Cuando estés tendido en el piso de tu habitación, mirando al techo, con el cuerpo totalmente relajado.
A tu alrededor, las personas con las que siempre haz convivido... Ellos te hablarán, sus gestos transmitirán preocupación... Sus simples almas contemplarán a la indiferencia en persona.
Verás lágrimas reales brotar de esos ojos defraudados.
Un espeso clima se adueñara de la habitación... Portazos, pasos bruscos, tirones de pelo, miradas esquivas... Nada, nada podrá inmutarte.
La impotencia y desesperación de los demás te parecerán exageradas. Tú sabrás el por qué, pero no les interesará en lo absoluto. De nada servirán las explicaciones... Será mejor dejarlo así.
De pronto se te ocurrirá algo, simplemente para llenar el vacío o intentar remediar la situación... Creerás que tienes una frase inteligente y entonces dirás algo como:
“El bolígrafo deja de escribir cuando lo pongo de cabeza”.
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