Abordé el autobús en la parada número dos y debía llegar hasta la veinticinco. En la primera esquina ya comencé a sentir los dolores que hoy al recordarlos me producen espanto.
Eran clavos, agujas, puñales, serpientes de vidrio molido y arañas de acero revolcándose en mi estómago. Comencé a sudar frío y a retorcerme en el asiento. Pensé en ponerme en pie y salir corriendo hasta la puerta trasera.
-¡Diablos!, lo puedo controlar... ¡MIERDA, esto se está poniendo muy feo!... ¿Qué demonios comí hoy?... ¿Pudo ser el dulce de maní con el que acompañe el jugo de bananas del desayuno? ¿El caldo de porotos del almuerzo o el jugo de naranja de la merienda?... ¿Por qué parada vamos, señora? –la vieja que estaba sentada a mi lado debió suponer que me transmutaría ante sus ojos –Es la décima, hijo –respondió la anciana y se pasó a otro asiento. El sudor me caía a chorros del rostro.
¡Al fin!, la parada veinticinco. Corrí a toda prisa y mientras lo hacía maldije mis tripas. Tan sólo dos cuadras y dos pisos y el viejo portero que quería socializar.
-Hola, hijo... ¿Qué tal el trabajo hoy? –el amable tono del conserje se veía distorsionado por el tremendo esfuerzo que realizaba su boca para sostener el paladar.
-¡Púdrete!...grité - ¡Lo siento, Don José, no es nada personal!- el viejo quedó petrificado.
¡¿Y las malditas llaves?!... En la mochila... ¿En qué bolsillo? -¡Estáte quieta, por favor! –presioné mi estomago con la mano izquierda y con la diestra introduje la llave en la cerradura. En ese instante la rubia del 13 atravesó el pasillo.
-Hola, ¿cómo estas? –su tono era angelical.
-¡Púdrete ahí dentro!... volví a gritar - ¡Lo siento, te aseguro que no es nada personal! –ya se me salían las... las... las orejas.
La blonda soltó una ofensa y descendió bruscamente por las escaleras... La cerradura no cedía... ¡La llave equivocada!... ¡Es la plateada, imbécil!... Por fin pude abrir la puerta y crucé al vuelo la sala, entré al baño, encendí la luz y... ¡uuuuf!... ¡auuuch!...
¡¡¡LA CONDENADA CREMALLERA ESTABA TRABADA!!!
No hay comentarios:
Publicar un comentario