Sí, lo veo, un gigante de ojos encendidos y odio en llamas.
Soy tan pequeño ante él, me siento tan pequeño ante él.
Contengo la respiración, se que me oye. Me oculto, trato de activar mi instinto de supervivencia.
Así funciona esto. Ayer era intocable, hoy me derrumbo a pedazos como un juego de mesa que alguien lanzó contra la pared.
La suerte suena a un enemigo que siempre estuvo a tu lado y del cual aprendiste a burlarte.
-Uno, dos, tres- grita- y sentencia -ahora estás fuera de juego.
No hay puerta de escape, amigos, llaves, excusas, mañanas sin remordimientos -un: yo no fui-
Ahora es hora de tiritar...
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