lunes, 13 de septiembre de 2010

PUROS SUELTOS III

  Computadora de Mierda:
La frase “no puedo” es cómplice del “no quiero”.

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Me quedé sin balas y comencé a colocar mis dientes en el cargador. –¡Ahí te van mis molares, maldito! –escupí a mi temible adversario. Todo fue inútil, su arma disparaba problemas matemáticos que yo no podía resolver.

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El arte-sano vendía bollitos de papel y los hacía muy bonitos. Todos querían comprarlos. Pero, más que adquirirlos, se deleitaban observando cuando el hombre los abollaba... Es que lo hace con tanto esmero –suspiró una gorda...

Creo que es el amor que uno le imprime a lo que hace lo que le da el valor... O todos estamos tan vacíos que un simple bollo de papel nos parecía algo sublime y admirable.

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Los ricos y los políticos eran en verdad personas muy tristes y solitarias. Intentaban ocultar sus frustraciones a través de la diversión, el lujo y el confort... Creo que, en cambio, nosotros somos afortunados y vivimos felices. ¿O no?... Eh! ¿O no? ¡MIÉRCOLES!, digo, ¡MIERDA!, digo, ¡QUE MIÉRCOLES DE MIERDA!

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Mi costal de modales está roto. Es por eso que me faltan algunos buenos modales. Los malos son los últimos en caer.

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Me topé con un vagabundo y le pregunté por qué decidió vivir de esa manera... El harapiento hombre soltó una carcajada y respondió orgulloso:

-Hijo, la sociedad y el mundo son para mí una gran fiesta a la que nunca pude asistir. Y no te confundas, tenía boletos para la primera fila.

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El campo que estaba contemplando era realmente hermoso y me hacía sentir vivo, volvía a respirar... Revisé los bolsillos delanteros de mi pantalón, los tenía llenos. En los bolsillos traseros encontré lugar. No sé como lo hice, pero todo ese basto paisaje lo introduje en ellos y me lo llevé para la casa.

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Cuando tiraba de la cadena del baño les juro que podía oír a la cisterna interpretando “Paint in Black”...

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¡¿Paranoico?!... Ha!!!... Te digo que apenas estuve 15 minutos en la parada y vi al mismo autobús pasar dos veces. Los pasajeros intentaron engañarme, se mudaron de asientos y pusieron rostros desentendidos... ¡Ja-ja-ja!... Siempre fui más astuto que ellos.

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Esto es algo que me ocurrió en una de mis tantas caminatas.

Encontré a un viejo amigo y me saludó efusivamente. Sin pensarlo, le di un puñetazo y le rompí media cara... -¿Qué manera más extraña de saludar a un amigo es esa?- pensé y me alejé silbando.

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Las nubes parecían trozos de algodón suspendidos en el aire. Mi rostro seguía desencajado... Se convirtieron en humo de café y salían de una pequeña taza de porcelana blanca... La camarera trajo la cuenta, pagué y salí a la calle... Lloviznaba, observé los rostros de las personas y me dieron ganas de largarme a llorar.

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Ese auto por poco me atropella... Pensé que el conductor me había cedido el paso y yo se lo agradecí saludando con la mano. Cosas muy feas me gritó al pasar... Creo que a los conductores no les gusta que nos atravesemos en su camino y mucho menos que intentemos pasar por debajo de sus autos.

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El otro día trabajé más de 48 horas corridas. Mis compañeros muy asombrados preguntaron cómo podía hacer para aguantar tantos días sin parar, sin bañarme y sin volver a casa.

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Alguien se la pasaba eructando en el autobús. ¡¿Quién será ese el puerco?! –indagué... Mi enojo creció... Miré a mí alrededor, yo era el único pasajero… Comencé a reír como un desquiciado.

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Carlos era un vagabundo de 8:00 a 12:00... De 14:00 a 18:00 se desempeñaba como un prometedor mendigo y los fines de semana hacía de pastor en una pequeña capilla de su barrio.

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Enchufé la plancha y fui a dar unas cuantas vueltas por las habitaciones mientras esta tomaba temperatura. Sentí mucha hambre y me dirigí a la heladera. Cené algo, no recuerdo qué, luego me fui a dormir.

Los aullidos de las sirenas me despertaron, había mucho humo y el calor de la habitación era sofocante.

-¡Debe salir, el lugar se viene abajo! –gritó alguien.

-Pero todavía no he planchado –atiné a decir.
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Eran tiempos bastante acelerados y los hombres ya no usaban sillas puntos ni comas las ideas incoherentes nunca faltaban en las casas

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-Un poco más a la izquierda, no, más a la derecha, levántala un poco de tu lado... Volvamos a intentarlo de otra manera.
-Oye José, creo que el ataúd le queda muy pequeño a esta señora.

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-¡Presta atención!... Se siente tan bien asesinar personas, pero ya no lo haré... Ya sabes... El que dirán.

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-¡Cuándo pienses hacer algo productivo con tu vida, me avisas! –dijo mi padre con voz de mando... Luego cerró la puerta y el mundo se vino abajo.

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Paso todos los días por esos lugares: la cama, el baño, la nevera, la cocina, el escritorio, los libros, etc... Que alguien responda a mi agobiante duda:

¿Es tan inmenso el mundo, o simplemente lo complico todo?

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-¿Por qué escribes puros párrafos sueltos? ¿Estás imitando a algún escritor? –dijo el editor.

-No... Sucede que el tiempo corre muy aprisa y las ideas también –respondí indiferente.

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-Hace tiempo que no veo a un ser humano. Solo espectros que apagan sus despertadores, planchan con odio sus camisas, se esfuerzan por estar al día con sus cuentas, imitan cada vez mejor la risa y se deprimen si se acaba el enjuague...

-Tienes razón, pero... ¿Qué piensas hacer al respecto?

-Nada, simplemente me detendré a observarlos.

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El calor de aquella tarde se tornó infernal. Los ángeles caían derretidos como leche sobre el asfalto. Las bocinas de los autos desarrollaron su propio dialecto y así reñían: ¡Pííííííííp!: más aprisa, me estoy quemando vivo. ¡Pííípííí!: yo no la estoy pasando mejor aquí. ¡Pííííííípíííípííííííííí!: que alguien nos libre de esta maldita hoguera…

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-El mundo no fue creado para ti... El mundo no fue creado para ti... El mundo no fue creado para ti.

-¡Muy bien!... Repítelo todas las mañanas.


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Llévate todo lo que encuentres a tu paso, menos mis madrugadas.

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SPOT:

¡¡Señor!!... ¡¡Señora!!... En estas Fiestas deje de lado los obsequios convencionales y regale un “RUMOR”...

¡¡NO LO OLVIDES!!... REGALA UN RUMOR Y MANTENÉ INTRIGADOS A TUS SERES QUERIDOS...

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