-Oye... ¿Qué hora tienes?
-No sé, pero si bebo un trago más terminaré hablando de Lucifer o de la madre Teresa, o tal vez me largue a llorar.
-¡Deja esa maldita mierda para un psiquiatra!
-¡Jamás!... Prefiero convertirme en un marsupial antes que reprimir mis ideas.
-Y vamos con lo mismo.
-¿No te has dado cuenta de que la vida es una maldita reacción en cadena.
-Como sea, amigo... ¿Cómo es eso de que intentaste rasurarte las muñecas?
-¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja!... ¿Quién fue el del chisme?
-Hablo en serio, creo que necesitas ayuda profesional.
-¿Quién está capacitado para esto?... Lo siento, tienes razón... Es que si no bebo me parezco a la gelatina de piña... Me pongo amarillo y comienzo a temblar.
-Bien, amigo... Por hoy fue suficiente.
-Sabes una cosa... Si estoy furioso me trago el rencor y dejo que los jugos gástricos hagan el resto.
-¡¿Qué?!
-Nada... Jamás lo entenderías.
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