¡RINNG... RINNG... RINNG!
Corrí a toda prisa para contestar el teléfono. ¡RINNG... RINNG! Resbalé con la cascara de plátano que minutos antes había arrojado al piso. ¡RINNG... RINNG... RINNG!... Mis brazos se dispararon para adelante. Tanteé el mundo, fue inútil. Me di en el rostro contra el borde de la mesa. ¡RINNG... RINNG! La sangre comenzó a brotar... ¿Era mi nariz o mi boca?... Definitivamente era mi nariz, me la habré quebrado en mil partes. ¡RINNG... RINNG... RINNG!
-Hooo, hooo... llaaa -contesté el aparato intentando sonar normal. Contuve por unos instantes la hemorragia presionando mis dedos contra mis fosas nasales.
-¿Te has resfriado de nuevo? ¿Estás con otra? Te escucho muy extraño. ¿Volviste a beber? –indagó ella.
-Ñooo... mi vida. Es que tengo, un peque... un pequeño problema en la nariz.
¡Faltaste a tu palabra por decimoquinta vez! –nuevamente me estaba gritando del otro lado del condenado teléfono.
Permanecí callado, ella siguió hablando:
-Disculpa cariño, es que tuve un día muy agitado en el trabajo.
¿Cómo estás? –dijo.
-Meflor... no... no... pueyo... e... etar... ¿Shallimos... e... eta... noche? –Atiné a responder. La sangre se escurría entre mis dedos, bajaba por mi mano y seguía hasta mi codo.
Me puse a observar las espesas gotas, de un rojo intenso, estrellándose contra el piso.
Mi novia hizo una pausa y luego estalló:
-Eres un payaso. ¡Volviste a beber!. ¡Madura pedazo de imbécil! ¡Te lo advertí, una estupidez más, eso es lo que faltaba!... Y yo pensé que podías cambiar. ¡Esto se acabó! ¡No quiero volver a verte nunca más! ¡TUUUD... TUD... TUD... TUD!
Colgué el tubo y tomé un trapo. Mientras me limpiaba el rostro pensé:
-¿Qué la pudo haber irritado tanto?... ¿Fue el tono de mi voz o lo que dije?... Vaya uno a saber.
Me dirigí al baño, me limpié el rostro y me mire al espejo... El hombre de la nariz hecha trizas me guiñó el ojo.
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