lunes, 13 de septiembre de 2010

CUELLO DE JIRAFA.

Eran días bastantes duros y uno debía enfrentarlos de la misma manera. Las 24 horas convencionales fácilmente se convertían en 12 e incluso en menos. Como si las manecillas del reloj dieran saltos como en una carrera de obstáculos. Pero, aunque no lo creas esas horas eran imposibles de llenar. Cualquier actividad, por atractiva que pareciera, no sobrepasaba los cinco minutos.

Apenas dos temas de tu disco favorito y ya lo estabas maldiciendo todo. Párrafos de Kafka o de Poe perdían fuerza y se convertía en simple nebulosa que inundaba el cerebro y lo hacía aparecer como un órgano añejo sumergido en formol.

Cuando llegabas a sentirte invencible, te pegabas una buena ducha y salías a la calle a jactarte de tus super poderes. Pero todo se derrumbaba al comparar tu semblante con esos rostros encadenados a problemas que se limitaban a echar un vistazo a su alrededor para luego desaparecer como fantasmas...

Cuanta mierda reflejada en esas caras.

En el peor de los casos eres tú el que apesta a amoníaco y ellos a perfumes, a jabones aromáticos y a exóticos inciensos que los convierten en verdaderos maestros del autocontrol. Entonces te preguntas y estas a punto de preguntárselos a ellos, ¿Cómo diablos hacen para estar así? ¿Acaso todos están confabulados para hacerte sentir peor?... Ahí los ves y los oyes silbando, haciendo muecas de niños, chistes absurdos, miradas traviesas, carcajadas electrizadas y miles de monerías que jamás podrías realizar de manera espontánea.

Así te vas alejando cada vez más de este infierno con su cielo incorporado y te fijas en cosas que para muchos carecen de sentido. Una especie de disloque, un desdoblamiento de la personalidad como dirían otros... Ahora puedes ver que unas aceitunas aplastadas en el asfalto han perdido su color y no son más que figuras sacadas de contexto... Al pasar frente a una casa de treinta ventanas simplemente fijas la vista en una de ellas y ahí está ella, mirándote con sus ojos de mar profundo mientras se arregla el dorado cabello...

Realizas un gran esfuerzo para mantener el hilo de una charla, a sabiendas que ni a ti ni a tu interlocutor le interesan en lo más mínimo el tema de la conversación. Mientras tú respondes, él piensa en lo estúpido que puede llegar a ser un hombre y mientras él formula sus preguntas tú ideas la mejor manera para hacerlo desaparecer.

Lo único que te mantiene en pie es la duda, querer saber que hay más allá. Si en realidad todo es un eterno girar... Si la vida simplemente se repite de manera absurda y no lo podemos notar...

Es saber de uno mismo, tener al egoísmo como único compañero y fingir interés por los demás...

La hipocresía es una de las carreras que no necesitan títulos para ser ejercidas y podemos encontrar a varios doctos en esta materia...


No hay retorno... No hay vuelta atrás... Ya nada volverá a ser como antes... Esos días se han ido...
El futuro nos espera... Mañana será un día mejor... No todo está perdido... Nos queda un intento más...

Cuando llegues a este punto estarás lo suficientemente sumergido y anestesiado como para intentar luchar... Déjalo que fluya, que corra entre tus venas...

El mundo que creaste no te dejará escapar...

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