1 Siento cada despertar
como una caída de bruces,
atado de pies y manos.
El inevitable porrazo contra el concreto.
Explosión de carne y huesos.
Destellos, dolores indescriptibles.
Contusión, confusión, jaqueca.
El dolor se posa en todo el cuerpo.
Duele parpadear, respirar.
Duele y atemoriza pensar
lo que depara un día más
en ninguna parte.
El terror llega al bar y pide
una botella de nervios.
Se lo sirven y consume, consume
y consume.
El cuerpo tiembla aunque
desconoce el peligro que lo acecha.
El sol mata, la brisa de las 7 mata,
la presencia de alguien mata,
la soledad, el silencio y el ruido
matan.
En esta guerra interna abundan
los suicidas, los ermitaños olvidados
y los locos de semblantes fracturados,
genios brillantes dopados y alcoholizados.
¿Acaso hay opciones para evitar esto?
¡Ah!... Hoy no asistiré a este día,
a la rutina, a las verdades y mentiras,
al “natural” proceso de socialización.
Quizás mañana lo haga.
2.
Al fin podré descansar.
Tengo un arma en la mano.
Estoy decidido a hacerlo.
Pero no tengo fuerzas,
el cañón no tiene orificio,
el tambor dejó de girar,
el martillo está roto,
el gatillo trabado,
ni siquiera tengo balas.
Aún me quedan excusas
para un día.
¿Para dos o tres años más?
3.
¡Doctor, doctor!...
¡Ja, ja, ja, ja, ja!...
¿No le parece simpático?
Hace unos meses, al salir
del trabajo, un coágulo obstruyó
la irrigación sanguínea de una de
las tantas venas
que traigo en el cerebro.
¡Ja, ja, ja, ja, ja!...
Y hoy ni siquiera recuerdo
mi nombre...
Pero no lo mandé llamar por eso,
sino para que me explique por qué
no puedo distinguir el suelo del
techo.
4
¡Oye!... Sí, tú...
Espero que no hayas
escogido leerme sólo
porque soy el
párrafo más breve...
Como verás, no tengo
mucho que ofrecer.
5
Era tan, pero tan bruto
que nunca aprendió
a hacerse los nudos
de los zapatos.
Eso sí, los nudos
de garganta
le salían de manera
espontánea.
Y ahí andaba,
a los tropezones y acongojándose
por cualquier cosa.
6
Derribar un autobús
que se acerca a la
parada no es
tan complicado
como parece.
El secreto de
esta tarea radica
en escoger el momento
adecuado para lanzar
el certero puñetazo.
7
Cuando pasaba el camión
de helados salía corriendo
al patio para tapar los oídos
de mi perro, que se largaba a aullar
como lobo cuando escuchaba esa
"musiquita" tan irritante como la
de un ascensor.
*********************
No hay comentarios:
Publicar un comentario