-Hola, estoy interesado en comprar el cabello de carreras que ofrece en el anuncio.
-Sí, como no. Pase nomás que se lo voy a mostrar.
-¡Por todos los Santos! ¿Es ese?
-Cómo cree. Esa es mi esposa. Aquí está el caballo, se llama Rayito.
-Está muy lindo. ¿Por qué lo quiere vender?
-Es que ya no corre como antes. Solía ser un gran campeón. Juntos amasamos buena fortuna.
Todas las mañanas le pregunto cuál es el problema, si está enojado conmigo o si ya no tiene ganas de seguir.
-Un momento, a ver si entiendo. Usted me quiere vender un caballo de carreras que ya no quiere correr.
-Sepa usted señor, siento un cariño especial por este caballo. Me costará mucho desprenderme de él, pero necesito el dinero.
-¿No se da cuenta que así nunca va a convencerme de que lo compre? Hagamos una cosa. Simulemos que yo acabo de llegar. Trate de decirme cosas buenas de su caballo. Hágalo parecer un verdadero haz de la velocidad. Haga que me vuelva loco por querer adquirirlo.
-Lo intentaré, Don. Esteee, este es mi caballo Rayito. Como verá es muy lindo y tiene una brillante sonrisa. Todos los días me despierta a las siete, me lleva el desayuno a la cama, me lee las noticias y saca la basura. Además, tiene unas excusas muy buenas para eludir a los cobradores. Corre más rápido que un rumor de barrio, lo único que sabe hacer es ganar. Le gustan las historias de amor y antes de dormir se toma una cucharadita de miel.
-Sabe señor, no quiero faltarle al respeto. Pero creo que usted como vendedor se muere de hambre.
-No me diga esas cosas patrón.
-Usted me cae bien, voy a ayudarlo. Me llevaré a este animal.
-¡Óigame!, estará fea la pobre, pero no se puede llevar a mi mujer.
-No, le digo que voy a comprarle el caballo.
-Pero si ya es mío.
-No hombre, lo quiero comprar. No me convenció para nada, es más, creo que me mintió en algunas cosas. Para que vea que soy un hombre generoso me lo voy a llevar.
-Gracias, jefe. Me hace un gran favor.
-Está bien. No necesito que su caballo sepa correr o hablar en varios idiomas. Tiene lindo aspecto y creo que estará delicioso.
-¡¿Delicioso?!. No me asuste patrón.
-Digo... Una pregunta. ¿Tuvo algunas infecciones o enfermedades graves?
-Ninguna, le gusta la vida sana.
-Mejor aún. Aquí tiene el dinero. Me voy porque se me hace agua la boca, digo, porque tengo mucho trabajo que hacer.
-Gracias nuevamente, señor. Hasta la próxima. Que lástima que no hay muchas personas como él. ¿Verdad querida?.
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