-Ya me había quitado esa maldita idea de la cabeza... Estoy pensando en otras cosas... ¿En qué estoy pensando?... Sí, estoy pensando en otras cosas- Lo repetía una y otra vez en voz baja, mis dientes crujían, mi cuerpo parecía estallar... Me desplazaba sin velocidad aparente a través del pasillo... Los puños fuertemente cerrados, el puñal no podía estar mejor afilado... Disparaba miradas de reojo en dirección a las puertas del largo trayecto... -Esta en la 86, esta en la 86, esa es la 79, la 80, la 81, la 82, no, no, está en la 86, estoy pensando en otras cosas, ya no la tengo en mente... No toques con ira, respira profundo, enderézate, disfruta el momento, mírala a los ojos... Esa es... ¡Toca, toca! Con fuerza, sin desesperación, firme... ¡Ahora!... ¡Ahora!...
Ella dejó que la puerta se deslizara para dentro... Tenía una sonrisa celestial, esos ojos de ángel que tanto había amado... La vi más hermosa que nunca... Y lo hice una y otra vez, sin detenerme... Cerré los ojos, no podía oír nada... Sentí la carne desgarrándose en mi empapado puño... Nadie dijo nada, todo fue muy rápido... –No me mires de esa manera... No esta vez, nena... Sabes que te amo, solo tu lo sabes... No lo hagas, nena... Te lo ruego, solo por esta vez... No estoy pensando en nada... Ya no lo hago... Ahora estoy en otras cosas- Descendí por la escalera, una extraña sensación se apodero de mi... Mis músculos se habían desinflado... Todo se veía borroso...
-En verdad estoy pensando en otras cosas- dije y me incorporé en la cama. Eras las 02.00 de la mañana. Estaba empapado en sudor.
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