viernes, 10 de septiembre de 2010

Rasurada TV.

En el pequeño cuarto de un viejo motel sonaba a todo volumen un tema de los Stones. Era una habitación en completo desorden que contrastaba varios colores, una especie de vómitos de ensaladas brasileñas y pastas italianas sumergidas en humos de mil cigarrillos. En el televisor la transmisión del programa “Famosos hoy, descartables mañana”:

Voz en off del presentador: Odio este trabajo, creo que hoy si me animaré estrangular a esa perra mezquina... Odio a mi cornuda esposa y a mis deformes e ineptos hijos... ¡Hosé!... Necesito otro maldito martini.

Hosé: No quedan tragos, además, estamos al aire, patrón... A mí ni me pagan por esto. 

Voz en off del presentador: ¡¿Qué?!... Malditos infiltrados, están en todas partes... MUY BUENAS TARDES A SU CITA HABITUAL... CON USTEDES LA ÚNICA E INCOMPARABLE: LUCY ZALPINI.  (Aplausos grabados).

Lucy: ¡Bienvenidos a mi programa, porque la idea es mía y no del productor!... Al fin y al cabo, ¿quién se detiene a leer los rumores que escriben las lesbianas y homosexuales de las secciones de artes y espectáculos?... Fui yo la que tuvo que voltearse a medio canal y no ustedes, impotentes frustrados. Pero bueno, vayamos a lo nuestro... En el programa de hoy contamos con la honorable presencia del Comandante de las Fuerzas Policiales de nuestra querida ciudad, John Martín... Bienvenido, John, siéntete como en tu casa,  aunque la tuya de seguro apesta.    

Comandante: Gracias, Lacy... Para mí es un placer tenerte aquí contigo, digo conmigo... No sabes lo mucho que me placería hacerte la del perrito un día de estos... ¡Buf!... ¡Buf!... ¡Buf!... El Comandante, ése soy yo, sí señor... ¡Sí señor!... ¿Cómo te quedó el ojo, Mar-ti-nez?... ¡Cerdo marica!...  

 

El comisario Martínez -con total signo de dejadez: con la barba crecida, en ropa interior y con una cerveza en la mano-  observa el programa desde su casa. Lanza una mueca despectiva y luego dice: ¿Así me pagas por hacer feliz a tu esposa?... ¡¿Así me pagas, hijo de puta?!

 

 

Lucy: Muy bien, comencemos esta amena charla... ¿Cuándo John Martín se da cuenta de que desea ser policía y no una persona de bien?

 

Comandante: En realidad, Lacy, todo ocurrió cuando tenía 10 años... En una radiante mañana de primavera yo me desplazaba veloz en mi bicicleta de asiento banana y contrapedales... No recuerdo muy bien, pero creo que me dirigía al almacén para cumplir con los mandados de mi madre... Mi santa madre, que Dios la tenga en su gracia (al terminar esta frase el oficial se quita la gorra y se la lleva al pecho. Cierra los ojos e inclina la cabeza, como guardando un minuto de silencio).

 

Lucy: Cuéntanos, John... ¿Qué ocurrió luego?

 

Comandante: Como te decía, esa mañana de primavera me dirigía al almacén en mi bicicleta. Al cruzar la calle la pude ver caminando por la acera. Se llamaba Peggy y llevaba unos shorts muy ajustados. Ella tenía 15 años, yo 10... Hasta el día de hoy me pregunto por qué lo hice, ¿qué diablos me impulsó a hacerlo?... Simplemente me puse a pedalear con más fuerza y extendí mis manos para poder sentirla...  Fue un tremendo manotazo, sí señor, directo a sus firmes glúteos... Claro, como era de esperarse, ella se puso a gritar y yo no me detuve sino hasta dos cuadras más adelante. En verdad me detuve porque me invadía una extraña sensación... Ese manotazo no fue tan placentero, lo sentí como las palmadas que solía dar a mi perro luego de descubrirlo mordisqueando mis juguetes... Pero el punto es que ese día comprendí que el placer no nace de las acciones precipitadas, o si lo hace no en mi caso particular.

 

Lucy: Muy emotivo, John... Pero si me permites, ahora debo ir a unos comerciales  ya que no me pagan por hablar con simios sicópatas ni con insaciables ninfómanas multiorgásmicas... Al respecto, mañana tendremos en el estudio a la Primera Dama... No se vayan, volvemos en un instante. (Más aplausos grabados).

 

        (Luego del comercial).

        Lucy: John, me ha quedado una duda acerca de lo que has aseverado en el bloque anterior... ¿Nunca sentiste placer al realizar algo precipitado o lo precipitado le resta placer a tus actos?
       

        Comandante: ¡No, no!... Creo que no has comprendido... A ver... Te daré un ejemplo sencillo... Hay personas que se divierten o entretienen -como mejor prefieras llamarlo- olfateando las bragas sucias de otras personas. El hedor a sales de amonio, a vinagres y frutas fermentadas les produce placer, incluso pueden alcanzar el éxtasis con una simple inhalada... Esa podría ser la verdad absoluta para algunos individuos, pero en mi caso, el verdadero placer radica en la muerte... Ver morir a otras personas... Presenciar el momento en que sucumben ante el poder letal de mi arma reglamentaria... (Mientras John se explaya sobre el tema, Lucy moldea sus uñas con una lima de cartón de lija y la maquilladora le retoca meticulosamente el rostro).
A eso me refiero, linda... Presionar el gatillo y sentirlo como una bola de plastilina cediendo a la yema del índice... Una explosión de colores que podrían anunciar la Navidad o un Año Nuevo... ¿Sabes que en este instante puedo desenfundar mi pistola y derribar a dos tres de tus camarografos?... (John se pone en pie,  desenfunda su pistola plateada, la lleva frente a su rostro y comienza a contemplarla) ¿Sabías que he sometido sexualmente a varios hombres y mujeres con este artefacto metálico?... ¡Ja, ja, ja, ja, ja!... Me da pena decirlo, pero siempre he querido metérselo por el recto a algún mariachi alcoholizado en plena serenata de invierno...¡Ja, ja, ja, ja, ja! (Luego de una larga carcajada, John se seca las lágrimas y vuelve a sentarse. Su rostro denota, con una extraña mueca, total abstracción).


Lucy: Muy genuino de tu parte, cariño... ¿Y qué me cuentas de las tareas que bienes realizando como jefe de la policía? (Mientras Lucy formula esta pregunta, chequea su dentadura en un diminuto espejo de cartera).

Comandante: En realidad, no me gustaría hablar de ese tema ya que hay muchos delincuentes observando este programa...

Lucy: ¿Pues y de qué te gustaría platicar, Sr. Comandante?... ¡He perdido 40 minutos de mi preciado tiempo escuchando sus enfermisos delirios y frustraciones!... ¡Creo que al menos me merezco una respuesta saludable!

        Comandante: Muy bien, niña... Me parece que esta entrevista se ha salido de su cometido... He puesto lo mejor de mi persona para que este programa alcance una razonable armonía, pero en vista de que no has cooperado en lo absoluto, tendré que retirarme. (John observa su reloj y luego dice). Además, ya es hora de observar las estrellas y bautizarlas con nombres de simpáticos animales. (Lucy realiza la seña del corte y la cámara hace un paneo horizontal hacia el público).

        Voz en off del locutor:  Y ASÍ FINALIZA OTRA EDICIÓN MÁS DE: “FAMOSOS HOY, DESCARTABLES MAÑANA”... CONTINÚEN CON LA PROGRAMACIÓN DE SU CANAL AMIGO... Y TAL VEZ HOY SI PUEDEN EXTRANGULAR A ESA PERRA O CERDO QUE TIENEN A SU LADO... (Y más aplausos grabados).

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