpático! Yo soy el padre, y es un niño, no una niña –Epa, el otro personaje, que es secundario, se enojó mucho. Pero no importa, quizá no vuelva a aparecer en el relato.
X se ruborizó y se alejó de ese hombre. El ignora por qué actuó de esa manera ante el extraño... Es que no sabe que lo estamos manipulando... Aquí les va un secreto: lo podemos utilizar como a una marioneta... Sólo observen.
Ese hombre (el personaje secundario) se ofuscó de verdad por lo que dijo nuestro protagonista, sacó un revólver y lo asesinó en la vía pública.
-Alto, si quieres utilizarme para hacer ridiculeces lo acepto. Pero no me puedes matar apenas comenzada la obra. Voy a elevar mi queja al S.P.C. (Sindicato de Personajes de Cuentos) –Ay sí, como no. Nuestro personaje cobró vida.
Yo soy el autor y te puedo matar cuantas veces se me antoje. Es más, te ordeno que te pintes como un payaso y te subas a un autobús.
-Hola niños, yo soy el payaso X... Los deleitaré con algunos trucos de magia... ¿Qué hago ahora, autor de cuarta? –nada de ironías conmigo.
Nuestro simpático payaso sacó un sapo de la galera.
-¡Un sapo! Exijo un conejo blanco –sapo dije, tendrás un sapo en la mano. Esto me pasa por trabajar con personajes sin experiencia... ¡X!, ¿Me dejas continuar con el relato? No seas maleducado frente al lector.
-A ver. ¿Cómo sigue?
Como les decía, el payaso sostenía un sapo en la mano, le miró a los ojos y le dijo lo siguiente:
-Que este beso sirva para romper el hechizo... Un momento, no lo pienso besar –será posible. Déjame continuar o me busco otro personaje.
-Está bien, lo que tu digas. –así me gusta. Vas mejorando.
El payaso X besó al sapo frente a todos los niños. ¡Guácala! –gritaron al unísono los pequeños. –Esto es asqueroso, yo no quiero continuar –espérate hombre, observa lo que pasa.
Se escuchó un estruendo en el colectivo. El sapo, que en realidad era una rana, se convirtió en princesa. –Oye, eso sí me gusta –baboso, ya verás.
La princesa tenía unas trenzas muy largas que le salían de las axilas, era muy fea y olía a establo. -¿Y eso? – no sé, para que no te hagas muchas ilusiones.
-Por favor, regálame un final feliz. Ya casi nadie utiliza los finales felices –quieres un final feliz. Te lo voy a dar.
El chofer detuvo la marcha del autobús.
-Oigan, además de chofer soy sacerdote... Si quieren los caso –dijo el conductor.
-¿Nos haría ese favor, padre? –que ingenuo eres. –Ahora cállate tú, no te hagas el insensible.
-Claro que sí, hijo mío. Pero primero debo confesar a la novia –creo que es una trampa.
-La dejo en sus manos, padre. Cuídemela, no deje que se esconda en algún charco.
El padre y la novia descendieron del vehículo para la respectiva confesión.
Y al rato.
X, mira tu reloj, han pasado dos horas. Ella no va a volver. Yo te lo advertí, pero no me quisiste escuchar.
–Y ahora, ¿Qué voy a hacer? –observa a esos niños. Puedes secuestrarlos junto con el colectivo. Eliges el puente más alto y te lanzas con ellos al precipicio. Te aseguro que saldrás en las noticias.
–Tampoco pretendo llegar a los extremos. No puedes pensar en algo más original -¿Estás dudando de mi creatividad?... Que te creas inteligente, puede ser, pero que dudes de mi capacidad no lo voy a tolerar... Matar niños es lo que más se está utilizando en esta temporada, yo leo las revistas de actualidad.
Me cansé. Doy por terminado este cuento. Que el lector saque sus propias conclusiones.
–No me puedes dejar así. ¿Qué va a ser de mí? ¡Que alguien me ayude! ¡Auxilio! –cállate cobarde. Por qué no trabajas para cuentos del ratón multinacional. –¡No me dejes!... ¡Se acabó! –Pero...
¡Fin, he dicho!
Lista de materiales a utilizar:
Un autor: ese soy yo.
Un narrador: algún personaje o el propio autor.
Un tiempo y espacio: el que se nos antoje.
Personajes: personas o animales fáciles de manipular. Si son ingenuos mejor.
Un lector: Tú... No pongas cara de intelectual, sólo es un cuento absurdo.
Ejemplo:
Llamaremos a nuestro personaje maleable: “X”. Seguidamente procederemos a situarlo en una parada de autobús.
X, yo te ordeno que hagas un cumplido a esa señora que se encuentra a tu lado.
-Buenas tardes, señora. Que linda niña trae usted en brazos. Se parece a la madre –así habla nuestro personaje. Se diferencia del narrador por el tipo de letra que utilizamos.
-¡Se cree muy simpático! Yo soy el padre, y es un niño, no una niña –Epa, el otro personaje, que es secundario, se enojó mucho. Pero no importa, quizá no vuelva a aparecer en el relato.
X se ruborizó y se alejó de ese hombre. El ignora por qué actuó de esa manera ante el extraño... Es que no sabe que lo estamos manipulando... Aquí les va un secreto: lo podemos utilizar como a una marioneta... Sólo observen.
Ese hombre (el personaje secundario) se ofuscó de verdad por lo que dijo nuestro protagonista, sacó un revólver y lo asesinó en la vía pública.
-Alto, si quieres utilizarme para hacer ridiculeces lo acepto. Pero no me puedes matar apenas comenzada la obra. Voy a elevar mi queja al S.P.C. (Sindicato de Personajes de Cuentos) –Ay sí, como no. Nuestro personaje cobró vida.
Yo soy el autor y te puedo matar cuantas veces se me antoje. Es más, te ordeno que te pintes como un payaso y te subas a un autobús.
-Hola niños, yo soy el payaso X... Los deleitaré con algunos trucos de magia... ¿Qué hago ahora, autor de cuarta? –nada de ironías conmigo.
Nuestro simpático payaso sacó un sapo de la galera.
-¡Un sapo! Exijo un conejo blanco –sapo dije, tendrás un sapo en la mano. Esto me pasa por trabajar con personajes sin experiencia... ¡X!, ¿Me dejas continuar con el relato? No seas maleducado frente al lector.
-A ver. ¿Cómo sigue?
Como les decía, el payaso sostenía un sapo en la mano, le miró a los ojos y le dijo lo siguiente:
-Que este beso sirva para romper el hechizo... Un momento, no lo pienso besar –será posible. Déjame continuar o me busco otro personaje.
-Está bien, lo que tu digas. –así me gusta. Vas mejorando.
El payaso X besó al sapo frente a todos los niños. ¡Guácala! –gritaron al unísono los pequeños. –Esto es asqueroso, yo no quiero continuar –espérate hombre, observa lo que pasa.
Se escuchó un estruendo en el colectivo. El sapo, que en realidad era una rana, se convirtió en princesa. –Oye, eso sí me gusta –baboso, ya verás.
La princesa tenía unas trenzas muy largas que le salían de las axilas, era muy fea y olía a establo. -¿Y eso? – no sé, para que no te hagas muchas ilusiones.
-Por favor, regálame un final feliz. Ya casi nadie utiliza los finales felices –quieres un final feliz. Te lo voy a dar.
El chofer detuvo la marcha del autobús.
-Oigan, además de chofer soy sacerdote... Si quieren los caso –dijo el conductor.
-¿Nos haría ese favor, padre? –que ingenuo eres. –Ahora cállate tú, no te hagas el insensible.
-Claro que sí, hijo mío. Pero primero debo confesar a la novia –creo que es una trampa.
-La dejo en sus manos, padre. Cuídemela, no deje que se esconda en algún charco.
El padre y la novia descendieron del vehículo para la respectiva confesión.
Y al rato.
X, mira tu reloj, han pasado dos horas. Ella no va a volver. Yo te lo advertí, pero no me quisiste escuchar.
–Y ahora, ¿Qué voy a hacer? –observa a esos niños. Puedes secuestrarlos junto con el colectivo. Eliges el puente más alto y te lanzas con ellos al precipicio. Te aseguro que saldrás en las noticias.
–Tampoco pretendo llegar a los extremos. No puedes pensar en algo más original -¿Estás dudando de mi creatividad?... Que te creas inteligente, puede ser, pero que dudes de mi capacidad no lo voy a tolerar... Matar niños es lo que más se está utilizando en esta temporada, yo leo las revistas de actualidad.
Me cansé. Doy por terminado este cuento. Que el lector saque sus propias conclusiones.
–No me puedes dejar así. ¿Qué va a ser de mí? ¡Que alguien me ayude! ¡Auxilio! –cállate cobarde. Por qué no trabajas para cuentos del ratón multinacional. –¡No me dejes!... ¡Se acabó! –Pero...
¡Fin, he dicho!
FRÁGIL EQUILIBRIO.
“Si un cavernícola volviera del pasado creo que lo podría reparar, pero tú no, al contrario, te escudas frases como: ya no tiene solución, se echó a perder, o la famosa: si no fueras tan bruta aún estaría funcionando! ¿Por qué simplemente no dices algo como?: no podré componerlo o me tomaría más trabajo y dinero repararlo que comprar uno nuevo...
¡No haz bañado al perro, creo que no lo haces para darme un nuevo disgusto, el pobre está apestando!...
¡Los vecinos volverán a quejarse si no quitas la basura!...
¡El señor Martínez telefoneó esta mañana y tuve que volver a mentirle!
¡¿Por qué no te quitas esa barba?!
¡Volviste a olvidar nuestro aniversario!... ¡Agradezco a Dios que no nos haya dado hijos, ejemplo de padre tendrían a su lado!...
¡Mi madre dijo que volviste a colgarle el teléfono!...
¡Juan, si no piensas hacer nada en todo el día por qué mejor no sales de mi vista... ¡Eres un cobarde bueno para nada!”.
*****
Eran las 20:30 de un martes bastante pesado. El delincuente subió al colectivo, pagó su boleto y se sentó junto a mí.
El ratero de contextura mediana y vestía jeans negro, calzado deportivo blanco y camisa de lienzo del mismo color con los botones del pecho desabrochados. Un extraño amuleto de cristal Pendía de su cuello un extraño y en la muñeca izquierda relucía un rólex dorado.
Ambos sabíamos lo que iba a ocurrir. Yo, por los años que llevo en las calles, él, porque era su única manera de subsistir...
La prisión crea monstruos, la sociedad se encarga de negar las oportunidades de rehabilitación.
El ladrón extrajo un puñal de fabricación casera y me acorraló contra la ventanilla del autobús. El mal nacido comenzó a susurrar con un ronca voz, imitando a un asesino:
-No te muevas si quieres seguir con vida.
-Tranquilo, amigo... No cometas una locura –respondí sin alterarme.
-Nada de trucos, acabo de salir de prisión... Ya me llevé a seis al infierno... ¿No querrás ser el séptimo?
-Oye, no llevo mucho dinero –yo seguía estando tranquilo.
-¡Rápido: la billetera, el reloj y el morral!
-Toma –le entregué todas mis pertenencias, menos los documentos.
Los treinta pasajeros que llevaba el autobús ya se habían percatado del incidente, pero no podían hacer nada. Todos conocían el procedimiento: “Sin alborotos, sin heridos”...
Comprendía la obligada indiferencia de las personas ante tal hecho... Subimos a un autobús para ir al trabajo, para llegar a casa, al club, a una fiesta, para escapar; pero nunca lo hacemos para perder absurdamente la vida.
El asaltante ya tenía lo que quería, mi viejo morral y el reloj, obsequio de mi padre...
*****
-Pues mira, Marta, los cavernícolas no tocan a la puerta y dicen: “No se preocupe señora, yo repararé el escusado... Disculpe, ¿en dónde puedo dejar el mazo?... Verá usted que esto de ser cavernícola en el siglo XXI resulta un tanto complicado”, luego el bárbaro pega un grito, golpea su pecho con los puños cerrados y grita: “¡Guana, guga, buga, ya lo puede volver a utilizar!”...
-Pero no me afecta en lo absoluto... Ahora tengo la mente despejada... ¡Por qué no subes aquí, Martita! Verás que desde mi óptica todo puede llegar a ser más positivo –Juan tornó la vista hacia el precipicio y creyó ver a su mujer entre la multitud.
-¡No lo haga, Juan, su esposa ya está en camino! –el jefe de bomberos intentaba persuadirlo.
*****
-Sabes que puedo matarte –el nauseabundo aliento del criminal envolvía mi rostro -No pongas cara de héroe, conozco a los de tu clase...
¿Crees que puedes librarte de esta situación tan fácilmente?... Mejor te quedas con las ganas, chico –sus alucinaciones de ser superior colmaron mi paciencia.
La serena inmutabilidad se tornó en ira incontrolable. La sangre volvió a fluir, ahora estaba hirviendo. Los tendones de mi cuello se tensaron como cabos de acero. Sentí un intenso ardor en las piernas y brazos... Con un movimiento brusco lancé al delincuente al pasillo. Desenfundé mi revólver y le disparé a la altura del muslo izquierdo.
El maldito cayó al piso y comenzó a revolcarse como una rata envenenada.
-Por favor, no me mates... Lo siento, no me mates –el mal nacido comenzó a chillar... El papel de víctima le quedaba bastante grande, como cinco tallas.
Introduje el cañón en su boca y comencé a gritarle como un verdadero desquiciado:
-¡De todos los autobuses de esta ciudad, ¿tenías que subirte a este y para colmo sentarte a mi lado?! –el horror congeló los ojos del ratero... Ahora sí parecía una víctima, una fiera en el cepo.
Los pasajeros observaban atónitos mientras el vehículo proseguía su marcha.
-¡Sólo quería llegar a casa, darme un baño y dormir, pero no!... Tuviste que aparecer –algunos quejidos de la rata se amplificaron a través del cañón del arma... Yo seguía gritando.
-¿Cuántas personas ves a tu alrededor?... ¡¿He?!... ¡Pero no, tenías que molestarme a mí!... ¿No sabes que hay gente muy enferma en esta ciudad?...
Me incorporé y volví a escuchar su lamento de rata.
-No me mates, por favor... Yo no quería...
-¡Ya fue suficiente! –contesté.
Le di un puntapié en medio de la boca y una explosión de sangre y dientes apagó su patético lamento.
-Ahora lo pensarás dos veces... Será mejor que lo replantees todo.
Eché un vistazo a mí alrededor, los pasajeros volvieron a sus asientos... Guardé mi arma en el morral, solicité la parada y descendí... Una hermosa luna iluminaba la noche. Tuve que caminar siete cuadras para llegar a mi casa.
*****
Los espectadores parecían botones multicolores esparcidos en el pavimento. El infernal sonido de las sirenas llegaba por momentos hasta la sima del edificio.
Una suave brisa acariciaba el rostro de Juan... Su mente se revolcaba en el agrio fango de su atormentado pasado. Muerte, prisión, drogas, amigos muertos, corazones rotos. Espesas frases colmadas de desesperación, de impotencia, de los interminables sermones de Marta.
Pero él sintió un leve alivio.
-¡Por favor, Don Juan, no lo haga! ¿No le gustaría conversar?... Piense en sus seres queridos que lo estarán aguardando... Todos los problemas tienen solución –el bombero tenía bien memorizado el libreto, como si hubiera leído la última edición de “Alerta en la azotea: ¿Cómo apaciguar a un suicida?” o “Psicología del Rescate”.
*****
Heroico relato, ¿no les parece?... Una impecable versión elaborada por Juan, acerca de lo que le había ocurrido el mes pasado.
Lo cierto es que fue asaltado en un autobús y perdió algunas pertenencias de poco valor. Como también era cierto que fue sorprendido y superado ampliamente por el asaltante. Fue la primera vez que se había sentido vencido.
En tal episodio había experimentado un pavor indescriptible... Lo primero que se le cruzó por la mente f ue que podía perder la vida de una manera absurda.
Unas horas después del hecho había ideado la versión que le gustaría haber vivido. Repasó todo lo ocurrido y fue agregando detalles que lo dejarían bien ante todos.
Pero jamás relató el instante en que creyó sentir la estocada que lo llevaría al cementerio.
-Muerto, muerto, muerto, voy a morir, me van a matar en un autobús. Yo, el que me veía de anciano dando consejos... ¿Eso es todo, así nada más? –pensó en ese momento.
Los treinta segundos, tiempo que se demoró el bandido en perpetrar su atraco, fueron días, meses, años para Juan... ¿Cuántas cosas pueden ocurrir en treinta segundos? ¿Es el tiempo que se toma la muerte en llegar, o quizás menos, o más? ¿Cuántas ideas pesimistas caven en ese lapso de tiempo?
Juan se había convertido en un cobarde y lo sabía. Comenzó a sufrir de insomnio. Cuando conseguía pegar los ojos las pesadillas lo volvían a despertar. La rabia y la impotencia lo aprisionaban... Los ideales de justicia por mano propia, el deseo de portar un arma, miles de conjeturas que se alejaban cada vez más de la vida racional.
No volvería a ser el mismo. Su cobardía fue tornándose en paranoia. No podía permanecer cinco minutos en una parada. Todos eran sospechosos, los hombres que abordaban el autobús podrían ser criminales en potencia. Bastaba un detalle discordante, los movimientos, las miradas, el atuendo, la postura, incluso las muecas eran indicios suficientes para alertar a su enfermizo cerebro.
*****
Juan se sentía ahora envuelto en una paz celestial... La idea de descender como una pluma se hacía cada vez más latente.
Eran las 18:50, el sol desplegaba su esplendor rojizo en el horizonte y reflejaba cascadas de sangre en los ventanales de los rascacielos.
¡No haz bañado al perro, creo que no lo haces para darme un nuevo disgusto, el pobre está apestando!...
¡Los vecinos volverán a quejarse si no quitas la basura!...
¡El señor Martínez telefoneó esta mañana y tuve que volver a mentirle!
¡¿Por qué no te quitas esa barba?!
¡Volviste a olvidar nuestro aniversario!... ¡Agradezco a Dios que no nos haya dado hijos, ejemplo de padre tendrían a su lado!...
¡Mi madre dijo que volviste a colgarle el teléfono!...
¡Juan, si no piensas hacer nada en todo el día por qué mejor no sales de mi vista... ¡Eres un cobarde bueno para nada!”.
*****
Eran las 20:30 de un martes bastante pesado. El delincuente subió al colectivo, pagó su boleto y se sentó junto a mí.
El ratero de contextura mediana y vestía jeans negro, calzado deportivo blanco y camisa de lienzo del mismo color con los botones del pecho desabrochados. Un extraño amuleto de cristal Pendía de su cuello un extraño y en la muñeca izquierda relucía un rólex dorado.
Ambos sabíamos lo que iba a ocurrir. Yo, por los años que llevo en las calles, él, porque era su única manera de subsistir...
La prisión crea monstruos, la sociedad se encarga de negar las oportunidades de rehabilitación.
El ladrón extrajo un puñal de fabricación casera y me acorraló contra la ventanilla del autobús. El mal nacido comenzó a susurrar con un ronca voz, imitando a un asesino:
-No te muevas si quieres seguir con vida.
-Tranquilo, amigo... No cometas una locura –respondí sin alterarme.
-Nada de trucos, acabo de salir de prisión... Ya me llevé a seis al infierno... ¿No querrás ser el séptimo?
-Oye, no llevo mucho dinero –yo seguía estando tranquilo.
-¡Rápido: la billetera, el reloj y el morral!
-Toma –le entregué todas mis pertenencias, menos los documentos.
Los treinta pasajeros que llevaba el autobús ya se habían percatado del incidente, pero no podían hacer nada. Todos conocían el procedimiento: “Sin alborotos, sin heridos”...
Comprendía la obligada indiferencia de las personas ante tal hecho... Subimos a un autobús para ir al trabajo, para llegar a casa, al club, a una fiesta, para escapar; pero nunca lo hacemos para perder absurdamente la vida.
El asaltante ya tenía lo que quería, mi viejo morral y el reloj, obsequio de mi padre...
*****
-Pues mira, Marta, los cavernícolas no tocan a la puerta y dicen: “No se preocupe señora, yo repararé el escusado... Disculpe, ¿en dónde puedo dejar el mazo?... Verá usted que esto de ser cavernícola en el siglo XXI resulta un tanto complicado”, luego el bárbaro pega un grito, golpea su pecho con los puños cerrados y grita: “¡Guana, guga, buga, ya lo puede volver a utilizar!”...
-Pero no me afecta en lo absoluto... Ahora tengo la mente despejada... ¡Por qué no subes aquí, Martita! Verás que desde mi óptica todo puede llegar a ser más positivo –Juan tornó la vista hacia el precipicio y creyó ver a su mujer entre la multitud.
-¡No lo haga, Juan, su esposa ya está en camino! –el jefe de bomberos intentaba persuadirlo.
*****
-Sabes que puedo matarte –el nauseabundo aliento del criminal envolvía mi rostro -No pongas cara de héroe, conozco a los de tu clase...
¿Crees que puedes librarte de esta situación tan fácilmente?... Mejor te quedas con las ganas, chico –sus alucinaciones de ser superior colmaron mi paciencia.
La serena inmutabilidad se tornó en ira incontrolable. La sangre volvió a fluir, ahora estaba hirviendo. Los tendones de mi cuello se tensaron como cabos de acero. Sentí un intenso ardor en las piernas y brazos... Con un movimiento brusco lancé al delincuente al pasillo. Desenfundé mi revólver y le disparé a la altura del muslo izquierdo.
El maldito cayó al piso y comenzó a revolcarse como una rata envenenada.
-Por favor, no me mates... Lo siento, no me mates –el mal nacido comenzó a chillar... El papel de víctima le quedaba bastante grande, como cinco tallas.
Introduje el cañón en su boca y comencé a gritarle como un verdadero desquiciado:
-¡De todos los autobuses de esta ciudad, ¿tenías que subirte a este y para colmo sentarte a mi lado?! –el horror congeló los ojos del ratero... Ahora sí parecía una víctima, una fiera en el cepo.
Los pasajeros observaban atónitos mientras el vehículo proseguía su marcha.
-¡Sólo quería llegar a casa, darme un baño y dormir, pero no!... Tuviste que aparecer –algunos quejidos de la rata se amplificaron a través del cañón del arma... Yo seguía gritando.
-¿Cuántas personas ves a tu alrededor?... ¡¿He?!... ¡Pero no, tenías que molestarme a mí!... ¿No sabes que hay gente muy enferma en esta ciudad?...
Me incorporé y volví a escuchar su lamento de rata.
-No me mates, por favor... Yo no quería...
-¡Ya fue suficiente! –contesté.
Le di un puntapié en medio de la boca y una explosión de sangre y dientes apagó su patético lamento.
-Ahora lo pensarás dos veces... Será mejor que lo replantees todo.
Eché un vistazo a mí alrededor, los pasajeros volvieron a sus asientos... Guardé mi arma en el morral, solicité la parada y descendí... Una hermosa luna iluminaba la noche. Tuve que caminar siete cuadras para llegar a mi casa.
*****
Los espectadores parecían botones multicolores esparcidos en el pavimento. El infernal sonido de las sirenas llegaba por momentos hasta la sima del edificio.
Una suave brisa acariciaba el rostro de Juan... Su mente se revolcaba en el agrio fango de su atormentado pasado. Muerte, prisión, drogas, amigos muertos, corazones rotos. Espesas frases colmadas de desesperación, de impotencia, de los interminables sermones de Marta.
Pero él sintió un leve alivio.
-¡Por favor, Don Juan, no lo haga! ¿No le gustaría conversar?... Piense en sus seres queridos que lo estarán aguardando... Todos los problemas tienen solución –el bombero tenía bien memorizado el libreto, como si hubiera leído la última edición de “Alerta en la azotea: ¿Cómo apaciguar a un suicida?” o “Psicología del Rescate”.
*****
Heroico relato, ¿no les parece?... Una impecable versión elaborada por Juan, acerca de lo que le había ocurrido el mes pasado.
Lo cierto es que fue asaltado en un autobús y perdió algunas pertenencias de poco valor. Como también era cierto que fue sorprendido y superado ampliamente por el asaltante. Fue la primera vez que se había sentido vencido.
En tal episodio había experimentado un pavor indescriptible... Lo primero que se le cruzó por la mente f ue que podía perder la vida de una manera absurda.
Unas horas después del hecho había ideado la versión que le gustaría haber vivido. Repasó todo lo ocurrido y fue agregando detalles que lo dejarían bien ante todos.
Pero jamás relató el instante en que creyó sentir la estocada que lo llevaría al cementerio.
-Muerto, muerto, muerto, voy a morir, me van a matar en un autobús. Yo, el que me veía de anciano dando consejos... ¿Eso es todo, así nada más? –pensó en ese momento.
Los treinta segundos, tiempo que se demoró el bandido en perpetrar su atraco, fueron días, meses, años para Juan... ¿Cuántas cosas pueden ocurrir en treinta segundos? ¿Es el tiempo que se toma la muerte en llegar, o quizás menos, o más? ¿Cuántas ideas pesimistas caven en ese lapso de tiempo?
Juan se había convertido en un cobarde y lo sabía. Comenzó a sufrir de insomnio. Cuando conseguía pegar los ojos las pesadillas lo volvían a despertar. La rabia y la impotencia lo aprisionaban... Los ideales de justicia por mano propia, el deseo de portar un arma, miles de conjeturas que se alejaban cada vez más de la vida racional.
No volvería a ser el mismo. Su cobardía fue tornándose en paranoia. No podía permanecer cinco minutos en una parada. Todos eran sospechosos, los hombres que abordaban el autobús podrían ser criminales en potencia. Bastaba un detalle discordante, los movimientos, las miradas, el atuendo, la postura, incluso las muecas eran indicios suficientes para alertar a su enfermizo cerebro.
*****
Juan se sentía ahora envuelto en una paz celestial... La idea de descender como una pluma se hacía cada vez más latente.
Eran las 18:50, el sol desplegaba su esplendor rojizo en el horizonte y reflejaba cascadas de sangre en los ventanales de los rascacielos.
EN LA LAGUNA.
La pata se enamoró de un pescado Que lástima, el pobre estaba enlatado.
Le pidió consejos al atún
No había caso, estaba peor aun.
El bacalao le dijo no insistas
Está muy loco, salió de sus casillas.
El cangrejo le contó una historia
Luego pidió dinero y lo guardó en su gorra.
Del agua saltó un pez perro
Le pusieron un collar y aprendió a ladrar.
Una iguana le declaró su amor
Se pasó por un caño y no regresó.
Este anfibio no quiso probar
Se sentó en el fango y comenzó a croar.
No sabes lo que es bueno
Esta pata es ahumada y es de cerdo.
***
Le pidió consejos al atún
No había caso, estaba peor aun.
El bacalao le dijo no insistas
Está muy loco, salió de sus casillas.
El cangrejo le contó una historia
Luego pidió dinero y lo guardó en su gorra.
Del agua saltó un pez perro
Le pusieron un collar y aprendió a ladrar.
Una iguana le declaró su amor
Se pasó por un caño y no regresó.
Este anfibio no quiso probar
Se sentó en el fango y comenzó a croar.
No sabes lo que es bueno
Esta pata es ahumada y es de cerdo.
***
CUELLO DE JIRAFA.
Eran días bastantes duros y uno debía enfrentarlos de la misma manera. Las 24 horas convencionales fácilmente se convertían en 12 e incluso en menos. Como si las manecillas del reloj dieran saltos como en una carrera de obstáculos. Pero, aunque no lo creas esas horas eran imposibles de llenar. Cualquier actividad, por atractiva que pareciera, no sobrepasaba los cinco minutos.
Apenas dos temas de tu disco favorito y ya lo estabas maldiciendo todo. Párrafos de Kafka o de Poe perdían fuerza y se convertía en simple nebulosa que inundaba el cerebro y lo hacía aparecer como un órgano añejo sumergido en formol.
Cuando llegabas a sentirte invencible, te pegabas una buena ducha y salías a la calle a jactarte de tus super poderes. Pero todo se derrumbaba al comparar tu semblante con esos rostros encadenados a problemas que se limitaban a echar un vistazo a su alrededor para luego desaparecer como fantasmas...
Cuanta mierda reflejada en esas caras.
En el peor de los casos eres tú el que apesta a amoníaco y ellos a perfumes, a jabones aromáticos y a exóticos inciensos que los convierten en verdaderos maestros del autocontrol. Entonces te preguntas y estas a punto de preguntárselos a ellos, ¿Cómo diablos hacen para estar así? ¿Acaso todos están confabulados para hacerte sentir peor?... Ahí los ves y los oyes silbando, haciendo muecas de niños, chistes absurdos, miradas traviesas, carcajadas electrizadas y miles de monerías que jamás podrías realizar de manera espontánea.
Así te vas alejando cada vez más de este infierno con su cielo incorporado y te fijas en cosas que para muchos carecen de sentido. Una especie de disloque, un desdoblamiento de la personalidad como dirían otros... Ahora puedes ver que unas aceitunas aplastadas en el asfalto han perdido su color y no son más que figuras sacadas de contexto... Al pasar frente a una casa de treinta ventanas simplemente fijas la vista en una de ellas y ahí está ella, mirándote con sus ojos de mar profundo mientras se arregla el dorado cabello...
Realizas un gran esfuerzo para mantener el hilo de una charla, a sabiendas que ni a ti ni a tu interlocutor le interesan en lo más mínimo el tema de la conversación. Mientras tú respondes, él piensa en lo estúpido que puede llegar a ser un hombre y mientras él formula sus preguntas tú ideas la mejor manera para hacerlo desaparecer.
Lo único que te mantiene en pie es la duda, querer saber que hay más allá. Si en realidad todo es un eterno girar... Si la vida simplemente se repite de manera absurda y no lo podemos notar...
Es saber de uno mismo, tener al egoísmo como único compañero y fingir interés por los demás...
La hipocresía es una de las carreras que no necesitan títulos para ser ejercidas y podemos encontrar a varios doctos en esta materia...
No hay retorno... No hay vuelta atrás... Ya nada volverá a ser como antes... Esos días se han ido...
El futuro nos espera... Mañana será un día mejor... No todo está perdido... Nos queda un intento más...
Cuando llegues a este punto estarás lo suficientemente sumergido y anestesiado como para intentar luchar... Déjalo que fluya, que corra entre tus venas...
El mundo que creaste no te dejará escapar...
Apenas dos temas de tu disco favorito y ya lo estabas maldiciendo todo. Párrafos de Kafka o de Poe perdían fuerza y se convertía en simple nebulosa que inundaba el cerebro y lo hacía aparecer como un órgano añejo sumergido en formol.
Cuando llegabas a sentirte invencible, te pegabas una buena ducha y salías a la calle a jactarte de tus super poderes. Pero todo se derrumbaba al comparar tu semblante con esos rostros encadenados a problemas que se limitaban a echar un vistazo a su alrededor para luego desaparecer como fantasmas...
Cuanta mierda reflejada en esas caras.
En el peor de los casos eres tú el que apesta a amoníaco y ellos a perfumes, a jabones aromáticos y a exóticos inciensos que los convierten en verdaderos maestros del autocontrol. Entonces te preguntas y estas a punto de preguntárselos a ellos, ¿Cómo diablos hacen para estar así? ¿Acaso todos están confabulados para hacerte sentir peor?... Ahí los ves y los oyes silbando, haciendo muecas de niños, chistes absurdos, miradas traviesas, carcajadas electrizadas y miles de monerías que jamás podrías realizar de manera espontánea.
Así te vas alejando cada vez más de este infierno con su cielo incorporado y te fijas en cosas que para muchos carecen de sentido. Una especie de disloque, un desdoblamiento de la personalidad como dirían otros... Ahora puedes ver que unas aceitunas aplastadas en el asfalto han perdido su color y no son más que figuras sacadas de contexto... Al pasar frente a una casa de treinta ventanas simplemente fijas la vista en una de ellas y ahí está ella, mirándote con sus ojos de mar profundo mientras se arregla el dorado cabello...
Realizas un gran esfuerzo para mantener el hilo de una charla, a sabiendas que ni a ti ni a tu interlocutor le interesan en lo más mínimo el tema de la conversación. Mientras tú respondes, él piensa en lo estúpido que puede llegar a ser un hombre y mientras él formula sus preguntas tú ideas la mejor manera para hacerlo desaparecer.
Lo único que te mantiene en pie es la duda, querer saber que hay más allá. Si en realidad todo es un eterno girar... Si la vida simplemente se repite de manera absurda y no lo podemos notar...
Es saber de uno mismo, tener al egoísmo como único compañero y fingir interés por los demás...
La hipocresía es una de las carreras que no necesitan títulos para ser ejercidas y podemos encontrar a varios doctos en esta materia...
No hay retorno... No hay vuelta atrás... Ya nada volverá a ser como antes... Esos días se han ido...
El futuro nos espera... Mañana será un día mejor... No todo está perdido... Nos queda un intento más...
Cuando llegues a este punto estarás lo suficientemente sumergido y anestesiado como para intentar luchar... Déjalo que fluya, que corra entre tus venas...
El mundo que creaste no te dejará escapar...
FINITO.
Es el fin amigo, sécate el sudor
de la frente
y ponte
de rodillas...
Arrástrate,
lentamente,
deja que
el fuego
haga el resto.
Bob aullará
por ti
esta noche.
No es de cobardes
temblar a las
04:00...
No es de
improvisados
perderlo todo...
Nunca vimos
a un payaso
muerto de risa.
Nunca vimos
a un concertista
afinando
sus nervios.
La sociedad
no envejece,
no se rinde,
no purga penas,
no se preocupa
por ti...
Vete ahora
antes de que
nos vuelen
los sesos...
de la frente
y ponte
de rodillas...
Arrástrate,
lentamente,
deja que
el fuego
haga el resto.
Bob aullará
por ti
esta noche.
No es de cobardes
temblar a las
04:00...
No es de
improvisados
perderlo todo...
Nunca vimos
a un payaso
muerto de risa.
Nunca vimos
a un concertista
afinando
sus nervios.
La sociedad
no envejece,
no se rinde,
no purga penas,
no se preocupa
por ti...
Vete ahora
antes de que
nos vuelen
los sesos...
PUROS SUELTOS IV.
1 Siento cada despertar
como una caída de bruces,
atado de pies y manos.
El inevitable porrazo contra el concreto.
Explosión de carne y huesos.
Destellos, dolores indescriptibles.
Contusión, confusión, jaqueca.
El dolor se posa en todo el cuerpo.
Duele parpadear, respirar.
Duele y atemoriza pensar
lo que depara un día más
en ninguna parte.
El terror llega al bar y pide
una botella de nervios.
Se lo sirven y consume, consume
y consume.
El cuerpo tiembla aunque
desconoce el peligro que lo acecha.
El sol mata, la brisa de las 7 mata,
la presencia de alguien mata,
la soledad, el silencio y el ruido
matan.
En esta guerra interna abundan
los suicidas, los ermitaños olvidados
y los locos de semblantes fracturados,
genios brillantes dopados y alcoholizados.
¿Acaso hay opciones para evitar esto?
¡Ah!... Hoy no asistiré a este día,
a la rutina, a las verdades y mentiras,
al “natural” proceso de socialización.
Quizás mañana lo haga.
2.
Al fin podré descansar.
Tengo un arma en la mano.
Estoy decidido a hacerlo.
Pero no tengo fuerzas,
el cañón no tiene orificio,
el tambor dejó de girar,
el martillo está roto,
el gatillo trabado,
ni siquiera tengo balas.
Aún me quedan excusas
para un día.
¿Para dos o tres años más?
3.
¡Doctor, doctor!...
¡Ja, ja, ja, ja, ja!...
¿No le parece simpático?
Hace unos meses, al salir
del trabajo, un coágulo obstruyó
la irrigación sanguínea de una de
las tantas venas
que traigo en el cerebro.
¡Ja, ja, ja, ja, ja!...
Y hoy ni siquiera recuerdo
mi nombre...
Pero no lo mandé llamar por eso,
sino para que me explique por qué
no puedo distinguir el suelo del
techo.
4
¡Oye!... Sí, tú...
Espero que no hayas
escogido leerme sólo
porque soy el
párrafo más breve...
Como verás, no tengo
mucho que ofrecer.
5
Era tan, pero tan bruto
que nunca aprendió
a hacerse los nudos
de los zapatos.
Eso sí, los nudos
de garganta
le salían de manera
espontánea.
Y ahí andaba,
a los tropezones y acongojándose
por cualquier cosa.
6
Derribar un autobús
que se acerca a la
parada no es
tan complicado
como parece.
El secreto de
esta tarea radica
en escoger el momento
adecuado para lanzar
el certero puñetazo.
7
Cuando pasaba el camión
de helados salía corriendo
al patio para tapar los oídos
de mi perro, que se largaba a aullar
como lobo cuando escuchaba esa
"musiquita" tan irritante como la
de un ascensor.
*********************
como una caída de bruces,
atado de pies y manos.
El inevitable porrazo contra el concreto.
Explosión de carne y huesos.
Destellos, dolores indescriptibles.
Contusión, confusión, jaqueca.
El dolor se posa en todo el cuerpo.
Duele parpadear, respirar.
Duele y atemoriza pensar
lo que depara un día más
en ninguna parte.
El terror llega al bar y pide
una botella de nervios.
Se lo sirven y consume, consume
y consume.
El cuerpo tiembla aunque
desconoce el peligro que lo acecha.
El sol mata, la brisa de las 7 mata,
la presencia de alguien mata,
la soledad, el silencio y el ruido
matan.
En esta guerra interna abundan
los suicidas, los ermitaños olvidados
y los locos de semblantes fracturados,
genios brillantes dopados y alcoholizados.
¿Acaso hay opciones para evitar esto?
¡Ah!... Hoy no asistiré a este día,
a la rutina, a las verdades y mentiras,
al “natural” proceso de socialización.
Quizás mañana lo haga.
2.
Al fin podré descansar.
Tengo un arma en la mano.
Estoy decidido a hacerlo.
Pero no tengo fuerzas,
el cañón no tiene orificio,
el tambor dejó de girar,
el martillo está roto,
el gatillo trabado,
ni siquiera tengo balas.
Aún me quedan excusas
para un día.
¿Para dos o tres años más?
3.
¡Doctor, doctor!...
¡Ja, ja, ja, ja, ja!...
¿No le parece simpático?
Hace unos meses, al salir
del trabajo, un coágulo obstruyó
la irrigación sanguínea de una de
las tantas venas
que traigo en el cerebro.
¡Ja, ja, ja, ja, ja!...
Y hoy ni siquiera recuerdo
mi nombre...
Pero no lo mandé llamar por eso,
sino para que me explique por qué
no puedo distinguir el suelo del
techo.
4
¡Oye!... Sí, tú...
Espero que no hayas
escogido leerme sólo
porque soy el
párrafo más breve...
Como verás, no tengo
mucho que ofrecer.
5
Era tan, pero tan bruto
que nunca aprendió
a hacerse los nudos
de los zapatos.
Eso sí, los nudos
de garganta
le salían de manera
espontánea.
Y ahí andaba,
a los tropezones y acongojándose
por cualquier cosa.
6
Derribar un autobús
que se acerca a la
parada no es
tan complicado
como parece.
El secreto de
esta tarea radica
en escoger el momento
adecuado para lanzar
el certero puñetazo.
7
Cuando pasaba el camión
de helados salía corriendo
al patio para tapar los oídos
de mi perro, que se largaba a aullar
como lobo cuando escuchaba esa
"musiquita" tan irritante como la
de un ascensor.
*********************
LUNES.
Me levanté maldiciendo todo, absolutamente todo, incluso los objetos que veía a mí alrededor. Debo confesar que estoy de muy pocas y no puedo comprender de donde me brotaba tanta rabia... Era una de esas mañanas de lunes en las que daba igual desayunar un jabón o un kilo de arena. No había agua y me limpié con lo que quedaba en el bebedero del perro. La plancha no quería encender y mi camisa se parecía a un bollo de papel que alguien intentó alisar... Todas mis medias babeadas y esparcidas por el suelo. Escogí un par, pero los dedos se me salían en las puntas, hice un nudo a cada media y me puse el zapato menos masticado.
Una hora de retraso. Salí tan pronto como pude. Vi al perro girando en círculos sobre su manta para volver a acostarse. ¡Como te envidio, holgazán! –Bruno levantó la mirada y luego se echó a dormir.
Debía caminar un trayecto de veinte cuadras. El dinero del pasaje me lo había gastado en el tragamonedas.
Malditos estudiantes despreocupados, autos, vendedores, oficinistas... Que hermosa mujer, maldita sea la belleza que te impide aterrizar. Un caballo se disponía a cruzar la avenida principal. ¡Apestoso, te van a atropellar! El pobre se habrá escapado del cuartel de la montada que está unas calles más abajo.
Llegué hasta el edificio en donde trabajaba, eché un vistazo al piso 14 y... ¡Qué más da!, pasé de largo y entré en la casa de empeños “El Salvador”. Me dieron una miseria por el reloj que había comprado en el mismo lugar. Pues bueno, peor es nada. Crucé la plaza de la Libertad y el billar ya había abierto. Los vagos me reconocieron, comenzaron a surgir las apuestas y la cerveza. Gané algunos partidos e invité algunas congeladas. Me pasé el día bebiendo y escuchando música de mala muerte.
A las 22:00 el hambre ya no me permitía beber, sentía nauseas y me empezó a doler la cabeza. ¡Un partido más y me voy!... Perdí el último porque en realidad no me importaba, con las otras rondas pude doblar el dinero del reloj. Me despedí y prometí volver al día siguiente.
Cuando salí a la calle, sentí que el mundo daba vueltas. Es que siempre da vueltas, sólo que ahora podía experimentarlo... Caminé hasta la parada. Los negocios ya habían cerrado y me detuve en el puesto de panchos de la esquina. Me comí dos y encargué dos más para Bruno.
El 56-A a la vista... Me lleva... Pagué mi boleto y me senté al lado de una gorda. El colectivo estaba lleno de parlanchines universitarios... “El futuro de la patria, prestos a cometer los mismos errores que sus antecesores”. Yo también fui uno de ellos, pero me gustaba jugar al excluido social.
El autobús se detuvo en el semáforo y comenzó a vibrar como un masajeador. Sentí un cosquilleo en la sien y el estomago comenzó arderme. Cerré los ojos y creo que me quedé dormido porque lo demás no lo recuerdo.
Una hora de retraso. Salí tan pronto como pude. Vi al perro girando en círculos sobre su manta para volver a acostarse. ¡Como te envidio, holgazán! –Bruno levantó la mirada y luego se echó a dormir.
Debía caminar un trayecto de veinte cuadras. El dinero del pasaje me lo había gastado en el tragamonedas.
Malditos estudiantes despreocupados, autos, vendedores, oficinistas... Que hermosa mujer, maldita sea la belleza que te impide aterrizar. Un caballo se disponía a cruzar la avenida principal. ¡Apestoso, te van a atropellar! El pobre se habrá escapado del cuartel de la montada que está unas calles más abajo.
Llegué hasta el edificio en donde trabajaba, eché un vistazo al piso 14 y... ¡Qué más da!, pasé de largo y entré en la casa de empeños “El Salvador”. Me dieron una miseria por el reloj que había comprado en el mismo lugar. Pues bueno, peor es nada. Crucé la plaza de la Libertad y el billar ya había abierto. Los vagos me reconocieron, comenzaron a surgir las apuestas y la cerveza. Gané algunos partidos e invité algunas congeladas. Me pasé el día bebiendo y escuchando música de mala muerte.
A las 22:00 el hambre ya no me permitía beber, sentía nauseas y me empezó a doler la cabeza. ¡Un partido más y me voy!... Perdí el último porque en realidad no me importaba, con las otras rondas pude doblar el dinero del reloj. Me despedí y prometí volver al día siguiente.
Cuando salí a la calle, sentí que el mundo daba vueltas. Es que siempre da vueltas, sólo que ahora podía experimentarlo... Caminé hasta la parada. Los negocios ya habían cerrado y me detuve en el puesto de panchos de la esquina. Me comí dos y encargué dos más para Bruno.
El 56-A a la vista... Me lleva... Pagué mi boleto y me senté al lado de una gorda. El colectivo estaba lleno de parlanchines universitarios... “El futuro de la patria, prestos a cometer los mismos errores que sus antecesores”. Yo también fui uno de ellos, pero me gustaba jugar al excluido social.
El autobús se detuvo en el semáforo y comenzó a vibrar como un masajeador. Sentí un cosquilleo en la sien y el estomago comenzó arderme. Cerré los ojos y creo que me quedé dormido porque lo demás no lo recuerdo.
DE CABEZA.
Cuando estés tendido en el piso de tu habitación, mirando al techo, con el cuerpo totalmente relajado.
A tu alrededor, las personas con las que siempre haz convivido... Ellos te hablarán, sus gestos transmitirán preocupación... Sus simples almas contemplarán a la indiferencia en persona.
Verás lágrimas reales brotar de esos ojos defraudados.
Un espeso clima se adueñara de la habitación... Portazos, pasos bruscos, tirones de pelo, miradas esquivas... Nada, nada podrá inmutarte.
La impotencia y desesperación de los demás te parecerán exageradas. Tú sabrás el por qué, pero no les interesará en lo absoluto. De nada servirán las explicaciones... Será mejor dejarlo así.
De pronto se te ocurrirá algo, simplemente para llenar el vacío o intentar remediar la situación... Creerás que tienes una frase inteligente y entonces dirás algo como:
“El bolígrafo deja de escribir cuando lo pongo de cabeza”.
A tu alrededor, las personas con las que siempre haz convivido... Ellos te hablarán, sus gestos transmitirán preocupación... Sus simples almas contemplarán a la indiferencia en persona.
Verás lágrimas reales brotar de esos ojos defraudados.
Un espeso clima se adueñara de la habitación... Portazos, pasos bruscos, tirones de pelo, miradas esquivas... Nada, nada podrá inmutarte.
La impotencia y desesperación de los demás te parecerán exageradas. Tú sabrás el por qué, pero no les interesará en lo absoluto. De nada servirán las explicaciones... Será mejor dejarlo así.
De pronto se te ocurrirá algo, simplemente para llenar el vacío o intentar remediar la situación... Creerás que tienes una frase inteligente y entonces dirás algo como:
“El bolígrafo deja de escribir cuando lo pongo de cabeza”.
LLANTO.
Qué no daría yo por tenerte despierta,
y que juntos podamos
degollar a ese gallo
que anuncia
un nuevo miércoles
Debemos admitir al fin
que la gente está loca
y que siempre fue así...
Soldado... Deja de disparar...
Fuma algo ahora.
Estamos blindados
Las manchas en la mesa y
los tragos te delatan,
aumentan tu condena
Has sabido convencerme,
pero reconozco que
he sido el único culpable...
No maquines sermones,
simplemente aléjate
y no te lo cuestiones
Nadie te ha designado
una misión específica...
Aun puedo verte...
Corre... Corre
antes de que sea
muy tarde...
Solo tú
te largaste a llorar,
mi ángel guía,
cuando aquella noche
decidieron clausurar
la feria por falta
de público.
Y yo sigo llorando
por algo que aun
no logro recordar.
y que juntos podamos
degollar a ese gallo
que anuncia
un nuevo miércoles
Debemos admitir al fin
que la gente está loca
y que siempre fue así...
Soldado... Deja de disparar...
Fuma algo ahora.
Estamos blindados
Las manchas en la mesa y
los tragos te delatan,
aumentan tu condena
Has sabido convencerme,
pero reconozco que
he sido el único culpable...
No maquines sermones,
simplemente aléjate
y no te lo cuestiones
Nadie te ha designado
una misión específica...
Aun puedo verte...
Corre... Corre
antes de que sea
muy tarde...
Solo tú
te largaste a llorar,
mi ángel guía,
cuando aquella noche
decidieron clausurar
la feria por falta
de público.
Y yo sigo llorando
por algo que aun
no logro recordar.
SIN TRANSISTORES.
Ya iba por el segundo día sin pegar un ojo, y bien duros y vidriosos los traía, como huevos a punto de estallar. Solo se despegaba del sofá para ir al baño y luego a la nevera en busca de otra cerveza... Frente a él, un televisor de 40 pulgadas mostraba imágenes del canal deportivo y el estéreo a todo volumen inundaba la habitación con música tropical...
Crispino , “Piraña” como le decían sus amigos, bajó los pies de la mesita, movió su cabeza para todos lados como queriendo descontracturar un cuello de estatua. Se fregó la nariz y rápidamente se preparó 6 líneas reglamentarias. Caló fuerte con su billete de 100, una a una, tres para cada fosa nasal... Nada mal para un novato.
Crispino se incorporó repentinamente, fue un acto involuntario. Observó su reloj: 03:58 a.m... Su madre y su hermano seguían dormidos. Se dirigió a su habitación y volvió con una escopeta...
Estaba completamente ido, se sentía invencible. Alucinó un instante. Creyó ver encuadrada en la pared de la sala la fotografía de una satisfecha mantarraya gigante enseñando a un hombre de unos 2 metros de altura como si fuera su trofeo de pesca. El “raro pescado” estaba colgado de un gancho de carnicería que le atravesaba la espalda y podía verse la punta de la lanza asomándose en medio del pecho... En ese instante, Piraña deseó ver la sangre –espesa y caliente- cayendo del perforado espécimen... Largó una carcajada y salió a la calle.
Aunque era invierno y la sensación térmica era de unos tres grados bajo cero, Crispino salió vestido con una remera, pantalón y calzado deportivo...
Era un pueblo pequeño, de avenidas arboladas y de aspecto tenebroso en las noches húmedas y de frío.
Piraña se detuvo en una esquina, se llevó a la boca la medalla de oro con la imagen de Jesucristo que le había arrebatado al joyero del pueblo y comenzó a mordisquearla suavemente...
Él sabía lo que buscaba, problemas y más problemas... No tenía nada que perder. Cargaba, al igual que su hermano, con antecedentes por homicidio, tráfico de estupefacientes, robo agravado y reiterados hechos de violencia.
Una vaca no era exactamente la clase de problema que estaba buscando el intoxicado delincuente, pero ya que la pobre se encontraba en plena calle, con la correa desamarrada y no se divisaba a nadie más a esa hora de la madrugada, no tuvo más remedio que arrearla hasta su casa. La introdujo sin mayor dificultad por la puerta principal de la vivienda. Era un animal bastante dócil.
–Ahí te quedas, amiga... Quietecita y sin hacer ruido... ¡Jajajaja!- La dejó un instante en la sala, amarrada a una de las patas de la mesa grande y se dirigió a su cuarto. Consumió más coca, esta vez sólo fueron unos ticks que se los introdujo con la ayuda de una tarjeta telefónica.
Piraña regresó a la sala. Volvía a sentirse invencible, todo un dios. Un dios portando su cetro de hierro, pólvora y plomo... Pero cayó de los cielos cuando olfateó el hedor a bosta y pudo ver que la vaca había dejado tremendo regalo en la habitación.
-¡ERES UNA PUTA MAL PARIDA, MIRA LO QUE HAZ HECHO, PEDAZO DE CUERNOS RETORCIDOS!- la ira de Crispino se triplicaba bajo los efectos de los narcóticos y el alcohol.
Los gritos despertaron a su madre y a su hermano que se encontraban en sus respectivas habitaciones.
El traficante gatilló la escopeta y le dio entre los ojos al animal, que pareció desplomarse en cámara lenta para luego soltar unos coletazos y movimientos convulsivos. Esto hizo que su madre y Julio -su hermano menor- ingresaran a escena.
-¡¿Qué haz hecho condenado del demonio?!... ¡Ya tenemos suficiente como para tener que soportar estos delirios!... ¡En este maldito instante los vecinos estarán llamando al 911!- Julio recriminaba a su hermano mayor, aunque sabía que era inútil intentar sacarlo del trance.
-¡Ah!, sí... No me digas –Piraña recargó la recámara de su arma y apuntó al pecho de Julio que se encontraba al otro lado de la sala. En ese instante su aterrorizada madre -haciendo uso del más noble instinto de protección- se abalanzó para cubrir a su hijo menor y recibió un tiro en el lado izquierdo del pecho.
Ahí quedó Doña Filomena de 60 años, huérfana desde los dos años y madre de dos hijos de padres diferentes.
-¡Ahora sí que estás jodido! –alcanzó a decir Julio y se lanzó hacia Crispino, quien nuevamente disparó. La bala penetró en el ojo derecho del hermano menor y atravesó la cabeza dejando unos salpicones de masa encefálica en la alfombra.
Piraña miró a su madre, a su hermano y a la vaca. Estaba ido y sin remordimientos, pero sabía que debía huir.
Fue nuevamente hasta su habitación, abrió el ropero y contempló los siete kilos de marihuana prensada, tomó una pequeña ración y también lo hizo de la bolsa que contenía los dos kilos de cocaína que había recibido tres días atrás.
Acomodó en su cintura un revólver, se llevó la escopeta al hombro, salió a la calle, abordó su auto y ante los primeros rayos del sol se dio a la fuga.
Crispino , “Piraña” como le decían sus amigos, bajó los pies de la mesita, movió su cabeza para todos lados como queriendo descontracturar un cuello de estatua. Se fregó la nariz y rápidamente se preparó 6 líneas reglamentarias. Caló fuerte con su billete de 100, una a una, tres para cada fosa nasal... Nada mal para un novato.
Crispino se incorporó repentinamente, fue un acto involuntario. Observó su reloj: 03:58 a.m... Su madre y su hermano seguían dormidos. Se dirigió a su habitación y volvió con una escopeta...
Estaba completamente ido, se sentía invencible. Alucinó un instante. Creyó ver encuadrada en la pared de la sala la fotografía de una satisfecha mantarraya gigante enseñando a un hombre de unos 2 metros de altura como si fuera su trofeo de pesca. El “raro pescado” estaba colgado de un gancho de carnicería que le atravesaba la espalda y podía verse la punta de la lanza asomándose en medio del pecho... En ese instante, Piraña deseó ver la sangre –espesa y caliente- cayendo del perforado espécimen... Largó una carcajada y salió a la calle.
Aunque era invierno y la sensación térmica era de unos tres grados bajo cero, Crispino salió vestido con una remera, pantalón y calzado deportivo...
Era un pueblo pequeño, de avenidas arboladas y de aspecto tenebroso en las noches húmedas y de frío.
Piraña se detuvo en una esquina, se llevó a la boca la medalla de oro con la imagen de Jesucristo que le había arrebatado al joyero del pueblo y comenzó a mordisquearla suavemente...
Él sabía lo que buscaba, problemas y más problemas... No tenía nada que perder. Cargaba, al igual que su hermano, con antecedentes por homicidio, tráfico de estupefacientes, robo agravado y reiterados hechos de violencia.
Una vaca no era exactamente la clase de problema que estaba buscando el intoxicado delincuente, pero ya que la pobre se encontraba en plena calle, con la correa desamarrada y no se divisaba a nadie más a esa hora de la madrugada, no tuvo más remedio que arrearla hasta su casa. La introdujo sin mayor dificultad por la puerta principal de la vivienda. Era un animal bastante dócil.
–Ahí te quedas, amiga... Quietecita y sin hacer ruido... ¡Jajajaja!- La dejó un instante en la sala, amarrada a una de las patas de la mesa grande y se dirigió a su cuarto. Consumió más coca, esta vez sólo fueron unos ticks que se los introdujo con la ayuda de una tarjeta telefónica.
Piraña regresó a la sala. Volvía a sentirse invencible, todo un dios. Un dios portando su cetro de hierro, pólvora y plomo... Pero cayó de los cielos cuando olfateó el hedor a bosta y pudo ver que la vaca había dejado tremendo regalo en la habitación.
-¡ERES UNA PUTA MAL PARIDA, MIRA LO QUE HAZ HECHO, PEDAZO DE CUERNOS RETORCIDOS!- la ira de Crispino se triplicaba bajo los efectos de los narcóticos y el alcohol.
Los gritos despertaron a su madre y a su hermano que se encontraban en sus respectivas habitaciones.
El traficante gatilló la escopeta y le dio entre los ojos al animal, que pareció desplomarse en cámara lenta para luego soltar unos coletazos y movimientos convulsivos. Esto hizo que su madre y Julio -su hermano menor- ingresaran a escena.
-¡¿Qué haz hecho condenado del demonio?!... ¡Ya tenemos suficiente como para tener que soportar estos delirios!... ¡En este maldito instante los vecinos estarán llamando al 911!- Julio recriminaba a su hermano mayor, aunque sabía que era inútil intentar sacarlo del trance.
-¡Ah!, sí... No me digas –Piraña recargó la recámara de su arma y apuntó al pecho de Julio que se encontraba al otro lado de la sala. En ese instante su aterrorizada madre -haciendo uso del más noble instinto de protección- se abalanzó para cubrir a su hijo menor y recibió un tiro en el lado izquierdo del pecho.
Ahí quedó Doña Filomena de 60 años, huérfana desde los dos años y madre de dos hijos de padres diferentes.
-¡Ahora sí que estás jodido! –alcanzó a decir Julio y se lanzó hacia Crispino, quien nuevamente disparó. La bala penetró en el ojo derecho del hermano menor y atravesó la cabeza dejando unos salpicones de masa encefálica en la alfombra.
Piraña miró a su madre, a su hermano y a la vaca. Estaba ido y sin remordimientos, pero sabía que debía huir.
Fue nuevamente hasta su habitación, abrió el ropero y contempló los siete kilos de marihuana prensada, tomó una pequeña ración y también lo hizo de la bolsa que contenía los dos kilos de cocaína que había recibido tres días atrás.
Acomodó en su cintura un revólver, se llevó la escopeta al hombro, salió a la calle, abordó su auto y ante los primeros rayos del sol se dio a la fuga.
OTRAS COSAS.
-Ya me había quitado esa maldita idea de la cabeza... Estoy pensando en otras cosas... ¿En qué estoy pensando?... Sí, estoy pensando en otras cosas- Lo repetía una y otra vez en voz baja, mis dientes crujían, mi cuerpo parecía estallar... Me desplazaba sin velocidad aparente a través del pasillo... Los puños fuertemente cerrados, el puñal no podía estar mejor afilado... Disparaba miradas de reojo en dirección a las puertas del largo trayecto... -Esta en la 86, esta en la 86, esa es la 79, la 80, la 81, la 82, no, no, está en la 86, estoy pensando en otras cosas, ya no la tengo en mente... No toques con ira, respira profundo, enderézate, disfruta el momento, mírala a los ojos... Esa es... ¡Toca, toca! Con fuerza, sin desesperación, firme... ¡Ahora!... ¡Ahora!...
Ella dejó que la puerta se deslizara para dentro... Tenía una sonrisa celestial, esos ojos de ángel que tanto había amado... La vi más hermosa que nunca... Y lo hice una y otra vez, sin detenerme... Cerré los ojos, no podía oír nada... Sentí la carne desgarrándose en mi empapado puño... Nadie dijo nada, todo fue muy rápido... –No me mires de esa manera... No esta vez, nena... Sabes que te amo, solo tu lo sabes... No lo hagas, nena... Te lo ruego, solo por esta vez... No estoy pensando en nada... Ya no lo hago... Ahora estoy en otras cosas- Descendí por la escalera, una extraña sensación se apodero de mi... Mis músculos se habían desinflado... Todo se veía borroso...
-En verdad estoy pensando en otras cosas- dije y me incorporé en la cama. Eras las 02.00 de la mañana. Estaba empapado en sudor.
Ella dejó que la puerta se deslizara para dentro... Tenía una sonrisa celestial, esos ojos de ángel que tanto había amado... La vi más hermosa que nunca... Y lo hice una y otra vez, sin detenerme... Cerré los ojos, no podía oír nada... Sentí la carne desgarrándose en mi empapado puño... Nadie dijo nada, todo fue muy rápido... –No me mires de esa manera... No esta vez, nena... Sabes que te amo, solo tu lo sabes... No lo hagas, nena... Te lo ruego, solo por esta vez... No estoy pensando en nada... Ya no lo hago... Ahora estoy en otras cosas- Descendí por la escalera, una extraña sensación se apodero de mi... Mis músculos se habían desinflado... Todo se veía borroso...
-En verdad estoy pensando en otras cosas- dije y me incorporé en la cama. Eras las 02.00 de la mañana. Estaba empapado en sudor.
UNA DOCENA.
Sandra volvió a discutir con su madre Se dirigió al balcón
¿Doce pisos?
No es demasiado.
Fuera de sí,
con un zumbido atroz
Se montó en el acondicionador
¿De frente?
No, mejor de espaldas.
Mediaba esa tarde de agosto
y se dejó llevar...
Se dejó llevar...
Algunos la contemplaron
Muchedumbre atónita,
pero consciente
¡Al fin lo logró! –exhalaron...
Tu alma surcó los aires
y atravesó el concreto.
Materia inerte
que alimentó a transeúntes,
reporteros,
fiscales y policías
Nena,
fuiste la atracción
de la jornada...
Sandra sonreía
desde lo alto
No era la chica
suicida de 24 años,
sino la próxima
lluvia de primavera,
en plena gestación.
Sus amigas se lamentaron,
y vaya que si lo hicieron
Su madre perdió la razón
Una gárgola de concreto,
que decoraba el edificio de al lado,
sonrió y dejó al descubierto
sus roídos colmillos...
¿Doce pisos?
No es demasiado.
Fuera de sí,
con un zumbido atroz
Se montó en el acondicionador
¿De frente?
No, mejor de espaldas.
Mediaba esa tarde de agosto
y se dejó llevar...
Se dejó llevar...
Algunos la contemplaron
Muchedumbre atónita,
pero consciente
¡Al fin lo logró! –exhalaron...
Tu alma surcó los aires
y atravesó el concreto.
Materia inerte
que alimentó a transeúntes,
reporteros,
fiscales y policías
Nena,
fuiste la atracción
de la jornada...
Sandra sonreía
desde lo alto
No era la chica
suicida de 24 años,
sino la próxima
lluvia de primavera,
en plena gestación.
Sus amigas se lamentaron,
y vaya que si lo hicieron
Su madre perdió la razón
Una gárgola de concreto,
que decoraba el edificio de al lado,
sonrió y dejó al descubierto
sus roídos colmillos...
OTRA VEZ.
Domingo... Algunos salen
a dar un paseo...
Otros se debaten entre
la vida y la muerte...
¿Cuántos demonios
nos habitan?...
¿Cuántos ángeles
custodian el sueño?...
El manco acaricia el
cuenco de su muñeca...
El bicéfalo discute
consigo mismo...
El incubo mastica
sus entrañas...
La tormenta amenaza
con descender, el demonio
acecha en el balcón,
tiene sed, afila sus garras...
Un ángel de alas rotas
y rostro desencajado
deambula desesperado,
aguarda lo peor...
Es el infierno...
Los hombres
desesperados
quiebran
sus propias
costillas...
La máquina estalla...
El eterno proceso
elimina todas las
esperanzas de paz...
a dar un paseo...
Otros se debaten entre
la vida y la muerte...
¿Cuántos demonios
nos habitan?...
¿Cuántos ángeles
custodian el sueño?...
El manco acaricia el
cuenco de su muñeca...
El bicéfalo discute
consigo mismo...
El incubo mastica
sus entrañas...
La tormenta amenaza
con descender, el demonio
acecha en el balcón,
tiene sed, afila sus garras...
Un ángel de alas rotas
y rostro desencajado
deambula desesperado,
aguarda lo peor...
Es el infierno...
Los hombres
desesperados
quiebran
sus propias
costillas...
La máquina estalla...
El eterno proceso
elimina todas las
esperanzas de paz...
LA DEL INSOMNE.
¿Te parece normal estar parado frente al espejo del baño a las 03:00 a.m.?... A veeer... ¿Por qué no haces tu mejor mueca?... Cara de loco... Mmmm... más o menos. Mirada de intelectual... ¡Todo un genio!... Hombre endemoniado... llamen a un exorcista... La de muerto en sueños... todo un maestro del histrionismo... Muerte trágica... de terror... La de la profesora de Biología... vieja arpía... Un perro San Bernardo... ¡BUF!, ¡BUF!... El presidente de la República... estimados compatriotas... Una foto de perfil... la nariz no te favorece... El hombre congelado... da escalofríos... Una mirada matadora... atájate Don Juan... El desentendido... me entero... El distraído... me repite la pregunta... El ganador... por supuesto, cariño... La víctima... por favor no me mate... El animador infantil... todo un mimo... Derrame facial... mis nervios me están matando...
¡Oye!, ¿A qué diablos estas jugando?... ¿Para que demonios viniste al baño?... En unas horas debes prepararte para ir a trabajar... Tu sí que sabes fregarte la vida.
¡Oye!, ¿A qué diablos estas jugando?... ¿Para que demonios viniste al baño?... En unas horas debes prepararte para ir a trabajar... Tu sí que sabes fregarte la vida.
OJOS TINTOS.
Sigo tirado en este colchón roto, sucio y mal oliente... En esta habitación húmeda y roída... Mil cucarachas se deslizan sobre mi cuerpo... Mis ojos se salen de órbita, el corazón late y se expande, se quiebra... y me sigo preguntando... ¿En dónde estas?...
VARIOS III
ORGANIZADO…
Iba por la tercera botella. Reposaba el mentón sobre mis manos que a su vez descansaban sobre el frío bloque de mármol de la barra. Mis ojos estaban cerrados.
Un rock de los 70 surcaba el humo y marcaba el ritmo del oscuro bar.
Me lamenté:
-Soy tan ignorante que no sé a cuanto equivalen dos botellas de tres cuartos.
Me consolé con un:
-Que importa, al menos sé que es buen parámetro para un comienzo… Ya sabes para que tipo de comienzos –aseveré.
Pasé un par de horas divagando con cosas como esas… Ya todos se habían puesto borrosos. Algunos discutían acerca del verdadero nombre de la canción que estaba sonando.
-¡Ves!... Imbécil, lo dice claramente en el coro: “Deja que me eleve, hoy quiero desaparecer”, ¡DEJA QUE ME ELEVE! Es ese el maldito nombre- dijo uno escupiendo algo de cerveza.
-No seas terco… ¿Cuánto arriesgas?... Te digo que esa canción se llama: “Karma Hidráulico”. Ese disco lo tengo en casa- respondió otro sacando un billete.
Y cuando estaban a punto de llegar a un acuerdo con respecto al nombre del tema, todo se repetía al intentar aclarar de donde provenía esa composición y la versión de que idiota era la que estaban escuchando.
De pronto oí una voz ronca y grave que imitando un tono agudo y femenino dijo entre susurros:
-¡Y!... ¿Por qué tan solo?, guapo.
Tomé aire. Sin realizar movimiento alguno, respondí sereno:
-Si quisiera compañía recurriría a los servicios de una puta.
En ese momento abrí los ojos. Una grotesca figura con piernas de futbolista se alejaba dentro de un vestido lila, riñendo con su andar para parecer mujer.
Miré a mí alrededor. Quería asegurarme de que no se trataba de alguna broma de borrachos.
Bebí un largo sorbo y dije en voz baja:
-Estamos rodeados…
Seguí bebiendo. Metí la mano en el bolsillo derecho de mi saco y percibí lo harapienta que traía la funda del atuendo.
Extraje una pequeña libreta granate y un lápiz.
Apunté:
“1) Redoblar dieta.
“2) Comprar una funda para el bolsillo del saco”.
“3) Trata de escribir tus puntos finales (.) un tanto más grandes que los seguidos”.
………………………………………………………
NO TE LO PIERDAS…
Mujeres de pasos lentos, firmes y curvas peligrosas.
Mujeres de rostros apagados y frustraciones a flor de piel.
Mujeres obesas, sonrientes, impacientes.
Mujeres flacas, tristes, distantes.
Mujeres con sus novios, mascotas carteras, cuadernos y jeans.
Quien se rehúse a irrumpir en sus destinos se pierde media tajada de luz y oscuridad en este infierno.
………………………………………………………
BLINDADO…
-¡¡OYE!!... HOY TENEMOS HARTO TRABAJO… ¿PUEDES QUEDARTE (sinónimo de: debes quedarte) UN PAR DE HORAS MAS? –gritó el jefe en tono burlón. Siempre lo hacen en ese tono.
-¡Claro!... No hay problema –contesté con falsa euforia.
Mientras respondía palpé las cápsulas que traía en el bolsillo del pantalón.
-¡¡EXCELENTE!! –dijo el jefe y añadió: -LUEGO RECIBIRAS TU PAGA POR LAS HORAS EXTRAS –soltó una carcajada de jefe.
Durante esa interminable jornada repetí satisfecho e incansable:
-Vienes blindado… Vienes blindado… Vienes completamente blindado.
……………………………………………
CUANDO LO PIERDES…
La conocía de algún lugar. Le saludé con una mueca. Fingió reconocerme y me acerqué. Dije: Hola. Ella respondió con un: Hola, tanto tiempo.
Y hablamos del clima, la hora, del servicio de ese centro comercial…
Intenté recordarla.
Tras quince minutos de preguntas y respuestas colmadas de falsa cordialidad, de temas sin interés ni mucho sentido, expliqué que debía marcharme.
-Esta bien, adiós –dijo ella y se despidió indiferente.
Mientras termino de escribir esto, aún me pregunto si ese encuentro fue fruto de la confusión o del olvido.
……………………………………………………….
BASURA…
Comían y bebían y presentaban los detalles de un informe sobre “Índices de Pobreza” del presente año, elaborado por un organismo internacional.
-Son personas empapadas en el tema –pensé -Sí, eso son, empujando algo más de atún o aceitunas en la garganta, pero claro, con mucha clase.
-Yo vino –dijo una con arrugas hasta en las uñas.
-Yo champán –exclamó un gordo calvo.
Yo bebía y comía también.
La doble moral se posó en mis hombros, y sin perder la calma y en pose de sucio egoísta soltó algo como:
-Reflexiona… Cincuenta lo hacen por los millones del “Índice”. No todos pueden estar del mismo lado.
-¡¡BASURA!! –respondí con todas mis fuerzas.
En ese momento, cincuenta depósitos de etiquetas y perfumes de difícil pronunciación clavaron sus cien ojos en mi etílica existencia.
Acorralado sentencié:
-Prosigan, señores… Hagan de cuenta que esos pobres del “Índice” no son más que simples barras y porcentajes de colores... En verdad, ustedes disimulan bastante bien la congoja y la preocupación por todo esto.
……………………………………………………….
“KARAOKE”…
Es cierto… Lo reconozco. Cometí un error al entrar a ese lugar… Pero no me quedaba de otra.
Los bares no abrían sino hasta el martes y a mi me entraron ganas de beber un lunes en ese pueblo de mala muerte.
Ahora se por qué la gente también odia los lunes. Claro, yo los odio desde hace mucho tiempo.
Les puedo apostar que si los 365 días del año eran lunes ya todos estaríamos muertos.
Y ahí te tienes el domingo en la noche. Sincronizando el despertador.
Y piensas: Si no fuese el lunes sería el martes.
Imaginas lo que sería odiar los martes como odias los lunes.
¿A dónde voy a por un trago el lunes, luego del trabajo?
Yo encontré un “Karaoke” (maldito invento asiático).
Claro que había alcohol y un tanto de oscuridad, requisitos básicos para empezar una buena noche.
Pero, amigo… ¡Esa gente ladrando ante un monitor! ¡Intentando darle a la sílaba en el momento exacto en el que la pelotita brinca sobre la palabra, sobre la sílaba!...
Hermano… No se lo deseo a nadie.
Y todos volteaban para conocer al que se apoderaba del micrófono.
El de los alaridos, que se consideraba un talento aún no explotado, se montaba en la composición y aullando frenéticamente terminaba de asesinar a la ya inútil creación.
Yo, en verdad, volteaba para mirar con que cara se atrevía uno a hacer semejante cosa.
Me bebí dos botellas, no pude seguir con eso. Me calcé la gorra y desaparecí.
………………………………………………………..........
Iba por la tercera botella. Reposaba el mentón sobre mis manos que a su vez descansaban sobre el frío bloque de mármol de la barra. Mis ojos estaban cerrados.
Un rock de los 70 surcaba el humo y marcaba el ritmo del oscuro bar.
Me lamenté:
-Soy tan ignorante que no sé a cuanto equivalen dos botellas de tres cuartos.
Me consolé con un:
-Que importa, al menos sé que es buen parámetro para un comienzo… Ya sabes para que tipo de comienzos –aseveré.
Pasé un par de horas divagando con cosas como esas… Ya todos se habían puesto borrosos. Algunos discutían acerca del verdadero nombre de la canción que estaba sonando.
-¡Ves!... Imbécil, lo dice claramente en el coro: “Deja que me eleve, hoy quiero desaparecer”, ¡DEJA QUE ME ELEVE! Es ese el maldito nombre- dijo uno escupiendo algo de cerveza.
-No seas terco… ¿Cuánto arriesgas?... Te digo que esa canción se llama: “Karma Hidráulico”. Ese disco lo tengo en casa- respondió otro sacando un billete.
Y cuando estaban a punto de llegar a un acuerdo con respecto al nombre del tema, todo se repetía al intentar aclarar de donde provenía esa composición y la versión de que idiota era la que estaban escuchando.
De pronto oí una voz ronca y grave que imitando un tono agudo y femenino dijo entre susurros:
-¡Y!... ¿Por qué tan solo?, guapo.
Tomé aire. Sin realizar movimiento alguno, respondí sereno:
-Si quisiera compañía recurriría a los servicios de una puta.
En ese momento abrí los ojos. Una grotesca figura con piernas de futbolista se alejaba dentro de un vestido lila, riñendo con su andar para parecer mujer.
Miré a mí alrededor. Quería asegurarme de que no se trataba de alguna broma de borrachos.
Bebí un largo sorbo y dije en voz baja:
-Estamos rodeados…
Seguí bebiendo. Metí la mano en el bolsillo derecho de mi saco y percibí lo harapienta que traía la funda del atuendo.
Extraje una pequeña libreta granate y un lápiz.
Apunté:
“1) Redoblar dieta.
“2) Comprar una funda para el bolsillo del saco”.
“3) Trata de escribir tus puntos finales (.) un tanto más grandes que los seguidos”.
………………………………………………………
NO TE LO PIERDAS…
Mujeres de pasos lentos, firmes y curvas peligrosas.
Mujeres de rostros apagados y frustraciones a flor de piel.
Mujeres obesas, sonrientes, impacientes.
Mujeres flacas, tristes, distantes.
Mujeres con sus novios, mascotas carteras, cuadernos y jeans.
Quien se rehúse a irrumpir en sus destinos se pierde media tajada de luz y oscuridad en este infierno.
………………………………………………………
BLINDADO…
-¡¡OYE!!... HOY TENEMOS HARTO TRABAJO… ¿PUEDES QUEDARTE (sinónimo de: debes quedarte) UN PAR DE HORAS MAS? –gritó el jefe en tono burlón. Siempre lo hacen en ese tono.
-¡Claro!... No hay problema –contesté con falsa euforia.
Mientras respondía palpé las cápsulas que traía en el bolsillo del pantalón.
-¡¡EXCELENTE!! –dijo el jefe y añadió: -LUEGO RECIBIRAS TU PAGA POR LAS HORAS EXTRAS –soltó una carcajada de jefe.
Durante esa interminable jornada repetí satisfecho e incansable:
-Vienes blindado… Vienes blindado… Vienes completamente blindado.
……………………………………………
CUANDO LO PIERDES…
La conocía de algún lugar. Le saludé con una mueca. Fingió reconocerme y me acerqué. Dije: Hola. Ella respondió con un: Hola, tanto tiempo.
Y hablamos del clima, la hora, del servicio de ese centro comercial…
Intenté recordarla.
Tras quince minutos de preguntas y respuestas colmadas de falsa cordialidad, de temas sin interés ni mucho sentido, expliqué que debía marcharme.
-Esta bien, adiós –dijo ella y se despidió indiferente.
Mientras termino de escribir esto, aún me pregunto si ese encuentro fue fruto de la confusión o del olvido.
……………………………………………………….
BASURA…
Comían y bebían y presentaban los detalles de un informe sobre “Índices de Pobreza” del presente año, elaborado por un organismo internacional.
-Son personas empapadas en el tema –pensé -Sí, eso son, empujando algo más de atún o aceitunas en la garganta, pero claro, con mucha clase.
-Yo vino –dijo una con arrugas hasta en las uñas.
-Yo champán –exclamó un gordo calvo.
Yo bebía y comía también.
La doble moral se posó en mis hombros, y sin perder la calma y en pose de sucio egoísta soltó algo como:
-Reflexiona… Cincuenta lo hacen por los millones del “Índice”. No todos pueden estar del mismo lado.
-¡¡BASURA!! –respondí con todas mis fuerzas.
En ese momento, cincuenta depósitos de etiquetas y perfumes de difícil pronunciación clavaron sus cien ojos en mi etílica existencia.
Acorralado sentencié:
-Prosigan, señores… Hagan de cuenta que esos pobres del “Índice” no son más que simples barras y porcentajes de colores... En verdad, ustedes disimulan bastante bien la congoja y la preocupación por todo esto.
……………………………………………………….
“KARAOKE”…
Es cierto… Lo reconozco. Cometí un error al entrar a ese lugar… Pero no me quedaba de otra.
Los bares no abrían sino hasta el martes y a mi me entraron ganas de beber un lunes en ese pueblo de mala muerte.
Ahora se por qué la gente también odia los lunes. Claro, yo los odio desde hace mucho tiempo.
Les puedo apostar que si los 365 días del año eran lunes ya todos estaríamos muertos.
Y ahí te tienes el domingo en la noche. Sincronizando el despertador.
Y piensas: Si no fuese el lunes sería el martes.
Imaginas lo que sería odiar los martes como odias los lunes.
¿A dónde voy a por un trago el lunes, luego del trabajo?
Yo encontré un “Karaoke” (maldito invento asiático).
Claro que había alcohol y un tanto de oscuridad, requisitos básicos para empezar una buena noche.
Pero, amigo… ¡Esa gente ladrando ante un monitor! ¡Intentando darle a la sílaba en el momento exacto en el que la pelotita brinca sobre la palabra, sobre la sílaba!...
Hermano… No se lo deseo a nadie.
Y todos volteaban para conocer al que se apoderaba del micrófono.
El de los alaridos, que se consideraba un talento aún no explotado, se montaba en la composición y aullando frenéticamente terminaba de asesinar a la ya inútil creación.
Yo, en verdad, volteaba para mirar con que cara se atrevía uno a hacer semejante cosa.
Me bebí dos botellas, no pude seguir con eso. Me calcé la gorra y desaparecí.
………………………………………………………..........
ESCRIBIENDO QUÉ.
No podía ordenar las ideas, no podía enfocarme en lo que realmente estaba buscando. Sé que me puse a escribir, tengo la certeza de que lo estaba haciendo. Es lo que veía a mí alrededor, una pieza y un hombre, una entrada y ninguna salida, una música realmente buena. Un lápiz escupiendo carbón. Líneas, líneas y trazos indescifrables.
El caos se vuelve tan rutinario, hay indiferencia en el accionar, el frío no nace en las calles, el fuego se apaga en las almas. Nada se detiene, nada es casual, todo es peculiar.
No puedo seguir... me siento tan bien, pero no puedo seguir, no puedo ignorar todo lo que está ocurriendo afuera.
La gente sigue matándose. Escucho los disparos. Los cuchillos se incrustan en este mismo instante. Las sogas dejan sus huellas, ni los cuellos más fuertes, más combativos pueden escapar a esos nudos. Los gemidos y los últimos suspiros son bostezos que anuncian un nuevo día, un habitual nacimiento, un viejo anhelo de libertad.
El caos se vuelve tan rutinario, hay indiferencia en el accionar, el frío no nace en las calles, el fuego se apaga en las almas. Nada se detiene, nada es casual, todo es peculiar.
No puedo seguir... me siento tan bien, pero no puedo seguir, no puedo ignorar todo lo que está ocurriendo afuera.
La gente sigue matándose. Escucho los disparos. Los cuchillos se incrustan en este mismo instante. Las sogas dejan sus huellas, ni los cuellos más fuertes, más combativos pueden escapar a esos nudos. Los gemidos y los últimos suspiros son bostezos que anuncian un nuevo día, un habitual nacimiento, un viejo anhelo de libertad.
CUESTIÓN DE TIEMPO.
Era una noche tranquila. Una de las pocas que quedaban por aquél entonces. El inicio de la Tercera Guerra Mundial era inminente. El que no quería creerlo se engañaba.
Una hermosa luna llena iluminaba los senderos que Plinio, “El perdedor”, debía recorrer para llegar hasta el bar. Lo hacía habitualmente después del trabajo. Si se le podía llamar trabajo (evitar que los gallos atravesaran el corral de las gallinas, en la granja del viejo alemán). Si te pagan por hacer algo parecido, será mejor que lo llames trabajo, y será mejor que te conformes.
“El perdedor”, ingresó al bar a las 21:30. A las 22 ya se encontraba a tono... Se lo tomaba todo muy en serio... Comenzó a beber a los 15 años. Lo hacía por despecho. Eso es lo que decía:
"La vida me ha jugado muy sucio, hermano, por eso bebo, y pienso beber hasta que me olvide del por qué lo hago ¿Alguna objeción?"...
Siempre intentó mostrarse rudo, pero sabía que era frágil como una hoja seca al viento.
El viejo reloj cucú, suspendido a un costado de la barra, marcó las 23:30. No se escuchaba ninguna melodía, sólo el delirar de los borrachos. Voces desencajadas y ásperas; gritos, balbuceos y palabras indescifrables se mezclaban con el humo y el agrio hedor.
Plinio bebía su tequila junto a la barra, no le agradaba observar a los demás perdedores, siempre les daba la espalda.
-Pepu –dijo “El perdedor”- Otra botella... Hoy quiero morir... Más cigarrillos por favor.
Pepu era el dueño del bar. Un hombre de aspecto cadavérico, quizás un asesino serial nunca descubierto. Un animal de sangre fría que nunca dependió de los rayos del sol.
Plinio se largó a beber su tercer tequila... La euforia comenzaba a aflorar.
-¡Baaa!.... No tiene importancia... Es que me pone de muy mal humor... ¿A tí no? Quiero sentirme mejor y sé que podré lograrlo –“El perdedor”no iba a parar. Lanzó un codazo a su izquierda. En la butaca de al lado permanecía inmóvil un mono capuchino disecado. La sonrisa congelada del simio ponía al descubierto los afilados colmillos. Sus ojos fueron remplazados por esferas de vidrio.
-Ese es el problema. Tú no me respondes porque no lo recuerdas, pero yo jamás podré olvidarlo... Mi padre se cansó de repetirlo: “Hijo, debes aprender a guiarte por el sol, él nunca te fallará. Ya me ves a mí, a mis 80 años, completamente seguro de haberlo logrado”.
Yo le preguntaba que había logrado y él me respondía: “Ya sabes, yo lo vi todo, estoy seguro de que guíe a mi espíritu por la senda adecuada. Hijo, no importa la situación, ten presente esta frase: El sol sale para todos... Te preguntarás por qué te digo estas cosas. Es mas, estarás pensando que nada de lo dicho hasta ahora tiene sentido. Y lo tiene hijo mío. La luna no es para ti. Sí, así de sencillo. Olvídate de ella y todo en tu vida se pondrá mejor. La Luna es la que te verá caer. Acuérdate de esto cuando estés sentado a la barra de algún mísero bar, haciéndote esta pregunta una y otra vez: ¿Qué fue lo que hice mal? Ahí está el punto. Ahí está el punto, hijo" –Plinio dejó de hablar, tenía la mirada extraviada. El pequeño simio permanecía inmutable. Varios mechones de pelo marrón se le habían caído. Podía verse la costura en el estómago y un trocito de felpa asomándose en donde antes había un ombligo.
“El perdedor” volvió a su monologo, seguro y distendido, como si se estuviera mirando al espejo.
-Ahí está el punto, mi padre tenía razón, siempre la tuvo. Es ella la que me tiene de esta manera. Maldita... ¡Ah nooo! Pero a ti no te interesa en lo absoluto. Tus antepasados fueron los primeros en explorar el espacio... La inteligencia del hombre al servicio de los monos, ¿o es a la inversa? –Plinio comenzó a gesticular como un hombre poseído.
¡Por favor mister sonrisas, no me vengas con cuentos infantiles! Lo mío es serio y te lo cuento a ti porque no confío en los demás... En ti tampoco confío, pero al menos no te pones como loco... ¿Quieres un trago?... No seas tímido. Estas muy callado esta noche. A ver, por qué no me cuentas una de tus tantas aventuras en el Caribe. O mejor, háblame del circo, sí, aquél del que te ayudé a escapar...
Lo siento, me dejé llevar. Creo que eres el único amigo que tengo... ¡Pero no andes por ahí presumiéndolo! Si lo haces te arranco la cabeza y la lleno de colillas.
“El perdedor” miró a su alrededor. Eran las 3 de la mañana. Todos los borrachos estaban tumbados en sus asientos, los brazos y rostros sobre la mesa. Plinio se puso a observar detenidamente la llama de su cigarrillo. Volvió a mirar para todos lados y con un movimiento brusco estrelló el pitillo contra la frente del pequeño capuchino. Unas chispas cayeron al suelo.
-No te pongas histérico, te lo buscaste, simio. Mi padre tenía razón, uno debe demostrar que tiene la situación bajo control... Lo de la Luna, ya lo voy a solucionar. Es cuestión de tiempo, solo debo recordar en dónde se soltó el cabo –La voz de Plinio adoptó un aparente tono apacible.
-No quiero alarmarte monky, pero creo que estás muerto. Sí, así es, nadie se animó a decírtelo. Tenían miedo de herir tus sentimientos… ¡¡Ja-ja-ja!! No tienes por qué agradecérmelo, para eso están los amigos. Me gusta hablar de frente y...
-¡Ya vamos a cerrar muchachos! -Pepu interrumpió el monólogo. Se puso a golpear la barra con un sucio mazo de cocina. Los borrachos comenzaron a desperezarse... Siempre respetaron al cantinero, quizás por la fama de asesino que se había ganado, o simplemente por el buen trato. Plinio se inclinó levemente en dirección al mono. Esos ojos de cristal lanzaron un centelleo como los de un gato:
-¿Oíste eso amigo? Ya me están echando –“El perdedor” pudo ver que las pequeñas orejas del mono fueron cosidas a la cabeza con un delgado alambre de cobre.
-No te dejes vencer, Chiquitín. Enséñales de qué estas hecho, o de lo que estabas hecho; ja, ja, ja... –Plinio se puso a susurrar, como si estuviera a punto de divulgar un gran secreto -No lo olvides, tenlo siempre presente, tu nunca llegarás a la luna y yo no podré...
-Se acabó, Plinio. Tengo que colocar al simio en su sitió –“El perdedor” enderezó el pescuezo.
-No te hagas problemas, Pepu. Es que me gusta contemplar a ese pequeño animal. Ya lo sabes. Ah... ¿La cuenta?
-Te lo apunto en la libreta –el cantinero asesino conocía el procedimiento.
-Está bien, nos vemos mañana... Oye Pepu, una cosa más... Salúdame a la familia de mi parte.
-Está bien muchacho, ahora vete.
“El perdedor” salió a la calle. Una madrugada bastante fresca en la ciudad. Los obreros se desplazaban presurosos. Muy pronto se sumergirían en sus condenados empleos. Plinio acomodó su pequeño sombrero, caminó unas cuadras. Ingresó al callejón, su caja de cartón le parecía irresistible. Se tendió en ella, echó un vistazo al cielo. La luna ya se había escondido.
-Ya nos vamos a encontrar –“El perdedor” soltó un suspiro y se quedó dormido. Ese día no fue a lo del alemán.
Una hermosa luna llena iluminaba los senderos que Plinio, “El perdedor”, debía recorrer para llegar hasta el bar. Lo hacía habitualmente después del trabajo. Si se le podía llamar trabajo (evitar que los gallos atravesaran el corral de las gallinas, en la granja del viejo alemán). Si te pagan por hacer algo parecido, será mejor que lo llames trabajo, y será mejor que te conformes.
“El perdedor”, ingresó al bar a las 21:30. A las 22 ya se encontraba a tono... Se lo tomaba todo muy en serio... Comenzó a beber a los 15 años. Lo hacía por despecho. Eso es lo que decía:
"La vida me ha jugado muy sucio, hermano, por eso bebo, y pienso beber hasta que me olvide del por qué lo hago ¿Alguna objeción?"...
Siempre intentó mostrarse rudo, pero sabía que era frágil como una hoja seca al viento.
El viejo reloj cucú, suspendido a un costado de la barra, marcó las 23:30. No se escuchaba ninguna melodía, sólo el delirar de los borrachos. Voces desencajadas y ásperas; gritos, balbuceos y palabras indescifrables se mezclaban con el humo y el agrio hedor.
Plinio bebía su tequila junto a la barra, no le agradaba observar a los demás perdedores, siempre les daba la espalda.
-Pepu –dijo “El perdedor”- Otra botella... Hoy quiero morir... Más cigarrillos por favor.
Pepu era el dueño del bar. Un hombre de aspecto cadavérico, quizás un asesino serial nunca descubierto. Un animal de sangre fría que nunca dependió de los rayos del sol.
Plinio se largó a beber su tercer tequila... La euforia comenzaba a aflorar.
-¡Baaa!.... No tiene importancia... Es que me pone de muy mal humor... ¿A tí no? Quiero sentirme mejor y sé que podré lograrlo –“El perdedor”no iba a parar. Lanzó un codazo a su izquierda. En la butaca de al lado permanecía inmóvil un mono capuchino disecado. La sonrisa congelada del simio ponía al descubierto los afilados colmillos. Sus ojos fueron remplazados por esferas de vidrio.
-Ese es el problema. Tú no me respondes porque no lo recuerdas, pero yo jamás podré olvidarlo... Mi padre se cansó de repetirlo: “Hijo, debes aprender a guiarte por el sol, él nunca te fallará. Ya me ves a mí, a mis 80 años, completamente seguro de haberlo logrado”.
Yo le preguntaba que había logrado y él me respondía: “Ya sabes, yo lo vi todo, estoy seguro de que guíe a mi espíritu por la senda adecuada. Hijo, no importa la situación, ten presente esta frase: El sol sale para todos... Te preguntarás por qué te digo estas cosas. Es mas, estarás pensando que nada de lo dicho hasta ahora tiene sentido. Y lo tiene hijo mío. La luna no es para ti. Sí, así de sencillo. Olvídate de ella y todo en tu vida se pondrá mejor. La Luna es la que te verá caer. Acuérdate de esto cuando estés sentado a la barra de algún mísero bar, haciéndote esta pregunta una y otra vez: ¿Qué fue lo que hice mal? Ahí está el punto. Ahí está el punto, hijo" –Plinio dejó de hablar, tenía la mirada extraviada. El pequeño simio permanecía inmutable. Varios mechones de pelo marrón se le habían caído. Podía verse la costura en el estómago y un trocito de felpa asomándose en donde antes había un ombligo.
“El perdedor” volvió a su monologo, seguro y distendido, como si se estuviera mirando al espejo.
-Ahí está el punto, mi padre tenía razón, siempre la tuvo. Es ella la que me tiene de esta manera. Maldita... ¡Ah nooo! Pero a ti no te interesa en lo absoluto. Tus antepasados fueron los primeros en explorar el espacio... La inteligencia del hombre al servicio de los monos, ¿o es a la inversa? –Plinio comenzó a gesticular como un hombre poseído.
¡Por favor mister sonrisas, no me vengas con cuentos infantiles! Lo mío es serio y te lo cuento a ti porque no confío en los demás... En ti tampoco confío, pero al menos no te pones como loco... ¿Quieres un trago?... No seas tímido. Estas muy callado esta noche. A ver, por qué no me cuentas una de tus tantas aventuras en el Caribe. O mejor, háblame del circo, sí, aquél del que te ayudé a escapar...
Lo siento, me dejé llevar. Creo que eres el único amigo que tengo... ¡Pero no andes por ahí presumiéndolo! Si lo haces te arranco la cabeza y la lleno de colillas.
“El perdedor” miró a su alrededor. Eran las 3 de la mañana. Todos los borrachos estaban tumbados en sus asientos, los brazos y rostros sobre la mesa. Plinio se puso a observar detenidamente la llama de su cigarrillo. Volvió a mirar para todos lados y con un movimiento brusco estrelló el pitillo contra la frente del pequeño capuchino. Unas chispas cayeron al suelo.
-No te pongas histérico, te lo buscaste, simio. Mi padre tenía razón, uno debe demostrar que tiene la situación bajo control... Lo de la Luna, ya lo voy a solucionar. Es cuestión de tiempo, solo debo recordar en dónde se soltó el cabo –La voz de Plinio adoptó un aparente tono apacible.
-No quiero alarmarte monky, pero creo que estás muerto. Sí, así es, nadie se animó a decírtelo. Tenían miedo de herir tus sentimientos… ¡¡Ja-ja-ja!! No tienes por qué agradecérmelo, para eso están los amigos. Me gusta hablar de frente y...
-¡Ya vamos a cerrar muchachos! -Pepu interrumpió el monólogo. Se puso a golpear la barra con un sucio mazo de cocina. Los borrachos comenzaron a desperezarse... Siempre respetaron al cantinero, quizás por la fama de asesino que se había ganado, o simplemente por el buen trato. Plinio se inclinó levemente en dirección al mono. Esos ojos de cristal lanzaron un centelleo como los de un gato:
-¿Oíste eso amigo? Ya me están echando –“El perdedor” pudo ver que las pequeñas orejas del mono fueron cosidas a la cabeza con un delgado alambre de cobre.
-No te dejes vencer, Chiquitín. Enséñales de qué estas hecho, o de lo que estabas hecho; ja, ja, ja... –Plinio se puso a susurrar, como si estuviera a punto de divulgar un gran secreto -No lo olvides, tenlo siempre presente, tu nunca llegarás a la luna y yo no podré...
-Se acabó, Plinio. Tengo que colocar al simio en su sitió –“El perdedor” enderezó el pescuezo.
-No te hagas problemas, Pepu. Es que me gusta contemplar a ese pequeño animal. Ya lo sabes. Ah... ¿La cuenta?
-Te lo apunto en la libreta –el cantinero asesino conocía el procedimiento.
-Está bien, nos vemos mañana... Oye Pepu, una cosa más... Salúdame a la familia de mi parte.
-Está bien muchacho, ahora vete.
“El perdedor” salió a la calle. Una madrugada bastante fresca en la ciudad. Los obreros se desplazaban presurosos. Muy pronto se sumergirían en sus condenados empleos. Plinio acomodó su pequeño sombrero, caminó unas cuadras. Ingresó al callejón, su caja de cartón le parecía irresistible. Se tendió en ella, echó un vistazo al cielo. La luna ya se había escondido.
-Ya nos vamos a encontrar –“El perdedor” soltó un suspiro y se quedó dormido. Ese día no fue a lo del alemán.
CON UNA MIRADA.
Ella era rubia y yo un mendigo.
Ella era consciente y yo perdí el empleo.
Ella era dulce y yo me dejé la barba.
Ella era alta y yo hablaba sin decir nada.
Ella era un ángel y yo un demonio.
Ella era el sendero y yo seguía perdido.
Ella era la luz y yo permanecía cegado.
Ella era tranquila, yo peleaba con mis cosas.
Ella era verano, yo desaparecía en el frío.
Ella era una señal de ALTO, yo un despojo sin frenos.
Ella era sus lágrimas y yo mis carcajadas de acero.
Ella era la única, yo uno entre miles.
Ella era mi destino, yo la contemplaba de lejos.
Ella era elocuente, yo asesinaba palabras.
Ella era la paciencia en carne, yo un mocoso malcriado.
Ella era todo eso, yo un simple transeúnte.
Ella era rubia y cruzó la calle, yo la perdí en la oscuridad de la noche.
Ella era consciente y yo perdí el empleo.
Ella era dulce y yo me dejé la barba.
Ella era alta y yo hablaba sin decir nada.
Ella era un ángel y yo un demonio.
Ella era el sendero y yo seguía perdido.
Ella era la luz y yo permanecía cegado.
Ella era tranquila, yo peleaba con mis cosas.
Ella era verano, yo desaparecía en el frío.
Ella era una señal de ALTO, yo un despojo sin frenos.
Ella era sus lágrimas y yo mis carcajadas de acero.
Ella era la única, yo uno entre miles.
Ella era mi destino, yo la contemplaba de lejos.
Ella era elocuente, yo asesinaba palabras.
Ella era la paciencia en carne, yo un mocoso malcriado.
Ella era todo eso, yo un simple transeúnte.
Ella era rubia y cruzó la calle, yo la perdí en la oscuridad de la noche.
AULLANDO.
Pudiste perforar
mi alma
con ese violín.
Astor me odia...
Ese portazo
que diste
la noche aquel
me condujo
a la cocina,
a las dagas
y a las drogas
Vivo aullando
Mordiendo
Temblando
Hurgando
Imitando...
La lluvia eriza
el humor
del loco
que se aloja
en el
apartamento
número siete
En el balcón
de Verónica
un ebrio
clama amor,
comprensión
El húmedo
asfalto
se impone
y un auto
se impregna en
el borrachol...
Yo no entiendo nada.
El fiscal no se lo explica.
El agente delira,
El testigo
se orina
en los pantalones
y se retira...
Es un simple cuerpo
Mutilado manando
Sangre…
FELICIDADES,
Pasaste a engrosar
las estadísticas
de la Policía...
mi alma
con ese violín.
Astor me odia...
Ese portazo
que diste
la noche aquel
me condujo
a la cocina,
a las dagas
y a las drogas
Vivo aullando
Mordiendo
Temblando
Hurgando
Imitando...
La lluvia eriza
el humor
del loco
que se aloja
en el
apartamento
número siete
En el balcón
de Verónica
un ebrio
clama amor,
comprensión
El húmedo
asfalto
se impone
y un auto
se impregna en
el borrachol...
Yo no entiendo nada.
El fiscal no se lo explica.
El agente delira,
El testigo
se orina
en los pantalones
y se retira...
Es un simple cuerpo
Mutilado manando
Sangre…
FELICIDADES,
Pasaste a engrosar
las estadísticas
de la Policía...
PUDRETE.
Abordé el autobús en la parada número dos y debía llegar hasta la veinticinco. En la primera esquina ya comencé a sentir los dolores que hoy al recordarlos me producen espanto.
Eran clavos, agujas, puñales, serpientes de vidrio molido y arañas de acero revolcándose en mi estómago. Comencé a sudar frío y a retorcerme en el asiento. Pensé en ponerme en pie y salir corriendo hasta la puerta trasera.
-¡Diablos!, lo puedo controlar... ¡MIERDA, esto se está poniendo muy feo!... ¿Qué demonios comí hoy?... ¿Pudo ser el dulce de maní con el que acompañe el jugo de bananas del desayuno? ¿El caldo de porotos del almuerzo o el jugo de naranja de la merienda?... ¿Por qué parada vamos, señora? –la vieja que estaba sentada a mi lado debió suponer que me transmutaría ante sus ojos –Es la décima, hijo –respondió la anciana y se pasó a otro asiento. El sudor me caía a chorros del rostro.
¡Al fin!, la parada veinticinco. Corrí a toda prisa y mientras lo hacía maldije mis tripas. Tan sólo dos cuadras y dos pisos y el viejo portero que quería socializar.
-Hola, hijo... ¿Qué tal el trabajo hoy? –el amable tono del conserje se veía distorsionado por el tremendo esfuerzo que realizaba su boca para sostener el paladar.
-¡Púdrete!...grité - ¡Lo siento, Don José, no es nada personal!- el viejo quedó petrificado.
¡¿Y las malditas llaves?!... En la mochila... ¿En qué bolsillo? -¡Estáte quieta, por favor! –presioné mi estomago con la mano izquierda y con la diestra introduje la llave en la cerradura. En ese instante la rubia del 13 atravesó el pasillo.
-Hola, ¿cómo estas? –su tono era angelical.
-¡Púdrete ahí dentro!... volví a gritar - ¡Lo siento, te aseguro que no es nada personal! –ya se me salían las... las... las orejas.
La blonda soltó una ofensa y descendió bruscamente por las escaleras... La cerradura no cedía... ¡La llave equivocada!... ¡Es la plateada, imbécil!... Por fin pude abrir la puerta y crucé al vuelo la sala, entré al baño, encendí la luz y... ¡uuuuf!... ¡auuuch!...
¡¡¡LA CONDENADA CREMALLERA ESTABA TRABADA!!!
Eran clavos, agujas, puñales, serpientes de vidrio molido y arañas de acero revolcándose en mi estómago. Comencé a sudar frío y a retorcerme en el asiento. Pensé en ponerme en pie y salir corriendo hasta la puerta trasera.
-¡Diablos!, lo puedo controlar... ¡MIERDA, esto se está poniendo muy feo!... ¿Qué demonios comí hoy?... ¿Pudo ser el dulce de maní con el que acompañe el jugo de bananas del desayuno? ¿El caldo de porotos del almuerzo o el jugo de naranja de la merienda?... ¿Por qué parada vamos, señora? –la vieja que estaba sentada a mi lado debió suponer que me transmutaría ante sus ojos –Es la décima, hijo –respondió la anciana y se pasó a otro asiento. El sudor me caía a chorros del rostro.
¡Al fin!, la parada veinticinco. Corrí a toda prisa y mientras lo hacía maldije mis tripas. Tan sólo dos cuadras y dos pisos y el viejo portero que quería socializar.
-Hola, hijo... ¿Qué tal el trabajo hoy? –el amable tono del conserje se veía distorsionado por el tremendo esfuerzo que realizaba su boca para sostener el paladar.
-¡Púdrete!...grité - ¡Lo siento, Don José, no es nada personal!- el viejo quedó petrificado.
¡¿Y las malditas llaves?!... En la mochila... ¿En qué bolsillo? -¡Estáte quieta, por favor! –presioné mi estomago con la mano izquierda y con la diestra introduje la llave en la cerradura. En ese instante la rubia del 13 atravesó el pasillo.
-Hola, ¿cómo estas? –su tono era angelical.
-¡Púdrete ahí dentro!... volví a gritar - ¡Lo siento, te aseguro que no es nada personal! –ya se me salían las... las... las orejas.
La blonda soltó una ofensa y descendió bruscamente por las escaleras... La cerradura no cedía... ¡La llave equivocada!... ¡Es la plateada, imbécil!... Por fin pude abrir la puerta y crucé al vuelo la sala, entré al baño, encendí la luz y... ¡uuuuf!... ¡auuuch!...
¡¡¡LA CONDENADA CREMALLERA ESTABA TRABADA!!!
PUROS SUELTOS III
Computadora de Mierda:
La frase “no puedo” es cómplice del “no quiero”.
------------------------------------------------------------------------------
Me quedé sin balas y comencé a colocar mis dientes en el cargador. –¡Ahí te van mis molares, maldito! –escupí a mi temible adversario. Todo fue inútil, su arma disparaba problemas matemáticos que yo no podía resolver.
--------------------------------------------------------------------------------
El arte-sano vendía bollitos de papel y los hacía muy bonitos. Todos querían comprarlos. Pero, más que adquirirlos, se deleitaban observando cuando el hombre los abollaba... Es que lo hace con tanto esmero –suspiró una gorda...
Creo que es el amor que uno le imprime a lo que hace lo que le da el valor... O todos estamos tan vacíos que un simple bollo de papel nos parecía algo sublime y admirable.
----------------------------------------------------------------------------------
Los ricos y los políticos eran en verdad personas muy tristes y solitarias. Intentaban ocultar sus frustraciones a través de la diversión, el lujo y el confort... Creo que, en cambio, nosotros somos afortunados y vivimos felices. ¿O no?... Eh! ¿O no? ¡MIÉRCOLES!, digo, ¡MIERDA!, digo, ¡QUE MIÉRCOLES DE MIERDA!
----------------------------------------------------------------------------------
Mi costal de modales está roto. Es por eso que me faltan algunos buenos modales. Los malos son los últimos en caer.
----------------------------------------------------------------------------------
Me topé con un vagabundo y le pregunté por qué decidió vivir de esa manera... El harapiento hombre soltó una carcajada y respondió orgulloso:
-Hijo, la sociedad y el mundo son para mí una gran fiesta a la que nunca pude asistir. Y no te confundas, tenía boletos para la primera fila.
----------------------------------------------------------------------------------
El campo que estaba contemplando era realmente hermoso y me hacía sentir vivo, volvía a respirar... Revisé los bolsillos delanteros de mi pantalón, los tenía llenos. En los bolsillos traseros encontré lugar. No sé como lo hice, pero todo ese basto paisaje lo introduje en ellos y me lo llevé para la casa.
----------------------------------------------------------------------------------
Cuando tiraba de la cadena del baño les juro que podía oír a la cisterna interpretando “Paint in Black”...
----------------------------------------------------------------------------------
¡¿Paranoico?!... Ha!!!... Te digo que apenas estuve 15 minutos en la parada y vi al mismo autobús pasar dos veces. Los pasajeros intentaron engañarme, se mudaron de asientos y pusieron rostros desentendidos... ¡Ja-ja-ja!... Siempre fui más astuto que ellos.
----------------------------------------------------------------------------------
Esto es algo que me ocurrió en una de mis tantas caminatas.
Encontré a un viejo amigo y me saludó efusivamente. Sin pensarlo, le di un puñetazo y le rompí media cara... -¿Qué manera más extraña de saludar a un amigo es esa?- pensé y me alejé silbando.
---------------------------------------------------------------------------------
Las nubes parecían trozos de algodón suspendidos en el aire. Mi rostro seguía desencajado... Se convirtieron en humo de café y salían de una pequeña taza de porcelana blanca... La camarera trajo la cuenta, pagué y salí a la calle... Lloviznaba, observé los rostros de las personas y me dieron ganas de largarme a llorar.
----------------------------------------------------------------------------------
Ese auto por poco me atropella... Pensé que el conductor me había cedido el paso y yo se lo agradecí saludando con la mano. Cosas muy feas me gritó al pasar... Creo que a los conductores no les gusta que nos atravesemos en su camino y mucho menos que intentemos pasar por debajo de sus autos.
----------------------------------------------------------------------------------
El otro día trabajé más de 48 horas corridas. Mis compañeros muy asombrados preguntaron cómo podía hacer para aguantar tantos días sin parar, sin bañarme y sin volver a casa.
----------------------------------------------------------------------------------
Alguien se la pasaba eructando en el autobús. ¡¿Quién será ese el puerco?! –indagué... Mi enojo creció... Miré a mí alrededor, yo era el único pasajero… Comencé a reír como un desquiciado.
----------------------------------------------------------------------------------
Carlos era un vagabundo de 8:00 a 12:00... De 14:00 a 18:00 se desempeñaba como un prometedor mendigo y los fines de semana hacía de pastor en una pequeña capilla de su barrio.
----------------------------------------------------------------------------------
Enchufé la plancha y fui a dar unas cuantas vueltas por las habitaciones mientras esta tomaba temperatura. Sentí mucha hambre y me dirigí a la heladera. Cené algo, no recuerdo qué, luego me fui a dormir.
Los aullidos de las sirenas me despertaron, había mucho humo y el calor de la habitación era sofocante.
-¡Debe salir, el lugar se viene abajo! –gritó alguien.
-Pero todavía no he planchado –atiné a decir.
----------------------------------------------------------------------------------
Eran tiempos bastante acelerados y los hombres ya no usaban sillas puntos ni comas las ideas incoherentes nunca faltaban en las casas
----------------------------------------------------------------------------------
-Un poco más a la izquierda, no, más a la derecha, levántala un poco de tu lado... Volvamos a intentarlo de otra manera.
-Oye José, creo que el ataúd le queda muy pequeño a esta señora.
******
-¡Presta atención!... Se siente tan bien asesinar personas, pero ya no lo haré... Ya sabes... El que dirán.
******
-¡Cuándo pienses hacer algo productivo con tu vida, me avisas! –dijo mi padre con voz de mando... Luego cerró la puerta y el mundo se vino abajo.
******
Paso todos los días por esos lugares: la cama, el baño, la nevera, la cocina, el escritorio, los libros, etc... Que alguien responda a mi agobiante duda:
¿Es tan inmenso el mundo, o simplemente lo complico todo?
******
-¿Por qué escribes puros párrafos sueltos? ¿Estás imitando a algún escritor? –dijo el editor.
-No... Sucede que el tiempo corre muy aprisa y las ideas también –respondí indiferente.
******
-Hace tiempo que no veo a un ser humano. Solo espectros que apagan sus despertadores, planchan con odio sus camisas, se esfuerzan por estar al día con sus cuentas, imitan cada vez mejor la risa y se deprimen si se acaba el enjuague...
-Tienes razón, pero... ¿Qué piensas hacer al respecto?
-Nada, simplemente me detendré a observarlos.
******
El calor de aquella tarde se tornó infernal. Los ángeles caían derretidos como leche sobre el asfalto. Las bocinas de los autos desarrollaron su propio dialecto y así reñían: ¡Pííííííííp!: más aprisa, me estoy quemando vivo. ¡Pííípííí!: yo no la estoy pasando mejor aquí. ¡Pííííííípíííípííííííííí!: que alguien nos libre de esta maldita hoguera…
******
-El mundo no fue creado para ti... El mundo no fue creado para ti... El mundo no fue creado para ti.
-¡Muy bien!... Repítelo todas las mañanas.
******
Llévate todo lo que encuentres a tu paso, menos mis madrugadas.
..................................................................................................
SPOT:
¡¡Señor!!... ¡¡Señora!!... En estas Fiestas deje de lado los obsequios convencionales y regale un “RUMOR”...
¡¡NO LO OLVIDES!!... REGALA UN RUMOR Y MANTENÉ INTRIGADOS A TUS SERES QUERIDOS...
**********
La frase “no puedo” es cómplice del “no quiero”.
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Me quedé sin balas y comencé a colocar mis dientes en el cargador. –¡Ahí te van mis molares, maldito! –escupí a mi temible adversario. Todo fue inútil, su arma disparaba problemas matemáticos que yo no podía resolver.
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El arte-sano vendía bollitos de papel y los hacía muy bonitos. Todos querían comprarlos. Pero, más que adquirirlos, se deleitaban observando cuando el hombre los abollaba... Es que lo hace con tanto esmero –suspiró una gorda...
Creo que es el amor que uno le imprime a lo que hace lo que le da el valor... O todos estamos tan vacíos que un simple bollo de papel nos parecía algo sublime y admirable.
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Los ricos y los políticos eran en verdad personas muy tristes y solitarias. Intentaban ocultar sus frustraciones a través de la diversión, el lujo y el confort... Creo que, en cambio, nosotros somos afortunados y vivimos felices. ¿O no?... Eh! ¿O no? ¡MIÉRCOLES!, digo, ¡MIERDA!, digo, ¡QUE MIÉRCOLES DE MIERDA!
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Mi costal de modales está roto. Es por eso que me faltan algunos buenos modales. Los malos son los últimos en caer.
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Me topé con un vagabundo y le pregunté por qué decidió vivir de esa manera... El harapiento hombre soltó una carcajada y respondió orgulloso:
-Hijo, la sociedad y el mundo son para mí una gran fiesta a la que nunca pude asistir. Y no te confundas, tenía boletos para la primera fila.
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El campo que estaba contemplando era realmente hermoso y me hacía sentir vivo, volvía a respirar... Revisé los bolsillos delanteros de mi pantalón, los tenía llenos. En los bolsillos traseros encontré lugar. No sé como lo hice, pero todo ese basto paisaje lo introduje en ellos y me lo llevé para la casa.
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Cuando tiraba de la cadena del baño les juro que podía oír a la cisterna interpretando “Paint in Black”...
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¡¿Paranoico?!... Ha!!!... Te digo que apenas estuve 15 minutos en la parada y vi al mismo autobús pasar dos veces. Los pasajeros intentaron engañarme, se mudaron de asientos y pusieron rostros desentendidos... ¡Ja-ja-ja!... Siempre fui más astuto que ellos.
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Esto es algo que me ocurrió en una de mis tantas caminatas.
Encontré a un viejo amigo y me saludó efusivamente. Sin pensarlo, le di un puñetazo y le rompí media cara... -¿Qué manera más extraña de saludar a un amigo es esa?- pensé y me alejé silbando.
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Las nubes parecían trozos de algodón suspendidos en el aire. Mi rostro seguía desencajado... Se convirtieron en humo de café y salían de una pequeña taza de porcelana blanca... La camarera trajo la cuenta, pagué y salí a la calle... Lloviznaba, observé los rostros de las personas y me dieron ganas de largarme a llorar.
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Ese auto por poco me atropella... Pensé que el conductor me había cedido el paso y yo se lo agradecí saludando con la mano. Cosas muy feas me gritó al pasar... Creo que a los conductores no les gusta que nos atravesemos en su camino y mucho menos que intentemos pasar por debajo de sus autos.
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El otro día trabajé más de 48 horas corridas. Mis compañeros muy asombrados preguntaron cómo podía hacer para aguantar tantos días sin parar, sin bañarme y sin volver a casa.
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Alguien se la pasaba eructando en el autobús. ¡¿Quién será ese el puerco?! –indagué... Mi enojo creció... Miré a mí alrededor, yo era el único pasajero… Comencé a reír como un desquiciado.
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Carlos era un vagabundo de 8:00 a 12:00... De 14:00 a 18:00 se desempeñaba como un prometedor mendigo y los fines de semana hacía de pastor en una pequeña capilla de su barrio.
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Enchufé la plancha y fui a dar unas cuantas vueltas por las habitaciones mientras esta tomaba temperatura. Sentí mucha hambre y me dirigí a la heladera. Cené algo, no recuerdo qué, luego me fui a dormir.
Los aullidos de las sirenas me despertaron, había mucho humo y el calor de la habitación era sofocante.
-¡Debe salir, el lugar se viene abajo! –gritó alguien.
-Pero todavía no he planchado –atiné a decir.
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Eran tiempos bastante acelerados y los hombres ya no usaban sillas puntos ni comas las ideas incoherentes nunca faltaban en las casas
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-Un poco más a la izquierda, no, más a la derecha, levántala un poco de tu lado... Volvamos a intentarlo de otra manera.
-Oye José, creo que el ataúd le queda muy pequeño a esta señora.
******
-¡Presta atención!... Se siente tan bien asesinar personas, pero ya no lo haré... Ya sabes... El que dirán.
******
-¡Cuándo pienses hacer algo productivo con tu vida, me avisas! –dijo mi padre con voz de mando... Luego cerró la puerta y el mundo se vino abajo.
******
Paso todos los días por esos lugares: la cama, el baño, la nevera, la cocina, el escritorio, los libros, etc... Que alguien responda a mi agobiante duda:
¿Es tan inmenso el mundo, o simplemente lo complico todo?
******
-¿Por qué escribes puros párrafos sueltos? ¿Estás imitando a algún escritor? –dijo el editor.
-No... Sucede que el tiempo corre muy aprisa y las ideas también –respondí indiferente.
******
-Hace tiempo que no veo a un ser humano. Solo espectros que apagan sus despertadores, planchan con odio sus camisas, se esfuerzan por estar al día con sus cuentas, imitan cada vez mejor la risa y se deprimen si se acaba el enjuague...
-Tienes razón, pero... ¿Qué piensas hacer al respecto?
-Nada, simplemente me detendré a observarlos.
******
El calor de aquella tarde se tornó infernal. Los ángeles caían derretidos como leche sobre el asfalto. Las bocinas de los autos desarrollaron su propio dialecto y así reñían: ¡Pííííííííp!: más aprisa, me estoy quemando vivo. ¡Pííípííí!: yo no la estoy pasando mejor aquí. ¡Pííííííípíííípííííííííí!: que alguien nos libre de esta maldita hoguera…
******
-El mundo no fue creado para ti... El mundo no fue creado para ti... El mundo no fue creado para ti.
-¡Muy bien!... Repítelo todas las mañanas.
******
Llévate todo lo que encuentres a tu paso, menos mis madrugadas.
..................................................................................................
SPOT:
¡¡Señor!!... ¡¡Señora!!... En estas Fiestas deje de lado los obsequios convencionales y regale un “RUMOR”...
¡¡NO LO OLVIDES!!... REGALA UN RUMOR Y MANTENÉ INTRIGADOS A TUS SERES QUERIDOS...
**********
POLICÍA.
No estoy para juegos. Dame el arma y la placa. Conoces el procedimiento mejor que nadie. ¿Tú crees que esta situación no ha logrado incomodarme? Aún no puedo entender que te ha llevado a cometer esta locura.
¿No has pensado en tu familia? ¿En los años de servicio?... ¡Tu carrera fue a parar al tacho!
No me cabe que un oficial ejemplar como tú haya optado por manchar el uniforme... ¿Qué será de tu vida, amigo? ¿Te detuviste a pensar?... Son quince años de perfeccionamiento los que dejas atrás.
Pero, eres mi mejor amigo. Si te parece que esto es lo tuyo te apoyaré. Sólo te pido un favor. No regreses por aquí con ese maquillaje, con las lentejuelas y los tacones puestos.
Ya sabes, a los demás policías les inquieta ver tan insinuante a su comisario.
¿No has pensado en tu familia? ¿En los años de servicio?... ¡Tu carrera fue a parar al tacho!
No me cabe que un oficial ejemplar como tú haya optado por manchar el uniforme... ¿Qué será de tu vida, amigo? ¿Te detuviste a pensar?... Son quince años de perfeccionamiento los que dejas atrás.
Pero, eres mi mejor amigo. Si te parece que esto es lo tuyo te apoyaré. Sólo te pido un favor. No regreses por aquí con ese maquillaje, con las lentejuelas y los tacones puestos.
Ya sabes, a los demás policías les inquieta ver tan insinuante a su comisario.
FRASES.
Esto ocurrió en el vecindario en donde yo vivía. Era bastante pequeño, el vecindario. Unas quince casas. Todas ellas gozaban de buena salud, de excelentes vicios y mucha vulgaridad.
Cada familia tenía un promedio de cinco hijos. Ya sabes como son: gorditos, flaquitos, pecosos, groseros y maleducados. Más de uno con el moquillo verde cristalizado debajo de las fosas nasales.
Los padres no se quedaban atrás: bigotudos, panzones, esqueléticos, encorvados, barbudos y de malos modales. Más de uno alcohólico e infiel.
De las madres ni hablar; o mejor sí: amas de casa, bigotudas, gordas, chismosas, flacas, amargadas y desaliñadas. Más de una malintencionada y prejuiciosa.
En este vecindario vivía una familia que no parecía encajar. Él: Don Tito. Ella: Doña Inés, quienes llevaban diecisiete años de casados y ningún sólo hijo en su haber... Los rumores decían que ella tenía problemas para encargar. Los rumores decían que el pobre era impotente. Los rumores decían que odiaban a los niños. Es más, decían que ocurrían cosas paranormales en el interior de esa vivienda.
Por todo esto Don Tito y Doña Inés buscaron alejarse de sus vecinos. Salían muy esporádicamente... Del trabajo a la casa, del supermercado a la casa, de la iglesia a la casa, etc.
La verdad acerca de esta marginada pareja era que Doña Inés tenía un desequilibrio hormonal. Había hecho tratamientos con médicos nacionales, extranjeros y curanderos. Llamó a todos los 0904 que ofrecían sus servicios, pero no hubo resultados positivos...
Don Tito nunca perdió las esperanzas. Luego del trabajo se detenía por unos instantes en la plaza para contemplar a los niños jugando.
-Yo sé que vendrás muy pronto para alegrar nuestras vidas, hijo mío. Dios, por favor ilumina y bendice mi hogar con una criatura -luego de cada plegaria Don Tito dejaba caer algunas lágrimas y retornaba a su hogar.
-Hola querida, ¿hay novedades?
-No, mi cielo. Espero que mañana sea un día mejor.
Nunca quisieron recurrir a los tratamientos de última generación. Habían oído hablar de que esas cosas no eran aceptadas por la iglesia y por algunos líderes de opinión.
-Un hijo es un hijo y no un paquete proveniente de un frío laboratorio -repetía una y otra vez Don Tito.
Un día de primavera, cargado de colores y pájaros charlatanes, atolondrados, ocurrió lo inesperado... Lo inesperado para el vecindario. Ustedes ya se lo habrán imaginado. Sí, así es. Doña Inés pudo encargar y los iba a tener trillizos.
Ella no pudo esperar para contárselo al marido. Éste había ido a la guerra... Olvidé comentarles esa parte. Se había iniciado una guerra entre dos países, luego se metió otro y así se fueron sumando. Ya saben como son estas cosas... Absurdas como la vida misma.
Don Tito, al enterarse de la buena nueva, juntó sus pertenencias y se despidió de todos allá en el campo de batalla. Incluso de los enemigos, aquellos a quienes nunca había visto en su vida, pero que debía matar por encargo de otro.
Don Tito retornó al dulce y cálido hogar. Los nueve meses pasaron volando. Para mí... Para ellos debió haber sido una larga y dulce espera.
El parto fue convencional. Incluyeron: sábanas limpias, un recipiente con agua caliente, una comadrona y las respectivas abuelas. Los abuelos no, porque se habían convertido en viejos muy verdes.
Idas y venidas en el pasillo de la casa y cigarros para el futuro papá. El vecindario permaneció ajeno a este acontecimiento.
-¡Nació el primero! -dijo la partera. No hubo palmadita en el trasero, no hubo llanto. El padre quedó paralizado detrás de la puerta.
-¡Vino el segundo! -dijo la abuela paterna. No se oyó sollozo alguno. El padre comenzaba a preocuparse.
-¡El último ya está aquí! -dijo la abuela materna. El padre pensó que eran verdaderos guachitos que se resistían al llanto y a los embates de la vida.
-Puede pasar, Don Tito -dijo la comadrona- contemple a sus hermosos niños. El hombre de la casa se sentía un Rey. Observó a su esposa e hijos con mucho orgullo.
Nadie en la casa se sorprendió con lo que había ocurrido, pero yo y el resto del vecindario sí. No eran exactamente niños, tampoco eran niñas las que vieron la luz ese día.
En la casa de Doña Inés y de Don Tito habían nacido tres frases. Así es, como lo oyeron, o en este caso como lo leyeron. La primera rezaba: “Todo gira todo vuelve”. La segunda: “No hay nada nuevo bajo el sol” y la tercera que decía: “Soy lo que soy y no pienso cambiar”.
Ahí iban los cinco, tomados de la mano. La otrora familia discriminada, ahora una de las más aclamadas. Vinieron de todos los parajes para ver a esos peculiares críos. Los programas de TV ofrecían millones por tenerlos.
Don Tito y Doña Inés permanecieron siempre humildes y sosegados. Quizás por eso recibieron tal paquete.
Ellos sabían que sus hijos (las frases) no llegarían a ser presidentes, doctores, sicarios o asaltabancos algún día. Pero les tranquilizaba saber que esas tres adorables frases estarían en boca de todos, y recorrerían el mundo.
Creo que es así como nacen las frases célebres, o los vecindarios de mala muerte. O, en el peor de los casos: los cuentos y los escritores de mala muerte.
Cada familia tenía un promedio de cinco hijos. Ya sabes como son: gorditos, flaquitos, pecosos, groseros y maleducados. Más de uno con el moquillo verde cristalizado debajo de las fosas nasales.
Los padres no se quedaban atrás: bigotudos, panzones, esqueléticos, encorvados, barbudos y de malos modales. Más de uno alcohólico e infiel.
De las madres ni hablar; o mejor sí: amas de casa, bigotudas, gordas, chismosas, flacas, amargadas y desaliñadas. Más de una malintencionada y prejuiciosa.
En este vecindario vivía una familia que no parecía encajar. Él: Don Tito. Ella: Doña Inés, quienes llevaban diecisiete años de casados y ningún sólo hijo en su haber... Los rumores decían que ella tenía problemas para encargar. Los rumores decían que el pobre era impotente. Los rumores decían que odiaban a los niños. Es más, decían que ocurrían cosas paranormales en el interior de esa vivienda.
Por todo esto Don Tito y Doña Inés buscaron alejarse de sus vecinos. Salían muy esporádicamente... Del trabajo a la casa, del supermercado a la casa, de la iglesia a la casa, etc.
La verdad acerca de esta marginada pareja era que Doña Inés tenía un desequilibrio hormonal. Había hecho tratamientos con médicos nacionales, extranjeros y curanderos. Llamó a todos los 0904 que ofrecían sus servicios, pero no hubo resultados positivos...
Don Tito nunca perdió las esperanzas. Luego del trabajo se detenía por unos instantes en la plaza para contemplar a los niños jugando.
-Yo sé que vendrás muy pronto para alegrar nuestras vidas, hijo mío. Dios, por favor ilumina y bendice mi hogar con una criatura -luego de cada plegaria Don Tito dejaba caer algunas lágrimas y retornaba a su hogar.
-Hola querida, ¿hay novedades?
-No, mi cielo. Espero que mañana sea un día mejor.
Nunca quisieron recurrir a los tratamientos de última generación. Habían oído hablar de que esas cosas no eran aceptadas por la iglesia y por algunos líderes de opinión.
-Un hijo es un hijo y no un paquete proveniente de un frío laboratorio -repetía una y otra vez Don Tito.
Un día de primavera, cargado de colores y pájaros charlatanes, atolondrados, ocurrió lo inesperado... Lo inesperado para el vecindario. Ustedes ya se lo habrán imaginado. Sí, así es. Doña Inés pudo encargar y los iba a tener trillizos.
Ella no pudo esperar para contárselo al marido. Éste había ido a la guerra... Olvidé comentarles esa parte. Se había iniciado una guerra entre dos países, luego se metió otro y así se fueron sumando. Ya saben como son estas cosas... Absurdas como la vida misma.
Don Tito, al enterarse de la buena nueva, juntó sus pertenencias y se despidió de todos allá en el campo de batalla. Incluso de los enemigos, aquellos a quienes nunca había visto en su vida, pero que debía matar por encargo de otro.
Don Tito retornó al dulce y cálido hogar. Los nueve meses pasaron volando. Para mí... Para ellos debió haber sido una larga y dulce espera.
El parto fue convencional. Incluyeron: sábanas limpias, un recipiente con agua caliente, una comadrona y las respectivas abuelas. Los abuelos no, porque se habían convertido en viejos muy verdes.
Idas y venidas en el pasillo de la casa y cigarros para el futuro papá. El vecindario permaneció ajeno a este acontecimiento.
-¡Nació el primero! -dijo la partera. No hubo palmadita en el trasero, no hubo llanto. El padre quedó paralizado detrás de la puerta.
-¡Vino el segundo! -dijo la abuela paterna. No se oyó sollozo alguno. El padre comenzaba a preocuparse.
-¡El último ya está aquí! -dijo la abuela materna. El padre pensó que eran verdaderos guachitos que se resistían al llanto y a los embates de la vida.
-Puede pasar, Don Tito -dijo la comadrona- contemple a sus hermosos niños. El hombre de la casa se sentía un Rey. Observó a su esposa e hijos con mucho orgullo.
Nadie en la casa se sorprendió con lo que había ocurrido, pero yo y el resto del vecindario sí. No eran exactamente niños, tampoco eran niñas las que vieron la luz ese día.
En la casa de Doña Inés y de Don Tito habían nacido tres frases. Así es, como lo oyeron, o en este caso como lo leyeron. La primera rezaba: “Todo gira todo vuelve”. La segunda: “No hay nada nuevo bajo el sol” y la tercera que decía: “Soy lo que soy y no pienso cambiar”.
Ahí iban los cinco, tomados de la mano. La otrora familia discriminada, ahora una de las más aclamadas. Vinieron de todos los parajes para ver a esos peculiares críos. Los programas de TV ofrecían millones por tenerlos.
Don Tito y Doña Inés permanecieron siempre humildes y sosegados. Quizás por eso recibieron tal paquete.
Ellos sabían que sus hijos (las frases) no llegarían a ser presidentes, doctores, sicarios o asaltabancos algún día. Pero les tranquilizaba saber que esas tres adorables frases estarían en boca de todos, y recorrerían el mundo.
Creo que es así como nacen las frases célebres, o los vecindarios de mala muerte. O, en el peor de los casos: los cuentos y los escritores de mala muerte.
CONCRETO
Con gran
esfuerzo logró
incrustar
sus zarpas
en la
blanca pared...
Y pudo ver
brotar
la sangre...
La imagen
dio vida a
una fugaz euforia,
como la del
romance
con los
psicoactivos...
Diez mil
maniáticos
afirman
que el sábado
es el mejor
día de la semana...
Bastaron
dos muñecas
y una hoja
de rasurar
para derribar
ese mito...
esfuerzo logró
incrustar
sus zarpas
en la
blanca pared...
Y pudo ver
brotar
la sangre...
La imagen
dio vida a
una fugaz euforia,
como la del
romance
con los
psicoactivos...
Diez mil
maniáticos
afirman
que el sábado
es el mejor
día de la semana...
Bastaron
dos muñecas
y una hoja
de rasurar
para derribar
ese mito...
SOLO QUERÍA COMPRARLO.
-Hola, estoy interesado en comprar el cabello de carreras que ofrece en el anuncio.
-Sí, como no. Pase nomás que se lo voy a mostrar.
-¡Por todos los Santos! ¿Es ese?
-Cómo cree. Esa es mi esposa. Aquí está el caballo, se llama Rayito.
-Está muy lindo. ¿Por qué lo quiere vender?
-Es que ya no corre como antes. Solía ser un gran campeón. Juntos amasamos buena fortuna.
Todas las mañanas le pregunto cuál es el problema, si está enojado conmigo o si ya no tiene ganas de seguir.
-Un momento, a ver si entiendo. Usted me quiere vender un caballo de carreras que ya no quiere correr.
-Sepa usted señor, siento un cariño especial por este caballo. Me costará mucho desprenderme de él, pero necesito el dinero.
-¿No se da cuenta que así nunca va a convencerme de que lo compre? Hagamos una cosa. Simulemos que yo acabo de llegar. Trate de decirme cosas buenas de su caballo. Hágalo parecer un verdadero haz de la velocidad. Haga que me vuelva loco por querer adquirirlo.
-Lo intentaré, Don. Esteee, este es mi caballo Rayito. Como verá es muy lindo y tiene una brillante sonrisa. Todos los días me despierta a las siete, me lleva el desayuno a la cama, me lee las noticias y saca la basura. Además, tiene unas excusas muy buenas para eludir a los cobradores. Corre más rápido que un rumor de barrio, lo único que sabe hacer es ganar. Le gustan las historias de amor y antes de dormir se toma una cucharadita de miel.
-Sabe señor, no quiero faltarle al respeto. Pero creo que usted como vendedor se muere de hambre.
-No me diga esas cosas patrón.
-Usted me cae bien, voy a ayudarlo. Me llevaré a este animal.
-¡Óigame!, estará fea la pobre, pero no se puede llevar a mi mujer.
-No, le digo que voy a comprarle el caballo.
-Pero si ya es mío.
-No hombre, lo quiero comprar. No me convenció para nada, es más, creo que me mintió en algunas cosas. Para que vea que soy un hombre generoso me lo voy a llevar.
-Gracias, jefe. Me hace un gran favor.
-Está bien. No necesito que su caballo sepa correr o hablar en varios idiomas. Tiene lindo aspecto y creo que estará delicioso.
-¡¿Delicioso?!. No me asuste patrón.
-Digo... Una pregunta. ¿Tuvo algunas infecciones o enfermedades graves?
-Ninguna, le gusta la vida sana.
-Mejor aún. Aquí tiene el dinero. Me voy porque se me hace agua la boca, digo, porque tengo mucho trabajo que hacer.
-Gracias nuevamente, señor. Hasta la próxima. Que lástima que no hay muchas personas como él. ¿Verdad querida?.
-Sí, como no. Pase nomás que se lo voy a mostrar.
-¡Por todos los Santos! ¿Es ese?
-Cómo cree. Esa es mi esposa. Aquí está el caballo, se llama Rayito.
-Está muy lindo. ¿Por qué lo quiere vender?
-Es que ya no corre como antes. Solía ser un gran campeón. Juntos amasamos buena fortuna.
Todas las mañanas le pregunto cuál es el problema, si está enojado conmigo o si ya no tiene ganas de seguir.
-Un momento, a ver si entiendo. Usted me quiere vender un caballo de carreras que ya no quiere correr.
-Sepa usted señor, siento un cariño especial por este caballo. Me costará mucho desprenderme de él, pero necesito el dinero.
-¿No se da cuenta que así nunca va a convencerme de que lo compre? Hagamos una cosa. Simulemos que yo acabo de llegar. Trate de decirme cosas buenas de su caballo. Hágalo parecer un verdadero haz de la velocidad. Haga que me vuelva loco por querer adquirirlo.
-Lo intentaré, Don. Esteee, este es mi caballo Rayito. Como verá es muy lindo y tiene una brillante sonrisa. Todos los días me despierta a las siete, me lleva el desayuno a la cama, me lee las noticias y saca la basura. Además, tiene unas excusas muy buenas para eludir a los cobradores. Corre más rápido que un rumor de barrio, lo único que sabe hacer es ganar. Le gustan las historias de amor y antes de dormir se toma una cucharadita de miel.
-Sabe señor, no quiero faltarle al respeto. Pero creo que usted como vendedor se muere de hambre.
-No me diga esas cosas patrón.
-Usted me cae bien, voy a ayudarlo. Me llevaré a este animal.
-¡Óigame!, estará fea la pobre, pero no se puede llevar a mi mujer.
-No, le digo que voy a comprarle el caballo.
-Pero si ya es mío.
-No hombre, lo quiero comprar. No me convenció para nada, es más, creo que me mintió en algunas cosas. Para que vea que soy un hombre generoso me lo voy a llevar.
-Gracias, jefe. Me hace un gran favor.
-Está bien. No necesito que su caballo sepa correr o hablar en varios idiomas. Tiene lindo aspecto y creo que estará delicioso.
-¡¿Delicioso?!. No me asuste patrón.
-Digo... Una pregunta. ¿Tuvo algunas infecciones o enfermedades graves?
-Ninguna, le gusta la vida sana.
-Mejor aún. Aquí tiene el dinero. Me voy porque se me hace agua la boca, digo, porque tengo mucho trabajo que hacer.
-Gracias nuevamente, señor. Hasta la próxima. Que lástima que no hay muchas personas como él. ¿Verdad querida?.
HABLANDO SE ENTIENDE LA GENTE
Estaba desayunando muy tranquilo. De pronto se me acerca él.
-¿Qué piensas hacer con tu maldita vida? –me grita a la cara.
-¿Se puede saber quién pregunta? –dije yo.
-¡Yo soy tu padre, imbécil!
-Ah, tienes razón.
Los dos nos miramos a los ojos un buen rato. No pronunciamos palabra alguna.
-Perdón hijo. Creo que me confundí.
-Al contrario, perdóneme usted.
Le di un mordisco y no se quejó. Me di cuenta que esa galleta no tenía ojos ni boca. En nada se parecía a mi padre.
Continué desayunando.
-¿Qué piensas hacer con tu maldita vida? –me grita a la cara.
-¿Se puede saber quién pregunta? –dije yo.
-¡Yo soy tu padre, imbécil!
-Ah, tienes razón.
Los dos nos miramos a los ojos un buen rato. No pronunciamos palabra alguna.
-Perdón hijo. Creo que me confundí.
-Al contrario, perdóneme usted.
Le di un mordisco y no se quejó. Me di cuenta que esa galleta no tenía ojos ni boca. En nada se parecía a mi padre.
Continué desayunando.
VERGÜENZA LA QUE TUVE
Me levanté desganado de la cama. Ni siquiera abrí los ojos. Caminé unos pasos y me dirigí al baño. Cerré la puerta. Mientras tarareaba una canción me puse a orinar.
-¡Ésto es intolerable! –gritó una mujer.
Del susto abrí los ojos. Me di cuenta que estaba en plena clase de Lógica.
El castigo fue ejemplar.
-¡Ésto es intolerable! –gritó una mujer.
Del susto abrí los ojos. Me di cuenta que estaba en plena clase de Lógica.
El castigo fue ejemplar.
BESTIA
-¡Carlos!
-¿Qué mi cielo?
-Anoche estuvo aquí la policía... Preguntaron por ti.
-¡Querida!... ¿Otra vez paranoica?
-Mi amor, no sé lo que me estás ocultando, pero tarde o temprano lo voy a descubrir.
-¿De nuevo con tus celos infantiles?
- Volví a encontrar cabellos de mujer en tu chaqueta.
-¿Y qué con eso?... ¿Olvidas que soy estilista de damas?
-No lo olvido, pero... Es que... Esos pelos estaban adheridos a su cuero cabelludo.
-¿Qué mi cielo?
-Anoche estuvo aquí la policía... Preguntaron por ti.
-¡Querida!... ¿Otra vez paranoica?
-Mi amor, no sé lo que me estás ocultando, pero tarde o temprano lo voy a descubrir.
-¿De nuevo con tus celos infantiles?
- Volví a encontrar cabellos de mujer en tu chaqueta.
-¿Y qué con eso?... ¿Olvidas que soy estilista de damas?
-No lo olvido, pero... Es que... Esos pelos estaban adheridos a su cuero cabelludo.
¿AMOR?
¡RINNG... RINNG... RINNG!
Corrí a toda prisa para contestar el teléfono. ¡RINNG... RINNG! Resbalé con la cascara de plátano que minutos antes había arrojado al piso. ¡RINNG... RINNG... RINNG!... Mis brazos se dispararon para adelante. Tanteé el mundo, fue inútil. Me di en el rostro contra el borde de la mesa. ¡RINNG... RINNG! La sangre comenzó a brotar... ¿Era mi nariz o mi boca?... Definitivamente era mi nariz, me la habré quebrado en mil partes. ¡RINNG... RINNG... RINNG!
-Hooo, hooo... llaaa -contesté el aparato intentando sonar normal. Contuve por unos instantes la hemorragia presionando mis dedos contra mis fosas nasales.
-¿Te has resfriado de nuevo? ¿Estás con otra? Te escucho muy extraño. ¿Volviste a beber? –indagó ella.
-Ñooo... mi vida. Es que tengo, un peque... un pequeño problema en la nariz.
¡Faltaste a tu palabra por decimoquinta vez! –nuevamente me estaba gritando del otro lado del condenado teléfono.
Permanecí callado, ella siguió hablando:
-Disculpa cariño, es que tuve un día muy agitado en el trabajo.
¿Cómo estás? –dijo.
-Meflor... no... no... pueyo... e... etar... ¿Shallimos... e... eta... noche? –Atiné a responder. La sangre se escurría entre mis dedos, bajaba por mi mano y seguía hasta mi codo.
Me puse a observar las espesas gotas, de un rojo intenso, estrellándose contra el piso.
Mi novia hizo una pausa y luego estalló:
-Eres un payaso. ¡Volviste a beber!. ¡Madura pedazo de imbécil! ¡Te lo advertí, una estupidez más, eso es lo que faltaba!... Y yo pensé que podías cambiar. ¡Esto se acabó! ¡No quiero volver a verte nunca más! ¡TUUUD... TUD... TUD... TUD!
Colgué el tubo y tomé un trapo. Mientras me limpiaba el rostro pensé:
-¿Qué la pudo haber irritado tanto?... ¿Fue el tono de mi voz o lo que dije?... Vaya uno a saber.
Me dirigí al baño, me limpié el rostro y me mire al espejo... El hombre de la nariz hecha trizas me guiñó el ojo.
Corrí a toda prisa para contestar el teléfono. ¡RINNG... RINNG! Resbalé con la cascara de plátano que minutos antes había arrojado al piso. ¡RINNG... RINNG... RINNG!... Mis brazos se dispararon para adelante. Tanteé el mundo, fue inútil. Me di en el rostro contra el borde de la mesa. ¡RINNG... RINNG! La sangre comenzó a brotar... ¿Era mi nariz o mi boca?... Definitivamente era mi nariz, me la habré quebrado en mil partes. ¡RINNG... RINNG... RINNG!
-Hooo, hooo... llaaa -contesté el aparato intentando sonar normal. Contuve por unos instantes la hemorragia presionando mis dedos contra mis fosas nasales.
-¿Te has resfriado de nuevo? ¿Estás con otra? Te escucho muy extraño. ¿Volviste a beber? –indagó ella.
-Ñooo... mi vida. Es que tengo, un peque... un pequeño problema en la nariz.
¡Faltaste a tu palabra por decimoquinta vez! –nuevamente me estaba gritando del otro lado del condenado teléfono.
Permanecí callado, ella siguió hablando:
-Disculpa cariño, es que tuve un día muy agitado en el trabajo.
¿Cómo estás? –dijo.
-Meflor... no... no... pueyo... e... etar... ¿Shallimos... e... eta... noche? –Atiné a responder. La sangre se escurría entre mis dedos, bajaba por mi mano y seguía hasta mi codo.
Me puse a observar las espesas gotas, de un rojo intenso, estrellándose contra el piso.
Mi novia hizo una pausa y luego estalló:
-Eres un payaso. ¡Volviste a beber!. ¡Madura pedazo de imbécil! ¡Te lo advertí, una estupidez más, eso es lo que faltaba!... Y yo pensé que podías cambiar. ¡Esto se acabó! ¡No quiero volver a verte nunca más! ¡TUUUD... TUD... TUD... TUD!
Colgué el tubo y tomé un trapo. Mientras me limpiaba el rostro pensé:
-¿Qué la pudo haber irritado tanto?... ¿Fue el tono de mi voz o lo que dije?... Vaya uno a saber.
Me dirigí al baño, me limpié el rostro y me mire al espejo... El hombre de la nariz hecha trizas me guiñó el ojo.
PUROS SUELTOS II
Hinchado de humo, smock y pastillas.
Cruzo una calle, tres o dos.
Gritando al vacío me topo en el suelo.
Estoy planeando continuar.
************************
Solía buscarlo en tus ojos,
en tus frases incoherentes.
Solíamos pasar noches interminables
buscándole el nudo a una rosca,
aplastando ideologías,
estallando de fiebre.
***********************
Yo también me levanto a las 05:00 a.m.
Y me tomo una ducha
Y abordo el autobús
Y me lleva una hora llegar a destino.
Y en el trayecto me siento como
un orangután con dolor de muela
Y aquí me ves: feliz de la vida...
JA,JA,JA,JA!!!
tirado en un colchón barato,
con barba de filósofo
y una resaca de pirata.
**********************
EN UNA PROTESTA:
¡¡Y POR ESO, COMPAÑEROS...
EXIGIMOS AL GOBIERNO
QUE PROSCRIBA EL INVIERNO
Y QUE EN SU REMPLAZO
CUBRA ESTE CIELO
GRIS CON GLOBOS
AEROSTATICOS MULTICOLORES!!
********************************
Cuando el pánico, la desolación
y el sentimiento de culpa me oprimen
y siento no poder escapar,
simplemente, enciendo el televisor
y comienzo a ignorarme por completo.
*********************************
Y de nuevo se largó a llover,
ya lleva una semana...
Demasiadas melodías depresivas,
vidrios empañados
y medios días en la cama.
****************************
Esa mañana Blancanieves despertó
más Blancanieves que nunca, y los
siete enanos se dieron cuenta de que
nunca podrían escapar de sus encantos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
DUENDE DE JARDÍN.
Don Arturo de la Fuente vivía en un barrio residencial... ¿Cómo identificamos un barrio así? Sencillo, simplemente debes fijarte en las casas lujosas, de frondosos jardines, autos de marca, perros de raza y mucamas metidas en uniformes que parecen no tener forma. Otro detalle fundamental, nunca verás a los propietarios sentados frente a sus casas, rascándose, riendo a carcajadas, o regañando al hijo menor, fruto del quinto matrimonio, sólo porque al mocoso le da por hurgarse la nariz con el dedo gordo del pie.
A buen tiempo, ahora no podrás confundir una zona residencial con un barrio de carne y hueso, de esos que crecen tan deformes y colmados de vicios.
Don Arturo de la Fuente nació y creció en el seno de una familia acaudalada, nunca le faltaron lujo y confort, pero de todas maneras se empecinaba en ser infeliz, el motivo: no aprendió a ser frívolo, superficial y avaro como todos los demás magnates... Fue por eso que decidió vivir en un barrio residencial, aunque suene contradictorio. Él quería ejercer su posición de millonario y comenzó a nutrirse de los hábitos y peculiaridades de los demás potentados.
Don Arturo se pasó años y años comprando autos del año, remodelando y ambientando su casa e imitando todas las ocurrencias de los vecinos. En realidad, casi todas las ocurrencias...
En cierta ocasión había llegado al barrio la moda de decorar los jardines con figuras de ciervos, flamencos, ardillas, hongos y el infaltable duende -fruto de las mentes más desquiciadas de este mundo-.
-¡Yo quiero uno como ese!, ¿en dónde lo consigo? -exclamó y luego indagó Don Arturo de la Fuente a su vecino, el "Gordo bigotes de morsa", que ya había adquirido un duende.
-Vecino, tal el caso... Estos duendes fueron rematados por Blancanieves, luego de convertirse en una víctima más del desbarajuste financiero global. Como sabrá ustéd, sólo existen siete diminutos personajes de estos y ya fueron vendidos en su totalidad... En último caso, sigue a la venta el bambi, pero le advierto que éste tiene un serio problema para permanecer quieto... No se lo recomiendo -cuando acabó de decir esto, la morsa sacó un pez vivo del bolsillo del saco y se lo metió en las fauces.
“Lindo espectáculo”, diría yo si estuviera presente.
-Que pena me da -suspiró Don Arturo de la Fuente y se retiró bailando como un cosaco.
¿Qué tendría este diminuto ser que tanto obsesionaba a Don Arturo de la Fuente? Aparte de su tamaño, la sonrisa electrocutada, el gorro de dormir y las botas de bufón... Nada fuera de lo común, pero el Don no quería echar el brazo a torcer.
-¡Yo quiero tener un duende! –gritó.
Al rato se le ocurrió algo brillante. En realidad, se me ocurrió a mí, pero si me hago responsable de tal idea pensarán que estoy un tanto destornillado.
-¡Ya lo tengo, voy a contratar a un enano bien simpático! -gritó Don Arturo de la Fuente, lo malo fue que lo gritó en plena misa de domingo.
Así lo hizo el acaudalado. Trajo al enano de segunda mano, lo vistió de duende y lo plantó en medio de su jardín, justo al lado del bambi, aquel que sufría ataques de ansiedad e hiperactividad.
Todo marchaba a las mil maravillas. Don Arturo llegaba del trabajo y observaba satisfecho a su prototipo de duende. Éste, a diferencia de los otros, tenía permitido saludar, sonreír y guiñar el ojo. Y ahí estaba el enano, guiñando y sonriendo como todo buen ornamento de jardín...
Lindo, ¿No?... Pero como todo relato debe tener una exposición, nudo y desenlace... Digo, veamos lo que ocurrió.
Pasaron los años y los saludos se fueron convirtiendo en baratas escenas de cine mudo. A Don Arturo de la Fuente ya no lo impresionaba el enano de voz ronca que tenía incrustado en su jardín. Por su parte, el imitador de duende se aburría mucho y el bambi no lo dejaba dormir...
Esta farsa estaba a punto de llegar a su fin.
Una tarde, luego de trabajar y muy decidido, Don Arturo de la Fuente se propuso encarar a su duende asalariado.
-¡Mira, Chepón! -el nombre también era falso- tengo que decirte algo muy importante -en ese instante interrumpió el hombrecillo que sólo tenía permitido decir hola.
-Un mo... mo... momento, Don... Yo... yo... yo también tengo algo que expresarle -dijo cabizbajo el bajo.
-¡Dime, Chepón!... ¿Qué vaina es esa? -respondió el Don, mientras realizaba una formula del segundo DAN de Taekwondo.
-Es que, es que... Don, he decidido renunciar... No se enoje usted conmigo. Pasé momentos muy gratos en su jardín, pero creo que he descubierto mi verdadera vocación -los ojos del enano escupieron unas lágrimas envueltas en terciopelo de leopardo... Raras lágrimas, ¿No?... Sólo un enano emocionado puede llorar de esa manera.
-Comprendo, Chepón... Yo te apoyaré en todo lo que decidas -el Don se ahorró el discurso del despido.
-Verá usted, Don Arturo de la Fuente... Mi gran sueño es trabajar en una oficina, de esas tan confortables y llenas de cosas de oficinas. Me gustaría estar en contacto con personas distinguidas y muy elegantes... Mantener largos diálogos de piedra y charlas inconexas con intelectuales que leen revistas de nombres difíciles de pronunciar... ¿Sabe usted a lo que me refiero? -dijo Chepón al patrón, con todas las ansias del mundo a cuestas.
-Chepón, lo comprendo perfectamente... Deja todo en mis manos. El viernes empezarás una nueva vida –la aguja del medidor del alma del Don pasó de desalmado a buen samaritano.
Y llegó el día soñando por ambos. El "gran" Chepón, que en realidad se llamada Juan Ramón de la Cruz Torales Ledesma, incrustado en su traje verde limón, acompañó al patrón a la oficina... Ambos ingresaron al mismo tiempo por la gran puerta de vidrio, la que tenía impresa la palabra "PRESIDENTE".
-Ya llegamos, Juan Ramón de la Cruz Torales Ledesma, acomódate a tu gusto, luego veremos que cargo hace juego con tu traje -el "PRESIDENTE" tornó su voz un tanto autoritaria.
Juan Ramón de la Cruz Torales Ledesma echó un vistazo a la oficina, se acercó al escritorio y pegó un brinco sobre él. Allí permaneció el ex-duende, ahora todo un pisapapeles y velador en ciertas ocasiones. Se acomodó la corbata y vivió feliz para siempre.
Pero eso no es todo...
Don Arturo de la Fuente descubrió que realizar buenas acciones era más divertido que imitar a las morsas y se dedicó de lleno a esa tarea.
La Morsa volvió a la Antártida, luego de unirse en matrimonio con el bambi. Tuvieron cinco morsas de tupidos cuernos y notables aires de grandeza.
Los siete enanitos fueron ingresados de urgencia a un hospital regional, luego de una extraña intoxicación por la ingestión de trozos de hongos de yeso y mármol.
A buen tiempo, ahora no podrás confundir una zona residencial con un barrio de carne y hueso, de esos que crecen tan deformes y colmados de vicios.
Don Arturo de la Fuente nació y creció en el seno de una familia acaudalada, nunca le faltaron lujo y confort, pero de todas maneras se empecinaba en ser infeliz, el motivo: no aprendió a ser frívolo, superficial y avaro como todos los demás magnates... Fue por eso que decidió vivir en un barrio residencial, aunque suene contradictorio. Él quería ejercer su posición de millonario y comenzó a nutrirse de los hábitos y peculiaridades de los demás potentados.
Don Arturo se pasó años y años comprando autos del año, remodelando y ambientando su casa e imitando todas las ocurrencias de los vecinos. En realidad, casi todas las ocurrencias...
En cierta ocasión había llegado al barrio la moda de decorar los jardines con figuras de ciervos, flamencos, ardillas, hongos y el infaltable duende -fruto de las mentes más desquiciadas de este mundo-.
-¡Yo quiero uno como ese!, ¿en dónde lo consigo? -exclamó y luego indagó Don Arturo de la Fuente a su vecino, el "Gordo bigotes de morsa", que ya había adquirido un duende.
-Vecino, tal el caso... Estos duendes fueron rematados por Blancanieves, luego de convertirse en una víctima más del desbarajuste financiero global. Como sabrá ustéd, sólo existen siete diminutos personajes de estos y ya fueron vendidos en su totalidad... En último caso, sigue a la venta el bambi, pero le advierto que éste tiene un serio problema para permanecer quieto... No se lo recomiendo -cuando acabó de decir esto, la morsa sacó un pez vivo del bolsillo del saco y se lo metió en las fauces.
“Lindo espectáculo”, diría yo si estuviera presente.
-Que pena me da -suspiró Don Arturo de la Fuente y se retiró bailando como un cosaco.
¿Qué tendría este diminuto ser que tanto obsesionaba a Don Arturo de la Fuente? Aparte de su tamaño, la sonrisa electrocutada, el gorro de dormir y las botas de bufón... Nada fuera de lo común, pero el Don no quería echar el brazo a torcer.
-¡Yo quiero tener un duende! –gritó.
Al rato se le ocurrió algo brillante. En realidad, se me ocurrió a mí, pero si me hago responsable de tal idea pensarán que estoy un tanto destornillado.
-¡Ya lo tengo, voy a contratar a un enano bien simpático! -gritó Don Arturo de la Fuente, lo malo fue que lo gritó en plena misa de domingo.
Así lo hizo el acaudalado. Trajo al enano de segunda mano, lo vistió de duende y lo plantó en medio de su jardín, justo al lado del bambi, aquel que sufría ataques de ansiedad e hiperactividad.
Todo marchaba a las mil maravillas. Don Arturo llegaba del trabajo y observaba satisfecho a su prototipo de duende. Éste, a diferencia de los otros, tenía permitido saludar, sonreír y guiñar el ojo. Y ahí estaba el enano, guiñando y sonriendo como todo buen ornamento de jardín...
Lindo, ¿No?... Pero como todo relato debe tener una exposición, nudo y desenlace... Digo, veamos lo que ocurrió.
Pasaron los años y los saludos se fueron convirtiendo en baratas escenas de cine mudo. A Don Arturo de la Fuente ya no lo impresionaba el enano de voz ronca que tenía incrustado en su jardín. Por su parte, el imitador de duende se aburría mucho y el bambi no lo dejaba dormir...
Esta farsa estaba a punto de llegar a su fin.
Una tarde, luego de trabajar y muy decidido, Don Arturo de la Fuente se propuso encarar a su duende asalariado.
-¡Mira, Chepón! -el nombre también era falso- tengo que decirte algo muy importante -en ese instante interrumpió el hombrecillo que sólo tenía permitido decir hola.
-Un mo... mo... momento, Don... Yo... yo... yo también tengo algo que expresarle -dijo cabizbajo el bajo.
-¡Dime, Chepón!... ¿Qué vaina es esa? -respondió el Don, mientras realizaba una formula del segundo DAN de Taekwondo.
-Es que, es que... Don, he decidido renunciar... No se enoje usted conmigo. Pasé momentos muy gratos en su jardín, pero creo que he descubierto mi verdadera vocación -los ojos del enano escupieron unas lágrimas envueltas en terciopelo de leopardo... Raras lágrimas, ¿No?... Sólo un enano emocionado puede llorar de esa manera.
-Comprendo, Chepón... Yo te apoyaré en todo lo que decidas -el Don se ahorró el discurso del despido.
-Verá usted, Don Arturo de la Fuente... Mi gran sueño es trabajar en una oficina, de esas tan confortables y llenas de cosas de oficinas. Me gustaría estar en contacto con personas distinguidas y muy elegantes... Mantener largos diálogos de piedra y charlas inconexas con intelectuales que leen revistas de nombres difíciles de pronunciar... ¿Sabe usted a lo que me refiero? -dijo Chepón al patrón, con todas las ansias del mundo a cuestas.
-Chepón, lo comprendo perfectamente... Deja todo en mis manos. El viernes empezarás una nueva vida –la aguja del medidor del alma del Don pasó de desalmado a buen samaritano.
Y llegó el día soñando por ambos. El "gran" Chepón, que en realidad se llamada Juan Ramón de la Cruz Torales Ledesma, incrustado en su traje verde limón, acompañó al patrón a la oficina... Ambos ingresaron al mismo tiempo por la gran puerta de vidrio, la que tenía impresa la palabra "PRESIDENTE".
-Ya llegamos, Juan Ramón de la Cruz Torales Ledesma, acomódate a tu gusto, luego veremos que cargo hace juego con tu traje -el "PRESIDENTE" tornó su voz un tanto autoritaria.
Juan Ramón de la Cruz Torales Ledesma echó un vistazo a la oficina, se acercó al escritorio y pegó un brinco sobre él. Allí permaneció el ex-duende, ahora todo un pisapapeles y velador en ciertas ocasiones. Se acomodó la corbata y vivió feliz para siempre.
Pero eso no es todo...
Don Arturo de la Fuente descubrió que realizar buenas acciones era más divertido que imitar a las morsas y se dedicó de lleno a esa tarea.
La Morsa volvió a la Antártida, luego de unirse en matrimonio con el bambi. Tuvieron cinco morsas de tupidos cuernos y notables aires de grandeza.
Los siete enanitos fueron ingresados de urgencia a un hospital regional, luego de una extraña intoxicación por la ingestión de trozos de hongos de yeso y mármol.
viernes, 10 de septiembre de 2010
GRIPE
Asiento, ventana, fresco, tenue llovizna, brava tempestad.
Estornudos, pañuelos, consultorio, pastillas, radiografía de tórax.
Reposo, buenos tratos, tos, televisión, cama, libros, música.
Té, mañana, sin fiebre, optimismo, cortinas, aire fresco, radiante sol.
Lunes, despertador, expectorante, papeles, corbatas, maldecir el reloj.
Salida, ojos cansados, trayecto, descanso, noche, píldoras, mejoría.
Cajas vacías, receta arrugada, catarro, indiferencia, un mes, un año, una vida.
¿AHORA QUÉ HACEMOS?
Una tos seca hizo que despertara esa mañana. Observé el reloj. Como de costumbre, varios minutos antes de lo previsto. Un vomito sobrevino a otro y a otro y a otro. Me aseé y me dirigí al trabajo.
Me encontraba en la recepción, casi despierto, esperando que el elevador descendiera de las nubes.
Era uno de esos ascensores con capacidad para soportar 490 kilos (7 personas promedio)... Seamos realistas, nunca he confiado en estos aparatos, pero no estaría yo –día tras día- haciendo cálculos acerca de cuanto podrían pesar las personas con las que habitualmente compartía el trayecto de la Planta Baja al piso 17 para llegar a la oficina.
Conocía a cada uno de mis compañeros y esa mañana en particular ascendí con el Lic. Bogado, un viejo tísico al que le habían diagnosticado una extraña enfermedad terminal -extraña para mí- porque no estaba al tanto de lo que se trataba. También se encontraba Gertrudis, de unos 37 años, con la que he llegado entablar alguna que otra conversación esporádica. Nunca pude descifrar si lo suyo era depresión o amargura o ambas cosas.
Era mi estilo, catalogar a las personas luego de la primera impresión. Esto me servía como arma para eventuales encuentros. Por último estaba ella, Magnolia, aunque no conocía esa flor podría estar seguro de que no la superaba en belleza. Se desempeñaba como secretaria del gerente y no hacía más que ignorarme.
-¿No podría ser un trayecto más ameno?... ¡Vamos, somos cuatro, organicemos una fiesta!... Si esto se detiene nadie sabe lo que puede llegar a ocurrir -frases como esas se cruzaban por mi mente mientras nos elevábamos. Era una buena técnica para evitar concentrarme en los chirridos que soltaban los cabos que debían jalar a la caja plateada.
Cuando el pequeño círculo –ubicado junto a los otros en forma horizontal sobre la puerta- se encendió y marcó el 17 sentí un leve alivio.
Cuando la puerta comenzó a abrirse ya podía verme sentado al escritorio, sorbiendo café y mirando los informes que debía completar.
Cuando la puerta quedó trabada a mitad de proceso experimenté un espantoso escalofrío.
Cuando el ascensor se precipitó al vacío todos comenzaron a gritar y yo tuve tiempo de preguntar: ¡¿Ahora qué hacemos?!.
Una voz, con un marcado tono de conformista, respondió en mi cabeza,
Nada... Simplemente morirnos.
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