-No dejes que te beba, no lo dejes -repetía
mientras se arrastraba por el piso tratando
de recuperar el control remoto de la TV de
la boca del perro, que, alegremente meneaba
la cola y gruñía como si desafiara a su adversario.
En la pantalla, un pingüino, un alce, una vaca,
un alce (si, veía dos alces) y una marmota
o lo que fuese esa cosa,
bailaban y cantaban algo sobre
lo divertido que era visitar la granja.
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